'La casa fuerte 2', cerca de ser el mayor fiasco en la historia de los realities

Teresa Aranguez
·7 min de lectura

Lo que ayer fue un boom hoy aburre a las cabras. Así es la televisión, nunca se sabe qué nos depara. Por mucho que La casa fuerte 2 haya querido explotar el tema de Tom Brusse y ahora a Marta Peñate para tener gancho, el tiro les ha salido por la culata y el reality se va a pique. No hay por dónde cogerle. Sus tramas son previsibles, sus concursantes fingidos y las pruebas físicas, que no vienen a cuento, un auténtico somnífero que te invita a ir a la cama. El único que se salva un poco es Jorge Javier Vázquez, cuyas bromas sexuales algo salidas de tono empiezan a rozar lo absurdo con el fin de salvar este barco que se hunde. Un intento en vano por ganar una audiencia que ya está harta de lo mismo.

Luis Miguel González; © Angular Photo; cortesía de Mediaset
Luis Miguel González; © Angular Photo; cortesía de Mediaset

La suma de todos estos ingredientes en la coctelera es un programa insulso y sin sentido que el público ha dejado de ver. Para prueba sus índices de audiencia, este jueves uno de los más bajos con un 16.7%. Sí, lideró la noche, pero por los pelos teniendo en cuenta que se trata de su gala semanal más importante donde se reserva el contenido más calentito y exclusivo. Una semana más en esta línea y no nos extrañaría que adelantasen su final y echasen el cierre.

No hay coherencia por ningún lado. Ahora resulta que hay expulsados, una novedad que no existía en la primera edición y que vuelve un poco loco al espectador. No hay una línea a seguir y eso nos pierde. Es como lo de añadir el ‘Espejo del alma’ y copiar ‘el puente de las emociones’ de Supervivientes. ¿No podrían haber sido un poquito más originales? Es una decisión a la desesperada con el fin de atrapar a un público con los mismos conceptos que lo único que hacen es agotarle. Este quiere chicha, quiere historias de amor, enfrentamientos no fingidos, en definitiva, quiere coherencia, justo lo que a este reality le falta.

Es entendible que para darle frescura los ideólogos de este formato quieran aportar propuestas innovadoras pero estos cambios tan radicales y sin venir a cuento no se comprenden. Infumable también es tener que aguantar más de una hora de pruebas físicas, en la mayoría de los casos bastante absurdas que ni nos van ni nos vienen. Con esto lo único que consiguen es que el espectador, o se duerma, o cambie de canal. Lo de montar en una tabla de surf o resistir con una caja entre las piernas no viene a cuento, no estamos en las Olimpiadas, señores.

Lo otro en lo que siguen fallando es en el casting. Por más que lo intentan no dan una. Con todo el cariño que nos merecen Sonia Monroy y su novio desconocido, Mari Cielo Pajares, Rebeca, Mahi y su chico y Pavones, ¿qué narices pintan en este programa? Personajes viejos, desgastados, pasados de moda, sin tirón y que vienen de realities recientes sin aportar nada novedoso porque ya les conocemos. A no ser que se trate de un Tom o una Melyssa que han tenido a España con el corazón en un puño, lo de recurrir a lo mismo de siempre es patético. Estamos convencidos de que tienen opciones mucho mejor que lo que proponen. El porqué lo hacen se escapa a nuestro entendimiento.

Ni siquiera el fichaje de Isa Pi tiene fuerza. La chica funciona en las ferias, en los platós, dando exclusivas escandalosas y con la telenovela de su familia, fuera de eso es una persona sin gracia como concursante de realities, que habla lo justo, que dice a su chico qué puede decir y qué no y que transmite menos sentimiento que un peluche. Hasta Rosito de La isla de las tentaciones 2 tenía más sangre. Pasó lo mismo con ella en Gran Hermano y la echaron a la primera de cambio. No traspasa la pantalla a no ser que tenga encima a su salvavidas de turno, Jorge Javier Vázquez, que suda la gota gorda para sacarle la información. Si esperamos a que ella hable por motu propio nos pueden dar las uvas.

Y hablando del rey de Roma. Jorge Javier, que tiene mucha calle ya en esto de la tele y los realities, parece que sabe perfectamente que esta segunda edición no termina de cuajar, así que hace todo lo que puede por gastar bromas, algunas pornográficas, para darle vidilla a la cosa, si no, esto no hay por donde cogerlo. En cada reality que presenta elige a un concursante con quien jugar al tonteo y en esta ocasión le ha tocado a Tom Brusse. Las bromas y salidas de tono entre ambos son una constante y la verdad, se agradece entre tanto plomo. Pero lo de esta gala ha sido surrealista cuando el presentador soltó sin anestesia: “Mira Tom, cuando te de un pollazo no te quejes”. Un comentario que provocó el caos en las redes donde salido mental es lo más light que le han llamado.

Es cierto que se le fue un poco la pinza pero si no hubiera pasado eso, ¿qué hubiera pasado? No hubiera pasado nada, al menos resaltable y que comentar. ‘Ya, pero están las broncas monumentales de Marta y Samira’, dirán algunos. Pues mira, lo siento pero no. Al menos yo estoy cansada de Dubai, de los secretismos de ambas y de las insinuaciones baratas entre mujeres. Su espectáculo absurdo ya no interesa ni provoca nada, solo rechazo. Lo de rebajar a otra mujer con indirectas relacionadas con el mundo de la prostitución, como ocurrió el año pasado entre Oriana y Fani, produce arcadas. Es un tema demasiado serio como para andarse con tonterías de este estilo.

Igual sucede con Cristini, que se pasa la vida diciendo que no quiere que se hable de su transexualidad y luego es ella quien da lujo de detalles sobre su drama personal. Está en todo su derecho y todos queremos escucharla, pero sin escudarte en eso para ir de víctima o tener un minuto de gloria.

En fin, que ni siquiera con temas fuertes y complejos como este que podrían tocar la fibra sensible del público logran llegarnos a la patata. Hay algo que falla y tiene que ver con la falta de naturalidad en todos los sentidos. Todo es repetitivo, más de lo mismo, recursos muy desgastados que ya no cuelan porque están forzados y no vienen al caso.

El único que se salva es Albert, y no porque tenga algo especial, simplemente porque es normal y eso brilla por su ausencia. Verle rodeado de tanto paripé e historias para no dormir hace que nos de pena, la verdad. Ahora que se le ha ido Mari Cielo, su pareja de concurso, le toca lidiar con las mil y una personalidades de Marta, su nueva compañera, y el pobre ya no sabe dónde meterse.

Con este panorama y como anunciábamos, no nos extrañaría que se adelantara una final inesperada y se pusiera candado al programa. Personalmente, lo agradecería. Verlo se ha convertido en una especie de tortura. No hay efecto sorpresa ni mucho menos originalidad, así que a la hora de haber empezado los bostezos hacen su aparición. A lo mejor la cosa de un giro de 180 grados y se pone interesante pero, visto lo visto, esto es la crónica de una muerte anunciada.

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