Parece que se va a repetir la historia de Tom y Melyssa en 'La isla de las tentaciones 3'

Teresa Aranguez
·8 min de lectura

Menudo arranque el de La isla de las tentaciones 3. Su primer programa no solo ha superado con creces todas las expectativas con un casting de lo más variopinto, sino que también nos ha dado una idea de quién es quién en este peligroso juego de parejas. Los perfiles e intenciones de cada uno empiezan a verse claro, por mucho que lo disimulen con esas lágrimas de cocodrilo típicas del principio. Y en este sentido, lo sentimos por Lucía, pero Manuel tiene todas las papeletas de convertirse en el nuevo Tom Brusse de la edición y, por ende, ella en la próxima Melyssa Pinto.

Su llorera de niño chico en el video de presentación desapareció a la velocidad de un rayo cuando tuvo ante sí a las tentadoras. La pena se esfumó y los ojos se le hacían chiribitas. Así que preparemos los pañuelos porque esto huele a traición a la legua.

Manuel y Lucía, cortesía de Mediaset
Manuel y Lucía, cortesía de Mediaset

El engaño les precede en su relación así que no debería de sorprendernos si fuesen los primeros en caer en la tentación, sobre todo él. Manuel entonó el mea culpa por su crisis y la desconfianza de Lucía, eso sí, luego hizo poco para remediarlo. Su infidelidad en el pasado marcó un antes y un después y desde entonces lo suyo está cojo. Han ido a la isla para resucitar su romance, pero tiene toda la pinta de que este reality va a terminar de rematarlo. Manuel opta a llevarse el premio al mejor actor con tantas promesas de humo. Sus palabras dicen una cosa, pero su lenguaje corporal emite lo contrario.

Es curioso, cuando se hace la introducción de los tortolitos en La Isla de las Tentaciones, el chiquillo da la impresión de no haber roto un plato en su vida. Como Tom, misma sensación. Promesas, besos y palabras que se las lleva el viento. Casi nos lo creemos y todo cuando derramó un río de lágrimas frente a Lucía pidiéndola perdón y prometiendo amor eterno frente a la Torre del Oro. A ver, el chico seguro que así lo siente, pero no lo puede evitar, su espíritu libre podría ser superior a sus fuerzas. “Lo que más me preocupa es que nos estemos despidiendo para siempre”, le dijo ella en la lancha camino a las villas. Y él, venga a llorar y llorar. Un teatrillo que alargó hasta su llegada a la orilla del mar donde, como si un galán de telenovelas se tratara, siguió sollozando ante la risa tímida de sus compañeros.

El chico es intenso y se esfuerza en mostrar una imagen que, lo sentimos por Lucía, no es. Demasiado fingido. Tan solo hicieron falta 24 horas en la villa y ver su actitud frente a las tentadoras para entender que ahí va a haber mucha “diversión”.

Lo de la pareja es digno de estudio, tan pronto se adoran como se tiran los trastos a la cabeza. Igualito que Tom y Melyssa. Delante de ellas ambos actúan como santitos, dando una cara que no es la suya. Pero por detrás son dos chicos diferentes y con unas ganas de despendolarse que traspasa la pantalla. He aquí el ejemplo de ello. Después de su despedida en la playa Lucía y Manuel se vieron de nuevo las caras en la ceremonia de presentación de los tentadores. Habían pasado 24 horas sin verse y se suponía que iba a ser un encuentro idílico. Pues no, se lanzaban cuchillos con la mirada, especialmente ella, que no se fía ni un pelo de su chico. Aunque él intentó resolverlo diciéndole a Sandra que se sentía como si fuera la primera vez que viera a su amada, sonó más a querer quedar bien ante ella que otra cosa. “Como si la hubiera visto por primera vez en mi vida, me ha encantado verla”, dijo.

No le funcionó. Lucía era un fosforito, ya no se cree ni el aire que respira su novio y eso salta a la vista. Ambos están a la defensiva y ella no le pasa ni una. ¿A qué nos recuerda todo esto? Pues a ese intento de Tom de tener controlada a Melyssa con su palabrería barata para tenerla contenta. Él solía conseguirlo. La diferencia es que Lucía no está dispuesta a ser sometida ni engañada una vez más. Está a la que salta y no piensa perdonarle ni un error. Tiene claro lo que quiere y lo que no, algo que no ocurría con la ex de Tom, mucho más dependiente e insegura pero, sobre todo, dispuesta a perdonar lo que fuese a cambio de no perderle.

El momentazo de la noche llegaba con la elección de tentadores. Fue para troncharse de la risa. Manuel, como en su día Tom, estaba en su salsa y disfrutando como un niño chico del paisaje. Ella, como pasaría con Melyssa en la segunda edición de La Isla de las Tentaciones, era un manojo de nervios que no paraba de mirarle con el rabillo del ojo. La diferencia es que Lucía no se calla ni debajo del agua, dice lo que piensa y lo suelta con esa gracia andaluza que nos regaló momentos desternillantes que uno como espectador agradece entre tanta tensión.

Manuel finalmente se decantó por Bela, la chica de origen árabe a la que le echó el ojo de inmediato. Y claro, eso a Lucía no le hizo ni pizca de gracia. Su cara era un poema y lo que dijo para enmarcar. “¿Desde cuándo te gustan las americanas?”, soltó de lo más graciosa frente a todos. Bueno, gracia, gracia no le hizo, pero a nosotros sí. La situación fue de película de Pajares, él pillado con las manos en la masa, ella con ganas de darle una buena colleja. Todo muy surrealista. En realidad da igual a quién hubiese elegido, Lucía está harta y todo lo que hace su chico le sienta fatal.

Dispuesta a tomarse la revancha ella hizo lo propio y eligió al guapito del grupo de los tentadores, a Simone, un italiano de muy buen ver de estos que le gustan tanto a Telecinco. “El italiano me gusta, no lo he entendido pero...”, soltó Lucía más para jorobar que otra cosa. “Ah, ¿te gusta el italiano? Yo he dicho que me gusta la chavala y me has pegado un corte aquí de locos”, siguió Manuel justificándose. Más que verle celosillo por la elección de si chica, al sevillano le importaba más cubrir sus espaldas que otra cosa.

Ver su forma de proceder es como ver a Tom, ambos negando lo evidente desde el principio. Caritas de buenos que esconden algo más. El francés parecía todo un príncipe azul y resultó ser de todo menos un caballero (al menos en su paso por La isla de las tentaciones 2). Con Manuel uno siente lo mismo, tanta lágrima, tanta lágrima no es más que el augurio de que se avecina tormenta. Por mucho que llore y le den arrebatos de amor hacia su chica, Manuel tiene toda la pinta de estar entre los primeros en morder la manzana prohibida. A lo mejor nos equivocamos pero, después de tres ediciones, las quinielas son más fáciles.(Y los televidentes más avispados parecen haber dado en la tecla con una filtración que confirmaría su traición futura).

Además, uno de los detalles que más nos recuerdan al caso de Tom y Melyssa es la presión que Manuel dice sentir ante los celos y desconfianza de Lucía. Igualito a la pareja más popular de la edición anterior. Si bien nos cuenta creernos las lágrimas del chico, su teatro es muy parecido al que protagonizó el francés al principio ante el agobio que sentía con su novia. Es más, Manuel llegó a darle un ultimátum a Lucía durante la elección de citas que nos provocó cierto déjà vu. Recordemos que Tom, a espaldas de Melyssa, criticaba y se quejaba de no poder ser él mismo por culpa de los celos de su novia, haciendo referencia a sentirse presionado continuamente. “Verla mal me genera una ansiedad que no me deja abrirme ni ser todo lo feliz que quisiera ser” decía Manuel alertándonos de esa presión con la que convive. “Así no podemos estar” remataba. “Este sinvivir no es bueno, ni para ti ni para mí” añadía y Lucía, en lugar de comprender sus palabras, contestaba “parece que me está riñiendo”. Vamos... que no se entienden.

El programa lo petó en su primera noche convirtiéndose en el mejor estreno de la temporada con un 25.2% y más de 3 millones de espectadores pegados a estas historias. Twitter reventó igualmente convirtiendo al reality en tendencia de principio a fin. En gran parte gracias a Manuel y Lucía, a quienes los seguidores señalan como los primeros en terminar como el rosario de la aurora. La mayoría coincide en que son los nuevos Tom y Melyssa pero a la andaluza.

Celos, miedo, inseguridad, amor, decepción... ingredientes de la vida real que a todos nos suenan y por eso nos engancha. Que empiece la función.

Más historias que te pueden interesar: