Viendo 'La isla de las tentaciones' por primera vez: el drama ajeno entretiene más que una telenovela

La isla de las tentaciones, ese reality del que habla media España con parejas poniendo a prueba su relación a través de solteros tentadores. Hasta la noche del martes me negaba como muchos a caer en otro reality sobre manipulación emocional, que además repite la misma idea de otro del pasado como Confianza ciega. Pero viendo la carga viral de cada semana, el furor del famoso “¡Estefaniaaa!” y que me estaba quedando fuera de muchas (muchísimas) conversaciones, pues dije “vale, vamos a verlo”. Y vaya sorpresa me llevé.

(Twitter/IslaTentaciones)

A los 10 minutos, un novio ya estaba viendo a su pareja mantener sexo con otro. La compostura de Ismael ante semejantes imágenes de Andrea con Óscar (que ya me aprendí los nombres con tantos tuits leídos) me dejaron de piedra. Entiendo que fruto de varios días siendo testigo de una infidelidad que ha ido in crescendo. Pero lo peor estaba por llegar. Christofer, el autor del meme del momento, tenía que ver cómo su novia le era infiel mientras ella no podía contener la risa en su cara. Y en ese momento, me quedé a cuadros. No por las imágenes, ya que entiendo que se trata de un reality que provoca estos momentos, sino por el furor viral volcado en redes que demostraba una implicación extrema de miles de espectadores que ahí estaban, como yo, pasando la noche del martes viendo un programa que lleva días destacando por momentos de infidelidad.

¿Qué duro, no? Será un reality, y hay quien pueda creérselo y quien no, pero en definitiva es lo menos importante, ya que el quid de la cuestión está en mostrarnos el sufrimiento ajeno como modo de entretenimiento (y en todo ese tiempo yo seguía en mis mundos de Yupi quedándome encandilada con historias que invitan a la empatía). No puedo imaginar el tremendo nudo en el estómago que debe provocar ver imágenes de tu pareja siendo infiel, sin poder hablar con ella o, lo que es peor, verlas juntos y que se ría. Y mientras, Twitter ardiendo. Durante el mismo capítulo, Susana escuchó a su novio opinar sobre los pechos de una compañera. Y Twitter se incendió. Andrea se burló del aspecto físico de la tentación de su novio, y Twitter hirvió. Por no nombrar las reacciones ante la ruptura de Fani y Christofer. Todo en un plazo de dos horas.

Viendo la inmensa cantidad de reacciones variadas, que van de tonos tan críticos como burlones, es evidente que La isla de las tentaciones entretiene. Que el drama ajeno es la carne perfecta de los realities, y por eso quizás podríamos deducir que viendo el furor provocado por el romance entre Adara y Gianmarco en Gran Hermano, y luego en El tiempo del descuento, y ahora las traiciones y sufrimientos de este nuevo formato, los realities se han convertido en nuestras telenovelas modernas. Sus dramas nos dan de qué hablar y la red arde con cada intriga. El problema es que esos dramas parten del sufrimiento o la experiencia ajena.

Fue triste ver a Christofer prepararse para la confrontación con la persona que lo engañó, imaginando que besaría a Fani en la mejilla, que lo vería “guapo” para darse cuenta de “lo que perdió”. Imaginando que ella se arrepiente y le pide perdón mientras espera poder mostrar indiferencia. Esas mismas vivencias que muchos hemos experimentado en momentos de crisis de pareja. Verlo querer perdonarla a pesar de todo. Todo para encontrarse con una situación en donde el momentazo televisivo fue más importante que los sentimientos.

Según la Real Academia Española, los programas de “telerrealidad” son parte del “género televisivo basado en la presentación de casos, vivencias o conflictos personales reales o inducidos”. Que está inducido está clarísimo al facilitar el enganche interno y del espectador a través de citas, fiestas y un escenario ideal para generar chispas. Y los conflictos personales, pues qué puede ser más real que poner tu vida amorosa a prueba de esta manera.

Uno de los motivos que me hacían prejuzgar este reality es que me costaba entender por qué una pareja, en crisis o no, podía formar parte de un programa de tentación, creyendo que el único motivo que podría llevar a más de uno a participar reside en la plataforma que otorga. Sobre todo si se emite en una cadena de tirón como Mediaset. Habrá quienes les sirva para abrirse camino mediático (se rumorea que Fani podría ser una de las nuevas Supervivientes), como influencer o en el mundo de los bolos. Aunque debo reconocer que tras ver el capítulo del martes quizás estaba equivocada y existan personajes que fueron motivados por otras circunstancias que desconozco. Como Christofer -a quien están invadiendo su privacidad de una forma descarada yendo a su trabajo a gritarle el famoso “¡Estefaniaaa!”- o parejas como Jose y Adelina que parece que fueron a demostrar que el amor de verdad existe incluso en pleno reality.

He visto que es fácil engancharse a La isla de las tentaciones. Lo comprobé con apenas un capítulo. La intriga, el drama y la traición están presentes como si fuera la nueva versión de Cuna de lobos. Y es que al final, los realities son expertos en explotar las miserias humanas como método de entretenimiento. Que veamos a personas como Christofer pedir una explicación y no recibir una palabra de comprensión por dar más juego a la cámara, resulta muy triste, pero fue el momento que hizo que el programa y sus dos protagonistas fueran trending topic de la noche. No hay dudas, el drama ajeno entretiene. Antes, ahora y siempre. ¿O a alguien le importa ver si la única pareja con cierta armonía, la de Jose y Adelina, sale más unida? ¿A que no? A juzgar por los temas que arden en redes, parece que si triunfa el amor a nadie le interesa.

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Imagen: Twitter/IslaTentaciones