¿Quién es el verdadero Hugo Castejón? El malo malísimo de GH VIP 7 confunde al público con su lado más vulnerable

Jamás una expulsión se había celebrado con tanta algarabía. Hasta en su salida hubo gritos y llantos dentro de la casa, pero en esta ocasión de absoluta felicidad. Con la partida de Hugo Castejón la paz ha vuelto a reinar en Guadalix, al menos por ahora. Como suele ocurrir en las películas, el villano perdió y colorín colorado este cuento se ha acabado. Con la diferencia de que en este caso, el malo, malísimo no es un papel de ficción, ¿o sí? Ser o no ser perverso, he ahí la cuestión. ¿Quién es el verdadero Hugo, el chico bueno que en los debates respetaba los turnos o el desquiciado que chupaba la sangre de sus compañeros de la casa?

Mediaset, (Twitter/ghoficial)

Las dudas surgen en la gala de anoche. Por primera vez en dos meses Hugo bajó la guardia y demostró tener sentimientos. Hasta ahora había sido un auténtico témpano de hielo. El expulsado se rompió cuando recibió la inesperada visita de su padre y, por increíble que parezca, ¡lloró a mares! Pudimos percibir dos cosas, una es que siente y que padece, y dos, que quizás, lo suyo en la casa ha sido puro teatro y que por fin, en su marcha, nos ha mostrado a ese Hugo frágil y humano que todos hubiésemos querido ver.

Ese hombre de hierro con mirada perdida y sonrisa fría terminó desgastando hasta a las paredes. La gente quiere guerra pero hasta cierto punto y con límites. Si su intención era quedarse sólo para convertirse en víctima lo logró, pero se le dio la vuelta a la tortilla. Lo poco agrada y lo mucho cansa, y a Hugo se le fue de las manos esa estrategia de ser el supuesto maltratado de la casa a quien nadie traga. Quizás si hubiera dejado sacar a ese hombre que vimos ayer en el confesionario, más dolido y vulnerable, otro gallo hubiese cantado.

¿Cómo es posible que pierdas a una gran amiga y no intentes recuperarla? Desde que llegó a la casa y vio que Adara andaba de amiguita con Gianmarco y el maestro Joao, le dio de lado. Hablaban lo justo y necesario, él iba programado en la función ‘dispara a matar’ y lo demás a su alrededor era anecdótico. Tuvo la oportunidad de acercarse a ella cuando se fueron sus dos amigos, pero ni eso. Ella rompió a llorar varias veces en su habitación, siempre sola y sin el hombro amigo de Hugo consolándola. Él estaba demasiado ocupado en picar a Mila, bailar en el jardín o diseñar su próximo ataque.

Ayer en cambio, el público le aplaudió. Ese abrazo sincero con su padre, ese hombre con sentimientos que parecía tener un corazón sacó a flote al ser sensible y dolorido que a la audiencia le habría gustado descubrir. Es innegable que el chico ha sufrido ataques y humillaciones dentro de la casa. Mila Ximénez, su rival máxima en la batalla, le puso a caldo sin ahorrarse en insultos, acordándose de su pobre madre, la de Hugo, en más de una ocasión. Nadie dice que él sea el único culpable pero lo de aguantar carros y carretas peleando a lo Gladiator y no mostrar un ápice de arrepentimiento, dolor o al menos tristeza es la clave de su expulsión.

Ahora que vuelve a los debates, a los Sálvame Deluxe y resto de platós donde se ganó a todos la primera vez que salió por sus buenos modales, ¿qué Hugo vamos a ver? La expectación es máxima porque uno ya no sabe quién es de verdad. Si el chico frágil que se agarra a su padre porque ya no puede más o el villano de sonrisa falsa que está dispuesto a vengarse hasta del apuntador. Su actitud de metralleta estuvo más controlada de lo habitual frente a Jorge Javier Vázquez y la gente en plató, tiros siguió dando pero con menos fuerza que en la casa, ahora no tiene enemigos a quien arrebatar un maletín lleno de miles de euros y se le cayó la careta.

Él no ha podido ganar el premio pero tampoco está dispuesto qe lo reciba Adara, a quien ha declarado su enemiga máxima fuera de la casa. Su misión es conseguir que salga y demostrar que su amistad ha sido de pacotilla. Está nominada con Mila y Antonio David, y al ser preguntado por el presentador quién tenía que ser puesto de patitas en la calle, no lo dudó: “traidara”. Se siente apuñalado por la espalda, de frente y por los costados, y aún más al ver el traje que le hizo la madrileña antes de la expulsión de Joao cuando creían que nadie les escuchaba. “Provocador”, “p*to loco” y “enfermo de la tele” fue lo más bonito que soltó por su boca.

La gota que colmó el vaso y que necesitaba para confirmar que su amistad no había sido tal. Parece que se le olvidó las veces que Adara se enfrentó a todos por él, que le defendió a muerte en las galas, que fue nominada por su culpa, que se alejó de todos por estar a su lado. Ahora resulta que por hacerse nuevos amiguitos en la casa tras su expulsión y no reírle las gracias, ya nada era lo mismo. Hugo hubiese preferido que se hubiese vestido de luto y se hubiese quedado a vestir santos por él. Pero no querido, Adara avanzó en el concurso ¡y de qué manera! Su carácter transparente que siente todo a mil por hora caló en la audiencia y Huguito llevaba la lección bien aprendidita de casa, como que dos y dos son cuatro.

Al ser repescado parece que la amistad con ella ya no entraba en sus planes, y más sabiendo que era la favorita. Cuando eres amigo y quieres de verdad, entiendes, buscas, hablas y, sobre todo, escuchas. No hay lugar a la rivalidad ni a los celos, y más a estas edades, que Hugo ya roza los 50. Quizás, sólo quizás, quiso provocar esta ruptura con su frialdad y dejar a Adara a la altura del betún frente a la audiencia con el fin de hacerse un Miriam Sánchez y alzarse ganador. La diferencia es que Miriam, nos gustara o no, no era fingida, se mostraba tal cual, y en el caso de Hugo, la estrategia se le salía por los poros hasta que le explotó en la cara. Ahora se quedó sin amiga y sin maletín.

Pero nunca es tarde si la dicha es buena. Todavía tiene la oportunidad de demostrar que en él habita un Hugo más amable y cándido, ese que abrazó a Dinio en plató y se desmoronó como un niño en los brazos de su padre, el lugar más verdadero de todos. Anoche no admitió sus errores, echó balones fuera y apuntó al resto como los culpables de su mal. Ese es el Hugo que la gente ha expulsado, la audiencia espera ver al otro, sin guiones ni pretensiones, con su carácter aguerrido sí, pero con la bandera blanca y dispuesto a admitir que la cosa se le fue de las manos. Veremos si Jordi González es capaz de rascar y ganar durante la entrevista en el debate del domingo. Hagan sus apuestas.

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