‘La vida de Brian’, el legado del fallecido Terry Jones censurado por blasfemo

Dos menos, quedan cuatro. Fueron las palabras publicadas por John Cleese tras conocer la noticia de la muerte de Terry Jones, uno de los seis integrantes de Monty Phyton. El director, actor, poeta y autor falleció a los 77 años el pasado martes 21 de febrero tras una larga batalla contra una rara forma de demencia, como explica el comunicado de su agente publicado por la BBC. Terry había sido diagnosticado en 2016 con afasia progresiva primaria que le impedía hablar y comunicarse con normalidad.

Terry Jones en el Festival de Cine de Sitges en 2015 (G3online_SFP, GTRES)

Nacido el 1 de febrero de 1942 en Galés, tuvo una carrera que se expandió a lo largo de 50 años dejando un legado inolvidable formado por sus divertidos personajes vestido de mujer, sus guiones para películas como Dentro del laberinto (1986), sus series documentales y libros, pero sobre todo por sus mayores clásicos junto al grupo cómico británico: Los caballeros de la mesa cuadrada (1974), La vida de Brian (1979) y El sentido de la vida (1983). La más recordada sin dudas es la parodia cristiana que tantas veces vimos en televisión durante Pascuas y Navidades. Y no solo por ser el director, sino también por su papel de Mandy, la madre de Brian, el hombre erróneamente identificado como el hijo de Dios.

La vida de Brian era el tercer largometraje de los Monty Python, estrenado hace poco más de cuatro décadas, tras pasar cinco años (1969-1974) en televisión con el programa de sketches Monty Python's Flying Circus. En aquella ocasión Jones tomaba las riendas por primera vez como director en solitario partiendo de un guion escrito en conjunto. La cinta contaba la historia de Brian Cohen (el difunto Graham Chapman), un joven judío que tiene la mala suerte de nacer el mismo día que Jesucristo –y en la casa de al lado–, siendo confundido con el Mesías. ¿El resultado? Una de las comedias de culto más icónicas e irreverentes que se hayan visto, llena de escenas inolvidables de humor absurdo e hilarante, y con una legión de fans que a día de hoy la siguen considerando como la película más citable de la historia del cine.

Pero esta sátira religiosa también fue –y sigue siendo– objeto de una tremenda controversia, tanto en su país de origen como en otros países donde fue estrenada a duras penas o con serias limitaciones. Pues aunque los integrantes de Monty Python ejerciesen previamente una importante censura interna en el tratamiento de los temas religiosos –como recuerda Richard Webster en su libro A Brief History of Blasphemy–, la producción generó fuerte ansiedad dentro y fuera del equipo desde su misma concepción, por miedo a las duras represalias que pudiera despertar y que serían inéditas para los Python, pese a haber abordado todo tipo de temas en sus sketches televisivos.

La vida de Brian, la hilarante y polémica sátira religiosa, cumple 40 años desde su estreno en 1979. (Imagen: © Cinema International Corporation / Orion Pictures–Warner Bros.)


Para empezar, la película solo obtuvo el certificado para su estreno general en 1979 después de haber realizado cortes en las escenas más supuestamente blasfemas (e incluso así, tanto la BBC como ITV se negaron a emitirla por miedo a ofender a los cristianos de Reino Unido). Gracias a los archivos del integrante de Python, Michael Palin, en la British Library, el Daily Mail ha podido constatar que estas escenas incluían a José tratando desesperadamente de explicar la Concepción y el Nacimiento viriginal a un grupo de amigos, otra en la que se describía al rey Herodes como “la peor niñera del mundo”, y hasta una en la que la cabeza cortada de Juan Bautista seguía hablando.

A pesar de ser escrupulosos a la hora de evitar las burlas directas a la figura de Jesús, los Python no se extrañaron demasiado ante las primeras reacciones hostiles a la cinta –aunque sí les sorprendió que estas pudiesen tener consecuencias legales de amplio alcance. Y es que tras su lanzamiento inicial en cines, numerosos ayuntamientos ingleses prohibieron su exhibición e incluso algunos de poblaciones que no tenían salas de cine, o como en Harrogate, cuyos representantes admitían no haber visto la película y basar su opinión en lo afirmado por el movimiento social cristiano Nationwide Festival of Light. Hasta 39 autoridades del Reino Unido prohibirían la película o le impondrían una calificación X –lo cual prevenía casi por completo su posible exhibición.

Pero la polémica inicial no se limitó al territorio británico. Y es que en realidad el estreno estadounidense de La vida de Brian precedió al británico, y en Nueva York grupos de rabinos y de monjas protestaron frente a las salas de cine por su exhibición. La cinta también fue prohibida durante ocho años en Irlanda y durante uno en Noruega. En Finlandia pudo estrenarse, aunque solo con un texto inicial explicando que se trataba de una parodia de las películas épicas de Hollywood.

Volviendo al Reino Unido, la activista social conservadora Mary Whitehouse y otros cristianos tradicionalistas distribuyeron panfletos y llevaron a cabo protestas en las salas locales que exhibían la película –una campaña que en última instancia pareció servir más de publicidad gratuita que de boicot-. Entre los pasquines que circularon por la época hubo algunos notables, como el que explicaba por qué los Reyes Magos no habrían acudido al pesebre equivocado, como hacen al comienzo de La vida de Brian...

Ahora bien, ninguna escena de la película resultó tan controvertida como la crucifixión final de Brian (con aquella mítica y pegadiza canción, “Always Look on the Bright Side of Life”). Muchos cristianos protestaron por considerarla una afrenta al sufrimiento de Jesús, convertido aquí en musical burlesco. Tampoco ayudó el hecho de que varios personajes asegurasen a lo largo de la película que la crucifixión en sí no estaba tan mal como parecía –como cuando Brian le pregunta a su compañero de celda qué le van a hacer, y él responde: “Oh, probablemente solo te caiga crucifixión”. El director Terry Jones respondió así a las críticas: “Cualquier religión que convierta una forma de tortura en un icono para adorar me parece bastante enfermiza, honestamente”. Por si acaso, los Python se encargaron de recordar por entonces que la crucifixión era una forma estándar de ejecución en la Antigüedad y que no se inventó para Jesucristo.

Y es que los Python tuvieron muchas explicaciones que dar por aquellos meses, como cuando Palin y John Cleese acudieron al debate de la BBC2 Friday Night, Saturday Morning para defender la película frente a algunos invitados que confesaban haber llegado 15 minutos tarde a la proyección –perdiéndose las escenas que muestran que Brian y Jesús son dos personajes diferentes y que por tanto las burlas no se dirigen al fundador del cristianismo. Haciendo gala de su notable educación y cultura –claramente superior a la de muchos de sus críticos–, los Python negaron desde el primer momento que su objetivo fuese destruir la fe del público. Admitiendo que la película es herética en tanto en cuanto parodia las prácticas de las religiones organizadas modernas (aunque Cleese se opuso al grupo rechazando el adjetivo “herético”), señalaron que no se burlaba de manera blasfema del Dios adorado por cristianos y judíos. Pues cuando Jesús aparece en la película (como en la escena del Sermón de la Montaña), es interpretado seria y respetuosamente por el actor Kenneth Colley, con música y luz que crean una verdadera aura mesiánica en torno a él. En efecto, la comedia solo comienza cuando la multitud asistente oye mal sus sentencias sobre la paz, el amor y la tolerancia –interpretándolas de forma absurda y alocada. Otras escenas posteriores dejan meridianamente claro que Jesús es un personaje distinto y separado de Brian, y que la película basa su premisa en un malentendido.

Todo esto podrían parecer meras anécdotas históricas, recuerdos de una época en la que el cine era examinado con lupa por los sectores más conservadores y puritanos de la sociedad y sus instituciones. Pero, por increíble que parezca, La vida de Brian siguió suscitando controversia en pleno siglo XXI. En febrero de 2007, la Iglesia de Santo Tomás Mártir de Newcastle upon Tyne (Reino Unido) ofreció una proyección pública dentro del propio templo, con todo tipo de decoraciones temáticas –incluyendo barbas falsas que se repartieron entre el público femenino. Y a pesar de agotar las entradas, grupos cristianos como Cristian Voice criticaron duramente la aprobación del evento –y su líder Stephen Green se enfrentó al reverendo Jonathan Adams, miembro de la mencionada iglesia, quien tuvo que defender su propio sentido del humor y el de sus fieles.

Más llamativas son algunas prohibiciones totales de exhibición que han proseguido en el nuevo milenio. En 2008, el ayuntamiento de Torbay permitió la proyección de la película solo después de que una votación online la solicitase, y la población galesa de Aberystwyth no levantó el veto a la cinta hasta 2009 (¡39 años de censura!), tras lo cual celebró una proyección a la que asistieron Terry Jones, Michael Palin y la alcaldesa Sue Jones-Davies –que, curiosamente, interpretó a Judith Iscariote en la película. También fuera de las fronteras británicas, en el estado federado alemán de Renania del Norte-Westfalia, se ha prohibido la exhibición de la película –concretamente durante una proyección prevista en Viernes Santo.

Con todo, el genial legado de la película se ha ido imponiendo, con el paso de las décadas, a las posturas más rígidas y censoras –yendo al paso de los tiempos y de la creciente tolerancia con respecto al humor sobre religión y la comedia en general. Siendo ya en su día un éxito de taquilla, La vida de Brian influyó decisivamente en varias generaciones de cómicos, y actualmente es frecuente verla incluida en las listas de las películas más graciosas o de las mejores comedias de todos los tiempos (a veces en el primer puesto). Afortunadamente, hoy la mayor parte de los cristianos la encuentran inocua cuando no simpática e incluso hilarante, y su base fan ya no está compuesta exclusivamente por ateos y agnósticos –sino que también incluye creyentes y practicantes con sentido del humor. A pesar de ello, las voces condenatorias no se han extinguido del todo y posiblemente nunca lo hagan –pero eso es parte del chiste: ¡no hay Mesías sin perseguidores!

Terry Jones es el primer integrante de los Monty Python que nos deja desde la muerte de Graham Chapman en 1989. John Cleese (80), Terry Gilliam (79), Eric Idle (76) y Michael Palin (76) son los cuatro que quedan con vida.

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