La liberación de Ana María Aldón enseña su verdadera personalidad en 'Supervivientes 2020'

Eso de que lo que mal empieza mal acaba no aplica en absoluto a Ana María Aldón. Aunque su concurso en Supervivientes 2020 arrancó un poco torcido, la mujer de Ortega Cano ha cogido al toro por los cuernos, nunca mejor dicho, y este jueves ha sido la protagonista indiscutible de una gala apasionante. Echábamos de menos tantas risas desde hace tiempo. Y la gran culpable de tanto cachondeo ha sido ella. Y no solo porque decidió raparse la cabeza a cambio de tres cocidos sino por la gracia andaluza que por fin está sacando más allá de la preocupación del qué dirán fuera.

Ana María no salía de una y ya estaba metida en otra. Pedos, ronquidos, sexo y escenas eróticas son tan solo un pequeño aperitivo de todo lo que dio de sí la concursante en la gala 12 del reality.

Ana María Aldón en 'Supervivientes' (Twitter/@Supevivientes)

Quién iba a decir esto de ella hace casi meses. Entró algo obsesionada con hacer su concurso y no mezclarse demasiado con Rocío Flores. No quería pringarse y la dejaba sola en sus duras peleas con Yiya. Ni siquiera los ataques de la joven de la peluca le removieron por dentro para ponerla en su sitio y dar un abrazo a la hija de Antonio David. Esa actitud fría de ‘yo he venido aquí a hablar de mi libro’ le pasó factura y le restó humanidad y fuerza como concursante. Tal fue la decepción que hasta su defensora, Gloria Camila, y su marido, Ortega Cano, se pronunciaron públicamente asegurando que no entendían ni apoyaban esta manera de salirse por la tangente.

Esa es la belleza de SV y de cualquier otro reality. Lo que hoy es blanco mañana es azabache, y viceversa. Ana María es el claro ejemplo de cómo un concurso que ni fu ni fa se ha enderezado; en las últimas semanas ha sabido tomar las riendas y sacar a esa persona divertida, juguetona y salerosa que lleva dentro. Al inicio nos dio alguna pista con su cante y baile al lado de José Antonio Pavón pero los últimos días, y concretamente esta última gala, ha sido de traca. Para empezar, y con ese acento andaluz que tiene una gracia que no se puede aguantar, Ana María se sentó en la silla donde iba a despedirse de su larga melena. Ella aceptó cambiarla por tres ricas ‘pringás’ así que era hora de cumplir el trato. Al sentarse no dudó en imitar a la mismísima Sharon Stone y su sexy apertura de piernas en la película Instinto básico, con la diferencia de que en este caso sí había ropa interior. ¡Tranquilo maestro!

La imagen, los pelos y el estilismo no daban para mucho pero ella lo intentó y arrancó las carcajadas de sus compañeros y espectadores. ¿Cómo no hacerlo? La primera en en cortarle un mechón fue Ivana, a quien Ana María quiso advertirle algo. “¡Ivana, no pagues la rabia de Hugo conmigo!”, le suplicó. Y es que la argentina acababa de tener una nueva pelotera en directo con su ex y llevaba con ganas de cortar por lo sano. El resto de sus compañeros se sumarían a la faena y ella, entre cambio y cambio de tijeras, seguía imitando a sexy actrices de películas de Hollywood. La siguiente fue la de Demi Moore haciendo la vasija en Ghost, vamos, un auténtico cuadro. “No hace falta que metas tan para adentro, Rocío, que no estás esquilando una oveja”, prosiguió Ana cuando le tocó el turno a la joven de meterle mano a la melena.

Las risas de todos, Lara Álvarez incluida, se escuchaban por doquier. Fue el corte de pelo con más güasa de las últimas ediciones de Supervivientes. Hasta daba pena que llegara a su fin del cachondeíto que nos hizo pasar. El resultado final no fue el mejor, para qué engañarnos, pero la escena fue digna de una película de Almodóvar. Incluso se atrevió a pedirle a Gloria Camila en directo que le preparase unas cuantas pelucas a su llegada. Con ella todo es así últimamente. Por fin se ha olvidado un poquito lo de ser ‘la esposa de’ y ha empezado a ser ella, Ana María, esa mujer graciosa que habla de lo que quiere, hasta de pedos y retortijones, si es necesario. Porque ese ha sido otro capítulo.

El martes ganaba esos tres cociditos que han sido la envidia del grupo. Pero claro tanto garbanzo ha tenido su efecto en ese cuerpecito que se le está quedando. La pescadora estrella del grupo, porque que no se nos olvide que es un hacha en esto de echar el anzuelo, tuvo un ataque de gases y ronquidos una de las noches que quedará por siempre grabada en la memoria de sus compañeros, bueno en su olfato. “¡Vaya nochecita llevas, entre la boquita y el culito!”, le dijo Rocío ante las risas desbordadas del grupo que asentía. Hasta el pobre Jorge, siempre con tan buenas formas, confesó haber sufrido el tufo.

A diferencia de lo que suele ocurrir, Ana María se está reforzando conforme avanza el concurso a su fase final. Tiene hambre, mucha, y carácter, mucho también, pero sabe pedir perdón y rectificar, una cualidad de la que no todos pueden presumir. Con ella no hay censura y si tiene que hablar de sexo y las ganas que le tiene a su marido, lo suelta, aunque a Ortega no le hiciera tanta gracia por ser más reservado. Gasta bromas subiditas de tono y cuenta chistes a lo Paz Padilla, vamos que como se lo proponga se convierte en la nueva estrella de Mediaset, y si no, tiempo al tiempo. Desde luego intensidad, drama y salero le sobran. Ella es tal cual, como se ve, y si tiene que decir que ha sido fanática de Rocío Jurado, lo dice, ¡y hasta canta sus canciones! Le da igual que le llamen friki por eso, al contrario, se siente orgullosa.

Además de ese carácter desatado que ha mostrado más y más y que ha dado mucho juego a JJV desde plató para echarse unas buenas risa, también nos ha ganado el corazón por su acercamiento a Rocío. Lo decíamos antes. Lo que empezó de forma desastrosa ha tenido un desenlace de lo más tierno. Para la joven Ana María es un pilar en la isla, y al revés también. La nieta de la Jurado no puede parar de reírse cuando están juntas, le ha dado la vida con sus bromas y sus salidas. Pescan juntas, pasean, se cuentan anécdotas y se abrazan fuerte cuando están de bajón. Es como si Rocío viera en ella una figura materna y por eso su cara se enternece cuando la escucha y la mira atentamente. El vínculo que por fin han creado emociona y llega a los corazones, algo que los espectadores tienen muy en cuenta.

Esta semana también se ha salvado de la nominación, como casi siempre. Es de las menos nominadas del grupo y eso dice mucho de ella. Tendrá sus salidas de tono y sus cabreos exprés pero es buena compañera, curranta hasta más no poder y siempre dispuesta a lo que haga falta, algo que se agradece. Su salvación este jueves le ponen casi, casi con un pie en la final y no nos extrañaría. Quizás no tenga las abdominales de Hugo ni la fuerza de las más jóvenes, pero tiene algo mucho mejor, la disposición, un valor esencial en este reality. Ana María es una de esas gratas sorpresas que uno no espera y que se agradece ¡y mucho! Ahora sí que no podemos decir que es la Rosa Benito de SV, su gracia y salero le han hecho brillar con luz propia, sin etiquetas ni apellidos postizos. ¡Olé!

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Imagen: Twitter/Supervivientes