Estela Grande se sincera en la curva de la vida como esposa devota de Diego Matamoros: ¿inocente o pura estrategia?

Tenía todas las papeletas para ser una concursante diez. Belleza, disposición y un marido, Diego Matamoros, que ya es abonado en Telecinco de tantos polígrafos que se ha hecho. Sin embargo, ha costado mucho que llegue a la audiencia. Han tenido que pasar dos meses y medio y producirse la curva de su vida para que la conozcamos de verdad sin caretas, ni estrategias, simplemente como esa chica de 25 años que, a pesar de su imagen infantil y dicharachera, no ha tenido una vida de color de rosa.

Mediaset; (Twitter/GHOficial)

Gran responsabilidad de que su curva haya sido un electrocardiograma lleno de altibajos la tiene su esposo. Lo conoció a los 20 años y, por lo que cuenta, ha sido un ir y venir continuo lleno de inseguridades, inestabilidad y dudas que hicieron que la relación no cuajara en un primer intento. El segundo, tampoco es que fuera idílico. Un aborto, problemas de Diego con la familia Matamoros, concretamente Kiko y Laura, y discusiones de pareja que no impidieron que pasaran por la vicaría en lo que describe una boda de ensueño. “Fue una boda muy cercana, muy íntima”, recordó ilusionada.

Sin embargo, algo cojea en su relato. Hay pocos momentos de felicidad en esa curva y mucho sentir en la voz de quien la hace. Más que su curva parece la de Diego, así mismo lo dijo él en plató. Es como si Estela viviera por y para él, como si su vida estuviera basada en la de su marido. Lo que revela que ella se tiene poco en cuenta a la hora de exponer las cosas y está más pendiente de lo que digan, sienten y piensen los demás. Su relación de subidas y bajadas con él no se lo han puesto fácil. “Cuando Diego y yo estábamos bien, estábamos muy bien, pero cuando estábamos mal, estábamos muy mal”, recuerda.

Algo muy parecido a lo que le ha pasado en la casa. La suya ha sido un actitud poco definida, de hecho las primeras semanas a penas la veíamos. Estaba pero no se hacía notar sin llegar a calar a fondo en ninguno de sus compañeros, que, en el caso de Mila y Adara, siempre la han considerado una lobo con piel de cordero. Tan sólo tuvo su momento de gloria en su conato de romance con Kiko Jiménez. Lo suyo prometía carpeta pero con la doble expulsión del andaluz todo se quedó en un ‘Y si’. Tal fue su pillada por el joven que hasta su marido abandonó el plató varias semanas, se hizo un Sábado Deluxe poniéndola fina e incluso adelgazó 12 kilos.

La cosa no fue a más y Estela volvió a ser esa concursante con perfil bajo y desdibujado que daba bandazos por la casa. Durante mucho tiempo estuvo en tierra de nadie y buscando su lugar. En su esfuerzo por ser aceptada por alguno de los grupos intentó ser la súper amigui de Adara, pero la madrileña nunca terminó de cogerle el punto. Su falta de posicionamiento e integridad en las galas, su sí pero no, produjeron su rechazo y lo suyo terminó en una serie de discusiones en cadena que impidió esa amistad. Dolida siguió nadando a contracorriente en el concurso, encontrándose con Mila. La periodista intentó acercarse a ella y darle los mejores consejos pero se repitió la misma historia. Estela fue siempre poco clara con ella, le faltaba transparencia y compromiso, así que lo suyo tampoco cuajó. Las cosas han ido a peor y ahora lo único que les une son las broncas monumentales que protagonizan ambas.

En gran parte, por culpa de Alba. Y es que Estela, quien reconoce ser una persona súper insegura, terminó en el grupo de las pijitanas, junto a la ex de Feliciano López y Noemí. Allí, en el trío lalalá, es donde parece que por fin ha encontrado su sitio. Todo lo que diga Alba va a misa, y que nadie se meta con ella que saca toda la mala leche que no hemos visto durante el concurso. En la gala Límite 48 Horas del martes estalló la guerra. Mila, Adara y Antonio David pusieron a Alba en su lugar desenmascarando su carácter caprichoso y, en ciertos momentos, autoritario. A Estela le faltó poco para salir disparada del sofá y defender a su señora.

¡Como para no hacerlo! Cada vez que Alba sufre ataques lanza miradas amenazantes a sus cenicientas particulares como diciendo, ‘o me defiendes y ya verás luego’. Como le dijo Adara, es una amistad coartada, sin libertad y con condiciones. ¿Por qué no te defiendes tú y dejas a tus vasallas tranquilitas? Una entrega poco comprensible y que no es recíproca pues cada vez que Estela ha tenido un problema o enfrentamiento, la señora Alba no ha dicho ni mú. Jamás la hemos visto dar la cara por ella o demostrar esa entrega a muerte.

Sólo hay una cosa que sí hay que aplaudir a Estela y que ha sabido hacer mejor que nadie: no estar nominada. La joven se ha librado de las nominaciones. En ese sentido ha sabido torear bien la situación y no ha pisado la sala de expulsión. Entre que la última vez fue salvada por Alba y que había otros personajes en la casa que daban más chicha y guerra, Estela ha ido caminando de puntillas hasta la final, ya a la vuelta de la esquina.

Lo más triste de todo es que, sin contar a Kiko, no ha tenido ni amigos, ni enemigos de verdad. Por no tener, no ha tenido ni estrategias. Al menos esa es la sensación desde fuera. Aunque existe la teoría de un sector de seguidores del reality que apunta a que es muy lista y que lo tenía todo calculado, de ahí haber llegado tan lejos. Sea como fuere, un paso muy triste por una casa donde hay que vivirlo todo a mil, sin capas ni tantos miedos, con pasión y de frente. La cosa parecía que iba cogiendo color con lo de Kiko pero se produjo un coitus interruptus televisivo que impidió que la cosa llegara a más.

En menos de tres semanas el concurso termina y ese capítulo será lo único que recordaremos de ella. Nada que reprochar pero quizás hubiésemos esperado más fidelidad en sus relaciones, más verdad en sus discusiones y menos arrimarse al sol que más calienta, quizás por esa inseguridad que asegura tener.

Nos da en la nariz que todo lo que no ha sacado dentro va a derramarlo fuera en varios platós y con una caja registradora de por medio. Huele a personaje televisivo y con el panorama que le espera que incluye un suegro muy cabreado, un marido infiel y una Sofía Suescun que no le perdona su tonteo con Kiko, esperemos que se ponga las pilas y por fin saque esa fiera que lleva dentro. Por ahora le queda la final del VIP donde quizás se cuele de chiripa pero que dudamos gane. El público es soberano y quiere entrañas y pasión en este concurso, algo que, con todos nuestros respetos, le ha faltado a Estela.

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