'La casa fuerte 2', una decepción de reality que por fin termina

Teresa Aranguez
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Si es que la sabiduría popular no se equivoca, lo que mal empieza, mal acaba. La casa fuerte 2 arrancó con la buena intención de dar vidilla a la audiencia y llega a su final con un desgaste evidente. En vez de decir “¡qué pena que termine!” -como a más de uno le pasó con La isla de las tentaciones (seamos sinceros)- uno siente la necesidad de gritar: “¡al fin termina!”. Sus intentos fallidos de remontar con estrategias forzadas e ideas rocambolescas ha quemado a una audiencia que ha decidido no hacer mucho caso al reality. Aunque este domingo anunciaron la final como una cita imperdible y llena de sorpresas, la realidad es que echan el cierre con el cartel de ‘fracaso’ a sus espaldas.

Jorge Javier Vázquez en La casa fuerte 2 (Crédito: Luis Miguel González; © Angular Photo)
Jorge Javier Vázquez en La casa fuerte 2 (Crédito: Luis Miguel González; © Angular Photo)

Es lo que suele pasar cuando las cosas se fuerzan demasiado, no encajan ni son bienvenidas. La falta de espontaneidad y, sobre todo, de gracia de este reality no llegaron y de eso, en parte, la culpa la tiene este formato desordenado. Desde el episodio uno de la primera entrega de La casa fuerte el año pasado algo no iba bien. El show de Bulldog TV fue un experimento que, a juzgar desde fuera, no tiene una base firme ni estructura y eso salta a la vista. Aunque apenas es un bebé y se está formando, su esquema es un caos, hoy es una cosa y mañana otra. Una especie de Gran Hermano mezclado con Supervivientes que no entienden ni ellos.

Y claro, el batacazo ha sido brutal. Lo que se supone que debería ser una semifinal por todo lo alto y con unos datos de lujo, ha terminado siendo una agonía. Aunque ha superado por unas décimas al especial Navideño de Tu cara me suena, lo ha hecho por los pelos y sin demasiada diferencia, con minutos en los que estaban muy igualados. Una debacle para tratarse del broche del programa que, más que de oro ha sido de metacrilato. Ni nos alegramos ni lo decimos con rintintín, simplemente las cosas se hacen de otra manera.

Lo hemos dicho hasta la saciedad, el casting es la clave y el corazón de cualquier reality y, una vez más, han errado. Más de la mitad de los que han concursado en esta edición ya han estado en otros programa de telerrealidad, los conocemos como si fueran familia, ¿por qué entonces no ir por otros derroteros? Mahi, Albert, Tom, Sandra, Toni Espina, Aurah, Pavón, Asraf, Isa Pi, Marta... todos vienen de shows de la misma familia y encima muy recientes en algunos casos. Eso hace que por muchas cosas fuertes que pasen, porque pasar han pasado, la gente no se inmute. Se llama factor sorpresa y cuando ya se conoce a los concursantes y sus reacciones en momentos de crisis, esa magia que crea la incertidumbre se rompe. Ya todos sabemos lo bien que se lo pasa Pantoja hija en las ferias, los celos de su novio, las explosiones de Marta y la falta de gracia de Albert. ¿Entonces?

Esperamos que tomen buena nota de ello y en la próxima recurran a savia nueva. Se necesitan caras y personajes que generen curiosidad y vengan menos resabiados. Es cierto que hay que quitarse el sombrero con el programa que en su intento por salvar el barco se ha estrujado el cerebro con ideas multicolor. Que si la oferta de salida a Isa Pi, que si meter a un exrollo suyo para crear morbo (Efrén, aunque le echaron a la semana siguiente), que si proyectar Paquirri: la herencia envenenada... Nada funcionó. Los datos de audiencia seguían temblando sin terminar de coger fuerza y despegar.

Como espectadora, pero, sobre todo, como seguidora de realities de toda una vida, hacía mucho tiempo que no deseaba con tantas ganas que acabara un programa. Y mira que en esta semifinal con la infidelidad de Pavón por primera vez daban ganas de quedarse. He ahí la clave de la vida y del éxito de un reality. Sin estrategias ni ideas forzadas, avanza solo y pasan cosas, pero hay que dejarlo a su aire, sin contaminarlo con cosas externas. ¿Quién iba a decir que Samira y Pavón iban a intimar en el baño? Pues ocurrió. Una pena para la novia del torero quien nos rompió el corazón, todo hay que decirlo, pero esa es la esencia de estos programas, dejar que fluyan y vivan por sí solos.

Algo que la segunda edición de LCF no ha hecho en absoluto. Cada semana, o mejor dicho, cada programa Jorge Javier Vázquez le hacía un reporte exhaustivo a Chabelita de cómo iban las cosas entre su madre y su hermano Kiko Rivera. No solo nos teníamos que tragar lo que pasaba en los programas especiales y de la cadena con la telenovela Pantoja, sino también en estos resúmenes improvisados. Un tostón en toda regla. Y todo para que a la niña se lo trajese al pairo. Es decir, que pasase olímpicamente. Isa Pi es de reacciones frías ante las cámaras, por muy bien que le caiga al presentador, lo cierto es que no se inmuta ni da mucho juego.

Cuando todo esto arrancó en noviembre yo apostaba a que lo sacarían de la parrilla poco después. Pero no, han resistido hasta casi la Nochebuena, eso sí, con una final de lo más atropellada. ¿Desde cuándo un domingo es la semifinal y al día siguiente la final? Todo deprisa, corriendo y sin mucho sentido. Sus tres programas semanales han sido agotadores, no solo por la pereza de las tramas y concursantes, sino por las pruebas infumables que te invitaban al zapping de inmediato.

Lo único resaltable para mi gusto, y no es peloteo, ha sido el papel de Jorge Javier. Cuando hay que darle caña se le da pero, en este caso, ha mantenido el tipo y nos ha hecho reír mucho más que los participantes. Sus bromas picantes con Tom, sus comentarios subiditos de tono en plató, sus colores de pelo y su interacción con los colaboradores, especialmente José Antonio Avilés y Pilar Yuste, nos han hecho reír mucho y eso, en los tiempos que corren, se agradece un mundo.

La final promete estar teñida de drama con el papelón de Pavón y Samira, quienes por haber caído en la tentación tienen el pase seguro a la calle. Ya sabemos que la audiencia, o hay amor o no perdona deslices superficiales. Pero más allá de eso no se avista demasiada emoción. Estaremos viéndolo, es lo que toca, pero no con demasiado entusiasmo, para qué mentir. Un cierre televisivo del 2020 en Telecinco casi tan catastrófico como el propio año. Esta humilde seguidora de realities solo espera que los próximos programas en esta línea aprendan de los errores y vuelvan a ser lo que eran. Parece que cualquier tiempo pasado fue mejor.

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Imagen: Twitter/La casa fuerte 2