Como no haya temporada 3 de 'Big Little Lies' voy yo a la policía

Por Gonzalo Cordero
Photo credit: HBO

From Esquire

Sin rodeos, la respuesta al titular: porque Big Little Lies es la mejor serie de personajes de la década. Sin distopías retrofuturistas, sin catástrofes mundiales, sin épica medieval. Solo un puñado de personajes tridimensionales, magistralmente escritos y deliciosamente interpretados, en una historia coherente, verosímil y con alma. Y lo bueno de las series de personajes es que tienen la capacidad de crecer a lo largo de varias temporadas (pienso en Sexo en Nueva York, en Californication, en Girls, en The Good Wife…), y de hecho suelen alcanzar su cénit allá por la tercera o la cuarta, cuando se produce una conexión completa con el espectador.

Con Big Little Lies ha sucedido un fenómeno curioso, porque en principio estaba planteada como una serie cerrada, como lo era la novela de Liane Moriarty en que se basa. De hecho compitió (y arrasó) en los Emmy en la categoría de miniserie, pero que haya baile de categorías en los premios ya es un cachondeo habitual. ¿Podría haber acabado en la primera temporada? Perfectamente, incluso en su momento parecía la mejor idea porque la historia inicial estaba finiquitada y el peligro de estirar las tramas sin demasiado sentido se respiraba en el ambiente. ¿Podría ser el final de segunda temporada el cierre definitivo? Pues también, porque el nuevo arco argumental, con el concepto de maternidad como eje principal, se remata de forma brillante. Pero queremos más.

La proyección de futuro de Big Little Lies se sustenta justo ahí, en la capacidad de abordar grandes conflictos del siglo XXI (el feminismo desde un punto de vista nada doctrinario, el encaje del rol de madre con las otras mil facetas que puede desarrollar una mujer, la violencia machista como plaga global con raíces profundas y ramificaciones tortuosas…) y filtrarlos a través de sus protagonistas. En ese sentido, hay muchos asuntos de enorme interés que podrían redimensionarse en manos de Nicole Kidman y compañía. Ella, como líder de esta producción junto a Reese Witherspoon, David E. Kelley (uno de los mejores showrunners de la historia de la televisión) y la propia Liane Moriarty, ha sido la primera en pedir que se haga una tercera temporada en una entrevista en Daily Telegraph:

"Nos haría mucha ilusión poder hacer una tercera temporada. Desde luego, ideas y tramas no nos faltan. También pienso que no lo haríamos sin toda esa gente que nos ha acompañado en las dos temporadas anteriores, incluidos los niños. Me encanta la idea de participar en la única producción de televisión liderada por seis mujeres, y que además ha disfrutado de una gran acogida entre el público".

Vale, parece que los deseos de Kidman y el resto del equipo están alineados con los de los espectadores… Pero, y ahora toca el jarro de agua fría, desde HBO lo ven muy improbable por la dificultad de volver a reunir a algunas de las actrices más reclamadas. Son palabras de Casey Bloys, jefe de programación de HBO:

"Amo a este grupo de personas, esa es la verdad, y haría cualquier cosa con ellas. Pero la realidad es que estamos hablando de algunas de las mujeres más atareadas de Hollywood. Tenemos otros acuerdos con ellas por separado, y no es realista pensar que podremos reunirlas de nuevo. Mira, si mañana todas me dijeran que han resuelto el problema de sus agendas, entonces tendríamos vía libre, pero dudo que eso vaya a ocurrir".

Hay algo en esta divergencia de puntos de vista que suena como a negociación de gobierno entre partidos políticos. ¿Cuánto hay de farol y cuánto de pulso probablemente económico? Porque no se nos ocurre un proyecto que pueda dar más prestigio y más relevancia mediática ni a las cinco actrices ni a la propia HBO. Por si les queda alguna duda a unas o a otros, vamos a soltar algunas ideas de por dónde podría ir esa tercera temporada si finalmente ve la luz…

…Y ya avisamos que, como no sea así, vamos a ser nosotros quienes nos plantemos en comisaría para confesar un crimen contra HBO. Sí, a partir de aquí hay spoilers a saco del final de la segunda temporada.

Celeste (Nicole Kidman)

Photo credit: HBO

La capacidad de Celeste para ser madre ha sido la trama principal de la segunda temporada, con un clímax brutal en el juicio por la custodia de sus hijos. Nunca se había visto en televisión un retrato de una mujer maltratada tan complejo y políticamente incorrecto, ya que se bucea en plan kamikaze en las conexiones del dolor y del deseo, la devoción por el verdugo, la descomposición moral, el instinto autodestructivo paralelo al de protección de los hijos. La segunda temporada termina con la ruptura de ese vínculo enfermizo con su maltratador de una forma hasta romántica, y también con la reafirmación de que, por muchos errores que haya cometido, puede y debe seguir ejerciendo de madre.

¿Qué le puede pasar en la tercera temporada? Nos encantaría ver cómo sería para Celeste enfrentarse a una nueva relación de pareja más allá de los amantes de una noche, cómo construye nuevos puentes después de haber volado los que unían la a Perry. Y que retome su carrera de abogada: ¿y si defiende ella a las cinco de Monterrey una vez que han confesado en comisaría qué pasó realmente la noche que murió su marido? Porque esa trama policial sigue completamente abierta…

Madeline (Reese Witherspoon)

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Madeline es el corazón de Big Little Lies en el sentido de que marca ese tono maravilloso entre el drama serio, el culebrón deluxe y hasta la comedia romántica. La segunda temporada ha sido para ella la madurar como esposa, como madre y como amiga, hasta encajar en proyectos de vida más sólidos en esas tres vertientes, reboda incluida.

¿Qué le puede pasar en la tercera temporada? Hubo un punto muy interesante en que, a través de su hija mayor, descubrimos el complejo de inferioridad que sufre Madeline por no haber ido a la universidad y no haberse desarrollado laboralmente. Sería un buen momento para atacar por ahí y ver cómo se desenvuelve, y hasta qué punto puede mantener la estructura vital que acaba de apuntalar si entran en juego nuevos terremotos. ¿Te la imaginas yendo a clase con su carpeta rosa y rodeada de maromos de veinte años?

Bonnie (Zoë Kravitz)

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El personaje de Zoë Kravitz es el mejor ejemplo del potencial que tiene Big Little Lies para crecer, porque estamos seguros que ni la escritora de la novela ni el propio David E. Kelley como guionista se imaginaban un cambio tan inesperado como sólido entre la primera y la segunda temporada. En los últimos capítulos se redimensionó por completo su actuación en la muerte de Perry: no fue un empujón para defender a una conocida, sino la explosión de una lucha interna basada en su relación casi suicida con una madre imposible y en su frustración como esposa. La ruptura de su matrimonio es tan cruda como coherente, lo mismo que la (supuesta) confesión de la última escena.

¿Qué le puede pasar en la tercera temporada? Podría estar acusada de homicidio, hasta podríamos verla en la cárcel… Pero, en realidad, Bonnie es como un libro en blanco después de haber soltado todo su lastre emocional. Por primera vez puede ser dueña de su vida y las posibilidades ante esa perspectiva son infinitas.

Jane (Shailene Woodley)

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Quizá ha sido el personaje más desdibujado en la segunda temporada, ya que se centra demasiado en la sanación de la herida que Perry le provocó y no se ha profundizado tanto en su relación, por ejemplo, con la familia de su violador, que podría haber dado para mucho. Lo mejor, sus diálogos madre-hijo con Ziggy… ¿Se puede ser mejor actor que el pequeño Iain Armitage?

¿Qué le puede pasar en la tercera temporada? En su caso hace falta un conflicto potente para reanimar al personaje desde una perspectiva diferente. ¿Qué tal un embarazo, deseado en esta ocasión? Sería muy bonito ver cómo se profundiza en ese proceso en una serie protagonizada por madres.

Renata (Laura Dern)

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Renata nos ha regalado escenas gloriosas en las que pataleaba (literalmente) contra la idea de dejar de ser rica. Vimos que era capaz de agarrarse al clavo ardiente de su matrimonio con tal de no verse totalmente sola, pero al final revienta y rompe con su marido defraudador, infiel e infantiloide.

¿Qué le puede pasar en la tercera temporada? De primeras parece la trama más clara: le toca afrontar una vida sin privilegios en la que tenga que ganarse la vida por sus propios medios. Y, sobre todo, deberá empezar una relación con su hija que no se base en todas las cosas que le puede dar. Morimos por ver a Renata trabajando de camarera y con apuros para llegar a fin de mes. Podría crear un nuevo imperio desde cero… O podría encontrar la felicidad en una vida más sencilla, quién sabe.

Mary Louise (Meryl Streep)

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Mary Louise ha funcionado como catalizador de los conflictos de la segunda temporada, con una capacidad fabulosa de llevar al límite a todo el mundo desde ese tono aparentemente apocado pero saturado de bilis por los traumas que se desvelan en el juicio final. En la última escena vemos que se aleja de Monterrey con su vida hecha pedazos: sus dos hijos han muerto y su nuera ha expuesto su miseria vital ante todo el mundo.

¿Qué le puede pasar en la tercera temporada? Esa escena final apunta a que el personaje ya ha cerrado su arco y no lo volveremos a ver. Sería lo lógico porque ya ha jugado todos sus órdagos… Pero su fuerza en pantalla, sobre todo por la reacción magnética que creaba en el resto de protagonistas, es un deleite tal que no nos importaría cualquier excusa para traerla de nuevo Monterrey. ¿Y si secuestra a los niños en plan pirada total? Se me hace la boca agua… Si no es así, nos ponemos a sus pies, como hizo Nicole Kidman el último día de rodaje.

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Y así, de rodillas, suplicamos a todo el equipo que haga lo necesario para volverse a reunir. Para que se cierre la trama policial, para que se profundice en la amistad entre mujeres (¿qué quiere decir Celeste con la frase "la amistad es la verdadera mentira" del último capítulo?) y para que se abran nuevos conflictos. ¡Tercera temporada sí o sí!