El telescopio Webb muestra Neptuno como jamás lo habías visto

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Photo credit: Space Telescope Science Institute Office of Public Outreach
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El telescopio espacial James Webb es nuestra mejor baza para mirar al espacio. El cacharro, gestionado conjuntamente por la NASA y las agencias espaciales europea y canadiense, ya asombró al mundo el pasado julio con un exclusivo vistazo a las galaxias más antiguas y lejanas del universo y, ahora que han pasado unos meses desde aquellas impresionantes primeras imágenes del Webb, el telescopio ha vuelto a romper las redes. Esta vez no lo ha hecho con una fotografía de un astro desconocido o de las profundidades del universo, sino observando algo más familiar: el planeta Neptuno, pero retratado como jamás lo habías visto.

Neptuno ha fascinado a la raza humana desde su descubrimiento en 1846. Se encuentra treinta veces más lejos del Sol que la Tierra y su órbita, que tiene una duración total de 164 años, se produce en la región más remota y oscura del sistema solar. Para que te hagas una idea, el mediodía más brillante de Neptuno tiene más o menos la luminosidad de un crepúsculo sombrío en nuestro planeta. Desde las últimas décadas del siglo pasado, varios sistemas de observación espacial han posado sus lentes antes sobre el cuerpo celeste. El último en hacerlo ha sido el Webb, ofreciendo una vista inédita de Neptuno.

Photo credit: NASA
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No habíamos tenido una imagen tan clara e impactante del gigante helado desde que el Voyager 2 lo observara por primera vez en pleno vuelo, al pasar junto al planeta en 1989. La imagen que ves justo encima de este párrafo es la que tomó entonces el artefacto. Las diferencias son evidentes: en la foto del Voyager (y en las que tomó algunos años después el telescopio Hubble), Neptuno aparece como una esfera de color azul debido a su composición química, más rica en elementos pesados que la de los gigantes gaseosos Júpiter y Saturno. ¿Por qué no es del mismo color en estas otras imágenes, entonces? Pues porque el telescopio Webb está equipado con una cámara capaz de detectar las frecuencias cercanas al espectro infrarrojo. El gas metano existente en Neptuno absorbe en gran medida la luz roja e infrarroja, lo que hace que una lente como la del Webb perciba el planeta en tonos tan oscuros. Solo las nubes en las que el metano se encuentra congelado devuelven la radiación, creando esas vetas brillantes que ves sobre la superficie de Neptuno en las últimas fotos del telescopio.

Photo credit: Space Telescope Science Institute Office of Public Outreach
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La del Webb es también la imagen más clara que recibimos de los anillos de Neptuno en más de treinta años. Desde la vista tomada por el Voyager, no habíamos podido echarle el ojo a un retrato con tanta calidad de los tenues y polvorientos anillos que rodean el planeta congelado, detectados con una apariencia inédita por esa misma cámara apta para frecuencias casi infrarrojas. Otra cosa que hace fascinantes las imágenes del telescopio es la captura de hasta siete de las catorce lunas conocidas de Neptuno: Galatea, Náyade, Talasa, Despina, Proteo, Larisa y Tritón. Esta última es la que domina la panorámica del planeta y sus satélites en la foto que hay justo sobre este párrafo. Aunque pueda parecerlo por su brillo, Tritón no es una estrella. Lo que pasa es que está cubierta de nitrógeno condensado, que refleja hasta un 70% de la luz solar que recibe. De ahí ese destello emitido por la luna, mucho mayor que el de las otras seis. Si te has quedado con ganas de saber más, puedes estar tranquilo: el plan de las agencias espaciales es continuar estudiando tanto Neptuno como Tritón desde el Webb durante el año que viene.