‘Territorio Lovecraft’ de HBO es la serie más oportuna del universo streaming

Pedro J. García
·8 min de lectura

Abróchense los cinturones y prepárense para lo inesperado, porque están entrando en Territorio Lovecraft, donde todo es posible y nada es lo que parece. La nueva serie fantástica de HBO llega a última hora dispuesta a convertirse en la revelación televisiva de la temporada, incluso puede que del año. Con un primer episodio que ha causado furor, los que ya la han visto no pueden dejar de hablar de ella.

Este viaje por la América profunda en el que las míticas criaturas de H.P. Lovecraft se unen a los monstruos del racismo no solo es (por desgracia) una serie de actualidad, sino también un sueño hecho realidad para los fans de la fantasía y el terror clásico, a lo que se añade el toque transgresor de HBO y una puesta en escena magnífica. A continuación expongo los motivos por los que nadie debería perderse este viaje alucinante.

'Territorio Lovecraft' (HBO España)
'Territorio Lovecraft' (HBO España)

Territorio Lovecraft es la nueva apuesta de HBO por el género fantástico después del fenómeno Juego de Tronos o la aclamada miniserie Watchmen. La serie está basada en la novela homónima de Matt Ruff publicada en 2016 y su primera temporada consta de 10 episodios en los que la audiencia se adentrará en un universo plagado de amenazas sobrenaturales, en el que, sin embargo, el terror más escalofriante proviene del odio y el racismo.

Tras las cámaras nos encontramos a un equipo de primera. El proyecto está creado por Misha Green (Hijos de la Anarquía, Helix) y cuenta con dos grandes nombres en la producción ejecutiva: el incombustible J.J. Abrams, fabricante de éxitos responsable entre muchas otras cosas de la serie Perdidos, la saga Cloverfield y dos de las últimas películas de Star Wars, y Jordan Peele, uno de los creadores más solicitados e interesantes del momento gracias a las sátiras de terror Déjame salir y Nosotros, con las que ya abordaba el tema del racismo y la representación desde la perspectiva fantástica. Ambos son dos de las cabezas visibles del género en Estados Unidos y aquí funcionan como garantía de originalidad.

La historia sigue al joven Atticus Freeman (Jonathan Majors), quien emprende un viaje en carretera junto a su amiga de la infancia, Letitia (Jurnee Smollett-Bell), y su tío George (Courtney B. Vance) en busca de su padre (Michael Kenneth Williams, el mítico Omar Little de The Wire), que desapareció tratando de resolver un misterio. El grupo recorrerá la América de los 50, condicionada por las leyes Jim Crow, que propugnaban la segregación racial en Estados Unidos discriminando a los afroamericanos y cualquiera que no fuera blanco. El camino se convertirá para ellos en una odisea llena de pruebas y peligros en la que deberán sobrevivir a monstruos literales y sociales.

Cortesía HBO
Cortesía HBO

Simplificando un poco, Territorio Lovecraft sería algo así como una fusión entre True Blood y Watchmen, ambas de HBO. Por un lado tenemos un aspecto abiertamente fantástico y una voluntad muy clara de provocar y divertir, mientras que por otro, la serie utiliza el pretexto de la ciencia ficción y el terror para abordar asuntos raciales (algo que Peele suele hacer en sus obras, incluido su reciente reboot de La dimensión desconocida) que, a pesar de transcurrir el relato en los 50, están tristemente de actualidad después de las revueltas en Estados Unidos y el impulso del movimiento Black Lives Matter tras el asesinato de George Floyd el pasado mes de mayo. Aunque la serie lleva en desarrollo desde mucho antes, parece existir en respuesta y apoyo a este levantamiento sociocultural, lo que no hace sino indicar que el problema que retrata ha existido siempre y que señalarlo sigue siendo necesario.

La carta de presentación de Territorio Lovecraft es inmejorable. La serie te atrapa desde el primer momento con un cóctel de ingredientes irresistible. Estamos ante el que es sin duda uno de los mejores episodios piloto que hemos visto en muchos años, lo que no debería sorprender a nadie contando con Abrams, quien nos ha dado algunos de los mejores primeros capítulos de la historia (Alias, Perdidos). La serie comienza por todo lo alto con una espectacular escena onírica que parece salida de una película de ciencia ficción de los 50 actualizada con la última tecnología en efectos visuales. Los monstruos de Lovecraft, incluido el mítico Cthulhu, hacen acto de presencia en un explosivo prólogo que indica que estamos ante una ficción que va a ir a por todas.

Y eso es exactamente lo que hace en la siguiente hora, donde despliega todo su arsenal. Si bien se le puede achacar una tendencia a avanzar excesivamente rápido y querer encajar demasiadas cosas en un solo episodio (algo que suelen ocurrir a menudo), el piloto de Territorio Lovecraft es un claro ejemplo de cómo enganchar a la audiencia.

Personajes atractivos, una trama central sugerente y una factura impecable. La serie entra por todos los sentidos. La recreación de la Norteamérica de los 50 es exquisita e incluye homenajes a algunas de las fotografías más icónicas de aquella época que documentan el racismo imperante en la sociedad. La fotografía, el vestuario, la música y los efectos digitales crean un conjunto redondo en el que los actores brillan con sus interpretaciones -Smollett es todo carisma y talento como “Letitia ‘Fucking’ Lewis”, mientras que Majors rebosa fuerza y vulnerabilidad a la vez. Pero lo que termina por cautivar es su manera de abordar la fantasía y el terror, de frente y sin remilgos, con una intensa, sangrienta y violenta recta final reminiscente de Posesión infernal en la que pone toda la carne en el asador y nos deja con ganas de más.

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Porque ese es el efecto principal que deja el primer episodio de Territorio Lovecraft, la necesidad de conocer mejor a sus personajes, de adentrarse más a fondo en ese enigmático e inquietante universo, de descubrir más detalles sobre el misterio que recorrerá la serie. Pero ese quizá también sea su talón de Aquiles. Y es que cuando se empieza tan por lo alto, es difícil mantenerse ahí arriba e inevitable acabar bajando el nivel. Y eso es justamente lo que le pasa a la serie en los siguientes episodios, que aun siendo divertidos y estar igualmente llenos de momentos impactantes y memorables, no llegan a estar a la altura del primero. A partir del segundo, la historia se vuelve más episódica y frena la acción después de pisar el acelerador tan a fondo en el primero, lo que puede aumentar la confusión sobre hacia dónde se quiere dirigir la serie.

Claro que por ahora es fácil perdonárselo, ya que a cambio nos ofrece una de las experiencias televisivas más locas, intrigantes y estimulantes del año. En un momento de calma del piloto, el protagonista, Atticus, dice lo siguiente: “Las historias son como las personas. Amarlas no las hace perfectas. Simplemente intentas apreciarlas, pasas por alto sus defectos”. Y eso, en el fondo, es lo que nos está pidiendo la serie. No pensar demasiado, dejarse llevar y apreciarla por lo que es, con sus defectos y sus virtudes.

Ante todo y aunque suene trillado, Territorio Lovecraft es una carta de amor a la ciencia ficción, la fantasía, el Southern Gothic y las novelas pulp, un derroche de imaginación que no se pone cortapisas y abraza por completo el exceso, como ya hicieron antes las mencionadas True Blood y Watchmen. Todo sin perder de vista su objetivo de denuncia social, mostrando la injusticia, discriminación y brutalidad policial contra las personas afroamericanas perteneciente a un pasado que no está tan lejano como parece y que tiende a repetirse.

Desde el primer momento, los monstruos de Lovecraft hacen acto de presencia y siembran el caos, pero lo que la serie se propone es precisamente hacernos ver que estos demonios no son nada comparados con el horror real del racismo. Así, mucho más escalofriante que cualquier ataque de un demonio es el paso del trío protagonista por lo que se conoce como un Sundown Town, localidades íntegramente blancas que practicaban una forma más violenta de discriminación contra los afroamericanos, quienes debían abandonar el pueblo antes de la puesta del sol o atenerse a las consecuencias.

La intensidad de estas escenas viene reforzada por el hecho de que están basadas en la realidad (aunque cueste creerlo), mientras que la parte fantástica es solo eso, fantasía. Esto es lo que hace que Territorio Lovecraft sea tan efectiva como alegato anti-racismo a la vez que brilla como serie de ciencia ficción, haciéndonos disfrutar del espectáculo mientras nos invita a reflexionar sobre si las cosas han cambiado tanto como creemos.

A pesar de decaer un tanto después de su potente arranque, la serie no escatima en monstruos, sangre, misterios y emociones fuertes en su primera temporada. Uno de sus mayores aciertos es la forma en la que fusiona los géneros y reformula los tópicos para darnos algo diferente, un trabajo serio en su trasfondo de reivindicación social y concienciación sobre el racismo, pero también con muchas ganas de divertirse y divertirnos.

Original, atrevida, provocadora, sorprendente, escalofriante… Territorio Lovecraft se puede describir con todos estos calificativos, pero lo más importante es que nunca es una sola cosa. Su inquietud y tendencia a mutar y jugar con las expectativas no siempre da los mejores resultados, pero compone una serie profundamente excitante a cada giro de volante que da. Estamos deseando seguir explorando este extraño universo que promete convertirse en la serie del verano y quizá la gran serie de 2020 que no esperábamos.

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