'The Crown' impacta a los británicos al retratar la bulimia de Diana de Gales

Valeria Martínez
·7 min de lectura

Si algo deja claro la cuarta temporada de The Crown es que para contar el capítulo de Diana Spencer la serie no se andará con rodeos. Ni a la hora de retratar su ternura y naturalidad, ni tampoco su victimismo ante un príncipe Carlos enamorado de otra y una realidad que la propia Lady Di confesó en vida: la bulimia.

Y a muchos expertos de la realeza, así como televidentes británicos en general, no les ha gustado nada.

Emma Corrin como Diana de Gales en 'The Crown' (Des Willie, Netflix)
Emma Corrin como Diana de Gales en 'The Crown' (Des Willie, Netflix)

Netflix estrenó la nueva temporada el domingo 15 de noviembre y desde primera hora de la mañana la serie era trending topic. Y no es para menos. The Crown es una de las series estrella del gigante streaming y en esta ocasión vuelve con el episodio más esperado de todos en la historia de la familia real británica. El de Diana de Gales interpretada por una desconocida Emma Corrin que se roba el espectáculo con una interpretación cargada de sentimiento.

Como le pasó a muchos otros netflixeros, la curiosidad pudo conmigo y en cuestión de horas ya había devorado los primeros capítulos. Confieso que la vida de Lady Di siempre me generó cierta curiosidad. He visto la mayoría de sus entrevistas y documentales, y digamos que me dispuse a ver la nueva temporada más por impaciencia que por ser parte de mi trabajo. Y de momento -cuando aun me queda media temporada por terminar- estoy descubriendo una serie que ha sabido renovarse con la frescura que aporta la figura de Lady Di. Después de todo, la familia real sigue siendo la misma, con su mismo clasismo, misma dosis de frialdad y misma reclusión social, pero humanizados con el arte del drama.

El personaje cautiva desde el primer capítulo cuando protagoniza el primer encuentro entre ella y Carlos cuando era una adolescente, y desde ese momento contagia cierta impaciencia por verla de nuevo. Y no tenemos que esperar mucho, Diana aparece poco después y es en el tercer episodio, titulado Faitytale (Cuento de hadas), cuando pasa de ser un mero cameo para convertirse en protagonista. Ella, su soledad y la bulimia.

Tras un breve noviazgo de apenas un puñado de encuentros, el príncipe Carlos le propone matrimonio y Diana acepta con un “si, por favor”. En cuestión de minutos la serie retrata el frenesí mediático que recayó en la joven, a quien la familia real muda al palacio de Buckingham para “protegerla” de la prensa. Pero allí está sola, rodeada de cartas de admiradores, un teléfono y un televisor que la conectan al mundo exterior. Su sueño de cuento de hadas y amor eterno se pinchan prácticamente enseguida, y es tras comenzar a convivir con la presión mediática, la soledad de un palacio enorme y la ausencia de un prometido carente de gestos cariñosos, que comienzan las dudas. Un momento lleva a otro hasta que somos testigos de la primera escena de impacto: Diana devorando dulces de la nevera con placer y desesperación, para luego pasar a verla arrodillada en el retrete forzándose el vómito. El momento no es gráfico en imágenes, pero sí en sonido y longitud.

Imagen de 'The Crown' (Des Willie, Netflix)
Imagen de 'The Crown' (Des Willie, Netflix)

La escena se repite más tarde cuando accede a encontrarse con Camilla Parker Bowles, la ex de Carlos, para luego descubrir que él sigue enamorado de ella. Se llena de postres para repetir el momento en el baño y sentenciar, en tono de ficción dramática, la presencia de bulimia en su vida.

Pero semejante cuadro tan crudo y realista no ha gustado a los expertos en la monarquía británica, ni a muchos espectadores que aun recuerdan con cariño el legado de la princesa. Muchos televidentes optaron por volcar sus críticas en redes sociales tachando las escenas de “tristes”, “difíciles de ver” y “dolorosas”, mientras biógrafos especializados en la familia real señalan que hubieran preferido que las escenas se trataran con más sensibilidad.

Así lo asegura Ingrid Seward en declaraciones al Daily Mail. “Fue algo significativo en su juventud así que creo que necesitaba ser mostrado de algún modo. Habría estado perfectamente bien mostrarla arrodillada sobre el lavabo, pero no creo que hiciera falta tanto detalle. Creo que quizás se ha exagerado”. Por su parte, el exsecretario de prensa de la Reina, Dickie Arbiter, dijo que la serie no podía ignorar la bulimia de Diana pero pide a los espectadores que recuerden que “el guion es ficción, las palabras son ficción y algunas de las acciones son ficción”.

Y mientras usuarios de habla inglesa vuelcan sus críticas diciendo que “podrían haber eliminado las escenas del lavabo” o tachan a Netflix de recurrir al sensacionalismo, el resto del mundo parece opinar diferente con mensajes de empatía y comprensión. Y es que es probable que el público británico reaccione con mayor sensibilidad a las imágenes debido al respeto y legado que pervive alrededor de la figura de Diana.

Pero más allá de las críticas de aquellos que vieron las escenas con más sensibilidad, es importante recordar que la propia Diana confesó a su biógrafo Andrew Morton en 1991 que “la bulimia comenzó la semana que nos comprometimos”.

“Mi esposo puso su mano en mi cintura y me dijo algo como ‘Oh, ¿estamos un poquito más rellenitas por aquí?’ Y eso activó OFF algo en mí. Recuerdo la primera vez que me provoqué el vómito. Estaba tan emocionada”.

Tras haber visto las escenas en cuestión reconozco que impactan más porque se trata de una figura tan querida, que por lo que muestran en realidad. No son tan gráficas como lo son en otras series o películas que también retratan la bulimia. Es cierto que la vemos con los dedos en la boca pero en ningún momento la vemos gráficamente vomitando.

A mí parecer, creo que Netflix logró ser fiel a la historia al mismo tiempo que mantiene el respeto alrededor de la figura, sin caer en la exposición exagerada con la intención de provocar polémica. Creo que a diferencia de la falta de tacto que hubo con la idea del suicidio en Por trece razones, aquí muestran que aprendieron la lección y no solo colocan un mensaje de advertencia al inicio del episodio que contiene escenas que retratan la bulimia, sino que los productores trabajaron en conjunto con una asociación dedicada a los desórdenes alimenticios llamada BEAT que les ayudó a retratar la enfermedad con certeza y sensibilidad.

Además, la idea de ser lo más honestos posibles al mostrar la bulimia de Diana fue idea de la actriz. Ella pidió que lo incluyeran en los guiones. “Sentía que si estábamos intentando representar la bulimia de forma honesta, teníamos que mostrarla – de otra forma sería un perjuicio a cualquiera que ha pasado por esto” dijo a Radio Times.

Dejando las críticas a un lado, y al menos en mi humilde opinión, creo que las escenas que retratan la bulimia de Diana transmiten realidad, fidelidad y mucho tacto. Se trata de una enfermedad difícil de representar en imágenes y creo que Netflix lo hizo con respeto y cuidado, sin caer en el impacto gráfico. Que nos deje en shock creo que recae más en la imagen que el mundo mantiene de Diana de Gales como icono de nuestra historia moderna y como mujer dueña de un carisma especial, que por las escenas en sí mismas.

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