Un capricho de Hollywood evita que 'The Batman' alcance la perfección

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Tras múltiples retrasos por la pandemia, The Batman, la nueva película del caballero oscuro de Gotham protagonizada por Robert Pattinson, por fin ha llegado a los cines. Se retrata de una nueva visión del superhéroe bajo un enfoque de thriller policial, una película de tono oscuro, intenso y realista que a través de una estructura de investigación detectivesca nos introduce en una trama de corrupción de poder, tráfico de influencias y delincuencia con Enigma como el gran villano de la función.

Creo que se trata de algo nunca visto en las adaptaciones del personaje a la gran pantalla, tratándose más de un thriller en la línea de películas como Seven o Zodiac de David Fincher que de una película de superhéroes al uso. De ahí que piense que sea una de las mejores y más interesantes versiones de Batman que hemos tenido ocasión de ver. Además, su coqueteo con otros géneros como el terror, el gran trabajo atmosférico que se encuentra tras la dirección de Matt Reeves, la lóbrega fotografía de Greig Fraser, las intensas melodías de Michael Giacchino o la potencia que irradia Pattinson tras su Bruce Wayne, la hacen rozar casi la perfección.

Pero no. No es perfecta. The Batman comete un fallo mayúsculo que responde a un capricho al que se ha aferrado Hollywood en los últimos años y al que cada vez veo menos sentidos: su duración de 176 minutos.

Zöe Kravitz y Robert Pattinson en 'The Batman' (Foto: Jonathan Olley/DC Comics/Warner Bros)
Zöe Kravitz y Robert Pattinson en 'The Batman' (Foto: Jonathan Olley/DC Comics/Warner Bros)

Son casi tres horas de metraje las que dispone esta nueva película de Batman, que bate el récord de ser la adaptación cinematográfica más larga del personaje en solitario tras superar los 164 minutos de El caballo oscuro: La leyenda renace. Podría ser justificable en el caso de que la historia tuviera mucho que contar, muchas aristas en donde detenerse o secuencias de acción que merezcan ser alargadas para aumentar el grado de espectacularidad. Pero no es el caso.

El relato que propone The Batman es sencillo. Es una historia detectivesca de crimen y corrupción donde el hombre murciélago trata de detener a Enigma y sus juegos macabros, que en su intento de tomarse la justicia por su cuenta está creando el caos en Gotham City. Es un argumento que perfectamente se podría haber contado en hora y media, y alargado hasta las casi tres horas presenta unos problemas de ritmo considerables que a ratos se traducen en el aburrimiento y en la saturación.

He de reconocer que, aunque en términos generales adoré The Batman, su primer tramo se me hizo cuesta arriba. Su compás tan lento, el tiempo que se toma hasta ponernos en contexto y presentar a los personajes y la intensidad que respiraba su atmósfera, hizo que me fuera muy difícil de digerir en su primera media hora. Sentía que las escenas transcurrían a cámara lenta, que la película necesitaba mucho más dinamismo y que estaba lejos de ser el espectáculo de superhéroes que buscaba ver.

Por suerte, una vez introducida la trama, la cinta entra en materia y todos estos problemas desaparecen. Fue entonces cuando me sentí cautivado por este enfoque novedoso del personaje, por su tono de thriller policial, por lo genial y demencial que es el Enigma de Paul Dano, por la espectacularidad de sus secuencias de acción o por su fantástica fusión de una Gotham City realista con el universo de los cómics.

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Pero la sensación de que estaba viendo una película innecesariamente alargada volvió en la segunda mitad del metraje, cuando desde el tramo medio hasta el clímax final sentía que estaba pasando poco o nada en pantalla y que desde Warner deberían haberse planteado seriamente meter la tijera. Sin embargo, parece que actualmente todo blockbuster de gran presupuesto debe responder a esta estructura alargada, incluso aunque vaya en contra de lo que la película requiere.

Es la forma que tiene Hollywood de vender al espectador de que van a ver un gran evento, de que el precio de la entrada va a estar justificado por estas largas horas de metraje. Un capricho que busca potenciar la taquilla pese a que las producciones puedan salir perjudicadas porque el exceso de metraje no se adapta a su estructura. Y llevo teniendo esta sensación desde hace ya bastante tiempo. Incluso con películas que adoro y que no me importa pasar horas de más viendo metraje.

Por ejemplo, el pasado 2021 salí del cine encantado y emocionado tras ver Sin tiempo para morir, la última aventura de James Bond. Pero pensándolo en frío, a la película le sobra duración por todos lados de sus 163 minutos de metraje. Sin ir muy lejos, su prólogo era excesivo, casi media hora de introducción con diálogos alargados innecesariamente y una secuencia de acción que, por muy espectacular que fuera, se podría haber contado en mucho menos tiempo. E incluso podría haber sido mucho más intensa y dinámica. Puedo entender estas duraciones exageradas en películas como Eternals de Marvel, cuyo gran número de personajes, trama y contexto incluso requería más de sus 156 minutos para ser explicados en condiciones, pero no en el caso de historias como la de The Batman.

Siempre ha habido películas de duración extrema, y no hay más que mirar al Hollywood clásico donde ese empeño en crear un evento cinematográfico era aún mayor y las producciones habitualmente sobrepasaban las cuatro horas. Pero hay que saber cuándo es necesario y cuando no. Y creo que, visto lo que ocurre en The Batman, la industria debería pararse a hacer autocrítica y valorar si realmente merece la pena usar estas estructuras alargadas como reclamo comercial cuando llegan a entorpecer seriamente las películas. Y sinceramente, me dio bastante rabia que la gran experiencia que supone The Batman se viera afectada por esto, porque perfectamente podría haber sido una película de 10.

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