Supervivientes 2020 se libra del fracaso por los pelos y no es gracias a su casting

Si hay un adjetivo que se ha repetido hasta la saciedad para definir la edición de Supervivientes 2020 ha sido ‘aburrido’. El comienzo acelerado del reality prácticamente después de GH Vip 7, La isla de las tentaciones y un (muy) forzado El tiempo del descuento nos hacía sentir un poco de empacho. Casi no hubo digestión. Eso sumado a un casting bastante soso, poco explosivo y sin química le hicieron ganarse con creces el título de soporífero en grado máximo (sobre todo en el caso de las galas de Tierra de nadie de los martes, que estuvieron de sobra). Ni siquiera los fichajes estrella de Rocío Flores y Hugo Sierra, que prometían el oro y el moro con sus telenovelas personales, lograron conectar como se esperaba.

Unos factores que, curiosamente, no han afectado un ápice a los índices de audiencia que se fueron remontando hasta volver a hacer al espacio favorito de la parrilla. Si tan infumable ha sido, ¿qué ha pasado entonces para que SV siga siendo la primera opción de los reyes del mando?

Cortesía de Mediaset

Buena pregunta. El reality por excepción de Mediaset junto a Gran Hermano tiene a sus espaldas casi dos décadas de historia. Un currículum muy extenso que le avala y le convierte prácticamente en un clásico televisivo. El formato ha cumplido a rajatabla ese dicho tan certero de renovarse o morir. A diferencia de otros shows que se han quedado en el intento, SV, siempre respaldado por Telecinco en las duras y en las maduras, no ha cesado de reinventarse. Cuando no eran anónimos eran famosos, cuando no era en República Dominicana era en Honduras; cuando no era Paco Lobatón o Jesús Vázquez, era Jorge Javier. La cosa era alimentar este espacio con aspectos innovadores y poner la creatividad a disposición y al servicio del máximo juez, los seguidores.

Y de eso, señoras y señoras, gran parte de la culpa y el mérito la tiene el equipo que hay detrás de las cámaras, el que nadie ve pero que es responsable de cada prueba, cada plano y cada video. “Las gracias este año, equipo, son mayúsculas. Gracias a las más de 200 personas de Honduras, de Italia, de República Dominicana, de España, que habéis sacado adelante este programa, que sois la esencia de Supervivientes, que sois el motor”, decía una emocionada Lara Álvarez desde la última gala en palapa de esta comentada edición. Unas palabras que describen a la perfección a ese grupo humano que no se ve ni se escucha pero sí se siente en cada programa. Porque aunque el desconocimiento nos pueda hacer pensar que están en un lugar paradisíaco de playas, bebidas exóticas y hamacas por doquier, lo cierto es que apenas pueden disfrutar de estas delicias. Su trabajo es 24/7, no hay sábados ni domingos, lo que hacen y dicen los concursantes no ocurre de lunes a viernes, no es un horario de oficina, así que toca estar al mil por mil para que no se les escape un detalle y se ofrezca lo mejor de lo mejor al consumidor.

Este año, la verdad sea dicha, lo tenían más difícil que nunca. Y no solo porque es cierto que andamos un poquito saturados de realities (¡desde septiembre del 2019 no hemos tenido un descanso!), sino porque han habido circunstancias que les ha impedido dar mucho más de sí. Una, las condiciones meteorológicas. Con la idea de ofrecer una edición más extremis con un temporal que no se lo pusiera fácil a los concursantes, se fueron dos meses antes (lo que les libró de no cancelar el show con la llegada del coronavirus). Y así fue, las tormentas eléctricas y lluvias torrenciales les han mantenido mojados una gran parte del programa. Una situación que ha añadido leña al fuego, agitado los caracteres y provocado más de una bronca. Pero también ha aportado más cansancio, desesperación y desidia, en algunos casos.

El otro punto que también ha restado fuerza a esta entrega ha sido la crisis de salud producto del Covid-19. Aunque la pandemia no ha llegado hasta ese lugar escondido, sí lo ha hecho a los corazones de sus participantes que al enterarse de lo ocurrido en España han andado más cabizbajos, preocupados y distraídos de lo normal, con toda la razón. Desde casi el comienzo de la pandemia fueron informados de la situación con delicadeza pero sin censura de todo lo que se estaba viviendo. Queramos o no, eso les ha hecho tener una parte de su mente con los suyos, un malestar inevitable que les ha restado concentración. El programa tenía que hacerlo, no le quedaba de otra, fue la decisión más acertada; gracias a la ayuda de los psicólogos y terapias que se ponen a su disposición en la isla han podido tirar hacia adelante con fuerza y aceptar la durísima situación.

De sobra es conocido que la dinámica en los programas de televisión han cambiado tras el azote del virus. Supervivientes no iba a ser menos. Es un espacio alimentado por los directos, la energía de sus abrazos e incluso sus abucheos, y todo eso desapareció de un plomazo. Menos invitados y colaboradores para respetar las distancias también hacía su estrago en cada gala y debate. Y no porque no estuvieran animadas -este año han sido precisamente las broncas en plató las que más han dado que hablar con Sofía, Gloria Camila y cía- sino por la falta de cercanía y calor. Ver a algunos de los defensores entrar por videoconferencia y con problemas técnicos no es lo mismo que verles en vivo y en directo dando caña y sacando la cara por los suyos.

Aún así la prueba fue más que superada y todos se acostumbraron a la nueva y extraña situación, presentadores incluidos. JJV, Jordi González y Carlos Sobera han dado la talla al tener que hacer un esfuerzo extra a la hora de presentar. ¿Cómo? Pues picando más, siendo más emocionales, mojándose en algunos temas y provocando momentos tensos que despertaran a las fieras. Lo consiguieron y el resultado está en las cifras. Nada menos que un 31.2% asistió al cierre de la palapa en esta gala del jueves, un punto más alto respecto a la semana pasada. A pesar de sus pesares, SV ha superado las expectativas en cuanto a datos. El temor a una caída en picado ha estado presente desde el comienzo por todo lo sucedido pero nada que ver, el titán de los realities se ha mantenido a flote y con muy buena salud hasta el último minuto. También es cierto que el confinamiento ha influido en que consumamos más televisión y redes sociales, este último un espacio donde el programa ha sido tendencia semana tras semana, además de la comidilla de los usuarios.

Insistimos, el buen trabajo de un equipo invisible que nadie palpa pero que está ahí al pie del cañón ha sido, entre otras cosas, una de las claves fundamentales de que el tren siga en marcha. Al César lo que es del César, el equipo técnico, una vez más, ha sido formidable, apenas hemos visto fallos, desconexiones o problemas de otra índole. Es el punto fuerte de los shows de telerealidad en los que Telecinco tiene un máster, todo hay que decirlo. Hacen milagros, sacan videos de donde no los hay, se superan con las pruebas y a la galas no se les puede pedir más. Si el programa hubiera tenido que depender solamente de la química entre los participantes, de las cansinas búsquedas forzada de riñas propiciadas por Avilés o las conversaciones banales entre ellos, no hubiéramos durado tanto tiempo viéndolo. Han sido los presentadores y técnicos los que han rascado de donde no había para darnos un reality en plena cuarentena, logrando estar a la altura de las incómodas e inesperadas circunstancias. Adaptarse a algo nuevo que no se ve venir y salir airoso de ello tiene mucho mérito.

Lo que no tenemos tan claro es qué va a pasar a partir de ahora. Ya sabemos que los concursantes regresan a España para estar en plató el próximo jueves con Jorge Javier. Eso es seguro. Pero Mediaset, que sabe guardar los secretos y mantener el misterio como nadie, no ha soltado prenda de cómo será la final, si realmente tendrá lugar el jueves, si habrá un día extra, si se expulsará a alguien el domingo o el martes. Y ese es precisamente el gancho que logrará mantenernos pegados al televisor a partir de ahora.

La gala final será diferente, no habrá amigos ni familiares recibiendo en plató a los suyos, tan solo los justos, ni ovaciones ni gritos que siempre añaden pasión y entusiasmo. Pero esta situación nos ha hecho más sensibles, así que seguro encontrarán la manera de poner los sentimientos a flor de piel.

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