Los estragos del coronavirus hacen que 'Supervivientes 2020' tenga la final más atípica de su historia

Teresa Aranguez
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Lo que vimos este jueves en la penúltima gala de Supervivientes 2020 parecía sacado de una novela de realismo mágico más que otra cosa. Nada era normal, ni los reencuentros familiares, ni la estructura del programa, ni mucho menos las pruebas. Las consecuencias de esta pandemia se han dejado notar en el formato del reality de Telecinco que, todo sea dicho, ha sabido darle muy bien la vuelta a la tortilla para ofrecernos una, por ahora, semifinal a la altura en un marco de todo menos fácil. A pesar de los inconvenientes, todos los implicados en esta aventura, equipo y concursantes, han entendido que esto es lo que hay, se han reinventado y han seguido a rajatabla las medidas para, dentro de sus posibilidades, cumplir aquello de ‘el show debe continuar’.

Finalistas de Supervivientes 2020 (Twitter/@Supervivientes)
Finalistas de Supervivientes 2020 (Twitter/@Supervivientes)

Y vaya si continuó. Para empezar y por primera vez en la historia de Supervivientes la final se alarga con los concursantes ya en Madrid. Cuando todos pensábamos que en la pasada gala del jueves y tras su llegada a la capital española viviríamos una final de lo más emocionante, resulta que no. Los cuatro finalistas Hugo Sierra, Ana María Aldón, Rocío Flores y Jorge Perez (que ganó a Barranco en la eliminación), tendrán que pasar una semana más en el complejo La Cigüeña. Esta localización ha tenido que ser adaptada en cuanto a decoración y para ello se ha inspirado en los Cayos Cochinos con el fin de darle un toque parecido a sus rincones. Algo bastante complicado, la verdad. Una vez instalados y después de un recibimiento de lo más atropellado en el aeropuerto, tuvieron que hacerse las pruebas para confirmar que no habían tenido contacto con el virus.

Allí llevan ya unos días. Habitan en bungalows con camas y todas las necesidades, no les falta de nada, vamos, una especie de resort pero sin playa. Comen, beben, visten sus ropas y habitan a sus anchas sin pasarlo tan mal en el caso de que hubiesen continuado en la isla donde no habrían tenido ninguna de estas comodidades. Una vez en Madrid era absurdo pues, evidentemente, ni podían pescar ni coger cocos ni almendras para alimentarse. Así que ahí les tenemos, una semana más dándose la vida padre en un espacio de lujo donde seguramente recuperen todos los kilos perdidos estos más de tres meses en la vida salvaje. De hecho a Barranco ya se le notaba que había ganado peso en la pasada gala, sus piernas más robustas y carita de pan denotaban que estos días en Madrid y con el estómago lleno todo había vuelto a su ser.

¿Desde cuando un superviviente está más rellenito en la recta final del concurso? Surrealista todo. Pero aún hay más. Para ver la gala final tendremos que esperar a la próxima semana, así que este se convierte en la edición de SV más larga de su historia. Porque todavía queda.

Si Jordi González y Carlos Sobera se despidieron el pasado domingo en Conexión Honduras y el martes en Límite 48 horas ¿con qué nos van a salir ahora? Pues no os preocupéis, todo está bajo control. Telecinco, que se las sabe todas, ha inventado un programa nuevo este domingo presentado por Sonsoles Ónega donde se reunirán los concursantes, debatirán sus peripecias, harán balance de su paso por la isla y se rendirán cuentas. Una especie de debate improvisado que promete dar mucho contenido cañero y contar, al menos eso esperamos, con casi todo el plantel de participantes.

Y es que, si os habéis fijado, de momento no hemos visto ni rastro de José Antonio Avilés e Ivana en Mediaset. Ellos cumplen a rajatabla el tiempo estipulado para poder hacerlo. En tiempos de normalidad, ya hubieran pisado el plató y estarían dando guerra y debatiendo con todos sobre lo ocurrido. Pero no, ni siquiera en la gala de esta inventada semifinal madrileña han podido estar dos de los protagonistas estrella del concurso. Todo es un poco lioso, los encuentros se acumulan, pero no les queda de otra que hacerlo así para cumplir las medidas reglamentarias y requisitos de salud establecidos.

Hablando de encuentros, el de los concursantes con sus familiares fue de traca. Y decimos esta palabra por no citar otro adjetivo menos bonito, triste. El programa trajo de Estados Unidos ese panel con brazos de plástico para que al menos pudieran abrazar a sus familiares a través de ese muro de plástico. Todo muy de película de ciencia ficción. Era un sentimiento agridulce donde se mezclaba la alegría de verse con lo desolador de la situación. El no poder abrazar y besar como Dios manda a los suyos generó una emoción aún más grande en los participantes que, aunque ya estaban informados de todo lo ocurrido, se dieron aún más cuenta de la gravedad de todo lo que se ha vivido entorno a este virus. Fueron unas escenas tragicómicas que ya forman parte de la historia de la televisión.

Así, desde ese rinconcito de Madrid ambientado en Honduras, hicieron pruebas de recompensa y de líder diferentes que pudieran adaptarse al lugar, todas nuevas y muy alejadas de lo que hubiéramos visto en los Cayos. No les queda de otra. Ahora pasan su cuarentena antes de la gran final en ese lugar de ensueño donde tendrán tiempo para reflexionar sobre todo lo vivido y lo que les espera, sin tormentas ni insectos de por medio despistándoles. Todavía no sabemos si llegarán a Mediaset en helicóptero como se hace cada año, eso es un misterio, lo que sí ocurrió es que tuvieron su propio avión para su regreso a España. En la pasada gala nos mostraron cómo fue ese vuelo VIP donde por fin comieron a gusto del consumidor, escucharon música y vieron películas.

Una final totalmente atípica que se alarga una semana más y que convierte esta edición de Supervivientes en la historia interminable. Empezó el 20 de febrero y no acabará hasta primeros de junio, tres meses y medio de programa que serán difíciles de olvidar. Dentro de todo lo malo siempre hay algo bueno que sacar. La televisión es un formato vivo que ha demostrado ser capaz de amoldarse a las curvas sin apagar el motor. Es precisamente ese motor el que les ha empujado a darlo todo y ofrecernos lo mejor para no defraudar a la audiencia que, en tiempos convulsos, ha agradecido el gesto estando fielmente cada semana frente al televisor. La aventura todavía no ha terminado, aunque no han soltado prenda del día exacto de emisión, la gala final de la próxima semana promete ser otra cajita de sorpresas y emociones que no nos vamos a perder por nada del mundo.

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Imagen: Twitter/Supervivientes