'Sálvame' se empieza a desgastar ante la ausencia de sus pesos pesados

Teresa Aranguez
·8 min de lectura

Es historia viva de la televisión, nos guste o no. Sálvame, con sus discusiones acaloradas y tragedias griegas en plató, llegó hace 11 años para revolucionar la caja tonta. Y vaya que si lo hizo. A veces uno no sabe si está viendo un debate del Congreso, una telenovela o una peli de terror. Todo puede ser en ese universo esperpéntico que ha creado. Pero igual que las relaciones se desgastan, el espacio consentido de Telecinco también podría haber tocado techo. Después de más de una década en antena y muchas idas y venidas, el programa estrella de la sobremesa parece estar de capa caída.

La ausencia de sus pesos pesados como colaboradores y la llegada de caras nuevas que no terminan de convencer por su falta de sangre le ha restado fuerza y encanto a las tardes de Telecinco.

Fuente: Twitter.com/salvameoficial/
Fuente: Twitter.com/salvameoficial/

Para empezar, dos de los grandes pilares de Sálvame en todas sus versiones frutales, están de baja por problemas de salud. Mila Ximénez anunciaba hace dos meses que comenzaba el tratamiento para luchar contra un cáncer de pulmón y Kiko Matamoros sigue hospitalizado tras sufrir una grave infección producida por su operación de vesícula. Ellos, junto con Kiko Hernández y Belén Esteban, ahora de vacaciones, son el alma de la fiesta y si no están en el ruedo la cosa no tiene la misma gracia. Aunque no son un ejemplo de modales ni de saber estar, sus broncas monumentales y salidas inesperadas es lo que da vidilla al asunto, una chispa que últimamente brilla por su ausencia, en parte, por la falta de experiencia y esa ‘malicia televisiva’ en los nuevos fichajes.

Si bien es cierto que Miguel Frigenti tiene mucha labia y sabe torear a sus compañeros con buena nota, le falta rodaje y garra para encajar en este engranaje de lo absurdo que es Sálvame. Vamos a confesarlo, hay que estar un poco loco para formar parte de este circo que se ha ganado a pulso un lugar en los hogares españoles. La sabia nueva del programa carece de esa chispa. Marta López, Laura Fa, Antonio David, Alonso Caparrós y toda esta oleada de colaboradores recién llegados de los últimos tiempos, por mucho que se esfuerzan (y a veces fuerzan) por dar espectáculo, no llegan ni de lejos a lo surrealista y tragicómico de la Esteban, por decir un nombre de la vieja escuela.

Si es que por poner un ejemplo, ¡Matamoros está dando guerra desde el hospital! Este miércoles, todavía en plena convalecencia, daba una exclusiva a la revista Lecturas poniendo a sus compañeros de programa a parir. ¿Quién es capaz de hacer eso? Pues solo él. Sálvame, que como todos los espacios televisivos en verano está un poquito a falta de temas, ponía en la palestra estos días a Marta López Álamo, la jovencísima novia de Kiko. Laura Fa, cuya enemistad con Matamoros viene de lejos, habló más de la cuenta de los retoques estéticos de la modelo y cuestionó su capacidad intelectual. La guerra había estallado y los ataques de unos y otros en las redes no cesaron. Como colofón, Kiko ha concedido esta entrevista donde se despacha a gusto contra sus compañeros de programa. Entre otras perlitas ha soltado que sus “compañeros de Salvame me envidian y me odian" o que “tienen un nivel absolutamente nulo”. Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, de paso se ha dejado fotografiar para mostrar cómo han quedado los arreglitos que le hizo en la cara la nueva novia de su hijo Diego.

Solo Kiko es capaz de algo así. ¿Veis? Esas cosas no pasan con los que acaban de desembarcar. Y no es que estemos juzgando si son buenos o malos colaboradores, simplemente no alcanzan ese nivel extraterreste de salirse por la tangente y parecer de otro planeta.

La única superviviente del barco que salva, y nunca mejor dicho, las tardes del programa es la veterana y reina de los programas del corazón, Lydia Lozano, que siempre está en todos los saraos. “Ha traspasado el umbral de lo perecedero para convertirse en un clásico y los clásicos, ya se sabe, son intocables. Si quieres echarte a la audiencia encima, ataca a Lydia. No te lo perdonará. Es más, te convertirás en objeto de virulentos ataques y críticas desmedidas”, sentenciaba Jorge Javier Vázquez en febrero en una de sus columnas en Lecturas. Ella y sus millonarias vacaciones en un yate de Ibiza ha sido el tema de la semana en su programa que, como siempre, lo ha sacado a flote gracias a sus risas, sus lágrimas y sus chumineros de turno.

Pero ella sola no puede con todo. Hace falta el eje del mal y las rabietas de Belén. Las travesuras de Mila y los Kikos y los caretos de la Esteban son la materia prima del programa, si falta, está cojo. Eso se refleja en los números. Últimamente los datos de audiencia no es que estén mal pero podrían estar mucho mejor. Acostumbrados a superar el 20% de share, en estas semanas si llegan al 17% es para darse con un canto en los dientes. Las redes, que suelen ser el reflejo de lo que piensa la gente, demuestran que el público no está nada contento con el programa, y mucho menos con que Carlota Corredera sea la presentadora. Tampoco es que Nuria Marín convenza demasiado pero más que la de Vigo, seguro. Cosa que hace Carlota, cosa que es analizada con lupa y criticada a saco por sus detractores.

Su trabajo está siendo muy cuestionado por culpa, según muchos, del exceso de protagonismo y los monólogos innecesarios que le han valido el mote de “Yo Corredera”.

La gente echa de menos a Jorge Javier Vázquez y sus piques políticos y personales. Tan pronto te analiza la situación actual del país como se enzarza en una pelea con su amiga Belén. No tiene filtros, es lo que ves, y eso, señores, es lo que gustó desde el minuto uno de Sálvame. Ese puro teatro y escándalo, el tirarse de los pelos y que se arme la marimorena, sin cordura alguna ni buenos modales, son los ingredientes que a día de hoy faltan en el menú. El doble sentido de JJ y las bromas con cizaña de Paz Padilla, que aparcaba su vida profesional una temporada tras la muerte de su esposo, se echan en falta.

Todo esto y alguna que otra cosa más es lo que nos hace plantearnos si Sálvame necesita menos lavado de cara y más volver a su esencia. Lo mismo pasa con los contenidos. Es cierto que en verano todo el mundo está en Ibiza refrescándose, incluido Jorge Javier, pero hacer noticia de lo macabro ya no hace tanta gracia. Con motivo de la muerte del patriarca de los Janeiro, el señor Humberto, el programa ha sacado a la luz audios del famoso Tigre de Ambiciones a apenas 24 horas de su fallecimiento. Qué sí, que es noticia y que la cosa vende, pero el todo por un minuto de gloria y unas cuotas más de audiencia es muy feo.

Pues nada, ya tienen tela que cortar, la supuesta guerra del clan Janeiro y sus conflictos familiares están sobre la mesa y en la escaleta. Ahora seguro que el asunto salpicará a la Esteban que, conociéndola dirá algo, y el temita dará para unos cuantos días, si no semanas. ¿Dónde quedó la originalidad? Eso es lo que nos preguntamos. Nada ni nadie es invencible y aunque son los reyes de la sobremesa, torres más altas han caído. No les vamos a quitar el mérito de la permanencia por más de una década, pero Sálvame no es lo que era. O recuperan esa chispa inicial o terminarán siendo el náufrago a la deriva del que habla la sintonía de la canción, joyita de la gran Bibi Fernández hace unas décadas.

Si es que, todo sea dicho, hasta en eso de elegir música para su cabecera fueron originales. Vamos a ver si consiguen ‘salvarlo’ y que el barco no se hunda.

Más historias que te puedan interesar:

Imagen: Twitter.com/salvameoficial/