Esta edición de 'El tiempo del descuento' no hay quien se la crea

Por fin se acabó la espera y El Tiempo del descuento se estrenó el pasado domingo. Los mismos personajes, la misma casa, las mismas tramas pero sin los ingredientes clave de todo reality: la espontaneidad, la autenticidad y el efecto sorpresa que vivimos en Gran Hermano Vip 7 brillan por su ausencia. En esta ocasión, todo era previsible, esperado y, seamos sinceros, bastante bien estudiado por sus protagonistas que han entrado con una ruta marcada en el mapa. Muy a pesar de los seguidores de este formato, y salvo pocas excepciones, la mayoría parecían guionizados y con una estrategia clara de qué hacer y a quién arrimarse.

(Twitter.com/tdeldescuento)

Solo hay que fijarse en Nuria, alias la melocotones. Ha sido entrar en la casa y hacerse íntima amiga de Adara. ¿Casualidad? Pues no mucho. Desde que ha puesto un pie en Guadalix ha ejercido de guardaespaldas de la ganadora del maletín ¡y hasta duermen juntas! Algo bastante surrealista que huele a chamusquina con el fin de ganarse puntos y hacerle la puñeta a Gianmarco, a quien la concursante acusó de catacaldos durante su concurso. Lo más gracioso de todo es que Adara le sigue el juego, le conviene como aliada y va a sacarle todo el partido que pueda, ¡qué feo, que feo!

Ahora que el maletín duerme en casa calentito, su justa ganadora, eso no lo discutimos, parece que ha sido abducida por un ángel. La chica que en su día gritaba, saltaba y sacaba de quicio a sus compañeros por su comportamiento infantil se fue, como diría Laura Pausini en su famosa canción. Ni rastro de ella. Hasta el propio Cejas ha dicho que está súper modosita e irreconocible. Ha tenido un amague de discusión con su archienemigo Antonio David, pero la sangre no ha llegado al río. Te graban, lo vende por los platós ¿y te quedas como si nada? ¿Dónde está esa Adara guerrera que planta cara y se lleva lo que sea necesario por delante? De momento ha brillado por su ausencia.

También ella ha protagonizado el momentazo de la noche y por el que Mediaset, muy inteligentemente, ha montado todo este chiringuito: el reencuentro de Adara y Gianmarco, protagonistas de la historia de amor más corta y cuestionada de todos los grandes hermanos. Nos vendieron un romance idílico dentro de la casa que muchos, incluida yo, vivimos intensamente, pero que como ha quedado demostrado tenía fecha de caducidad. Su inmadurez, líos personales y ganas de televisión han estado por delante de esos sentimientos que nos engancharon al 24 horas y provocaron nuestras ojeras.

De eso solo quedan las migajas. Su cara a cara ha sido tenso, cargado de reproches y alguna que otra miradita cómplice, buscada por un Jorge Javier que trataba de sacar de donde no había. Así que los seguidores de Giandara que no se hagan demasiadas ilusiones que aquí no huele a reconciliación. Adara parece que está más fuera que dentro de la casa. Todo apunta a que ha pasado página y hacia el italiano dice sentir solo “cariño”. ¿Cariño? Menuda decepción nos hemos llevado. Cuando los sentimientos son reales no cambian de la noche a la mañana, así que quizás de reales tuvieron poco, o si lo fueron, lo magnificaron. Se les rompió el amor pero no precisamente de usarlo.

Su estancia en la casa se supone que era para limar asperezas pero entonces nos enteramos de que Adara tiene los días contados pues su tiempo en la casa es limitado. Por asuntos personales que han preferido no desvelar, se marchará en unos días dejando a Gianmarco como un barco a la deriva y a quienes creyeron en ellos colgados. Tanto esperar para esto. Lo que vendía era el morbazo de a verles juntos nuevo y ahora resulta que la historia central es crónica de una muerte anunciada. Menudo timo.

Pero que no cunda el pánico, a Gianmarco siempre le quedará Joao. Éste y Anabel forman el nuevo dúo Sacapuntas. Aquella amistad pura, amorosa y a prueba de sangre entre el maestro y Adari se ha quedado en el intento, pero no le ha sido difícil buscarle sustituta. Aunque él intenta a toda costa acercarse a la que fue su cómplice y ya han tenido una conversación después de la gala (es lo que tiene ver el 24 horas, una se entera de todo), ella no está tan receptiva. La relación de Joao con Gianmarco, que por cierto duermen juntitos, no le hace demasiada gracia y así se lo ha reprochado medio en broma. En fin otro paripé más a la lista.

Hay más papelones en la casa. Lo de Estela y Kiko ya es de otro planeta. Su reencuentro no ha podido ser más fingido. Se han dicho de todo y a la vez han dejado ver un coqueteo tonto bastante poco creíble para seguir alimentando una ilusión de carpeta que está más muerta que muerta, si es que alguna vez existió. Una interacción de lo más cutre que no ha calado en el espectador. Desde plató sus parejas, Diego Matamoros y Sofía Suescun, volvían a entrar en una guerra algo menos agresiva y con bastante pereza de volver a lo mismo.

No podemos hablar de esta película sin mencionar al malo, malísimo, Antonio David. Ese es el personaje que él ha escogido en el guión. Atrás quedó aquel hombre apocado y agazapado que daba penita y lloraba por las esquinas. Ahora es el colaborador de Sálvame que, con su silla calentita ya asegurada en el programa, ha entrado guerrero y con la metralleta bien cargada. Ha disparado a matar contra Gianmarco y especialmente Kiko Jiménez. Todo muy bien aprendidito de casa, nada nuevo, mucho ruido y pocas nueces la verdad. Más que una discusión entre personas dolidas parecían peleas de gallos para ver quién quedaba por encima, especialmente entre AD y Kiko. Más de lo mismo, sinceramente.

Menos negativo pero también para llevarse las manos a la cabeza ha sido la entrada de Dinio, Pol y Hugo Castejón. El trío la la lá ya ha formado el primer grupito de la casa. Parece que en vez de entrar a un reencuentro para ajustar cuentas han entrado a la guardería. Risas tontas, bromas absurdas y comentarios de patio de colegio han sido las notas predominantes entre estos tres concursantes que se nota a la legua que parece haber sido planificado antes.

La cosa acaba de empezar y la primera impresión es que hay mucha cabeza y poco corazón, justo todo lo contrario de lo que debe ser este reality. Quizás tenga que ver con es el primer día y con el paso de las horas sus planes se vengan abajo. La casa, lo único verdadero y auténtico hasta el momento, suele desmontar a los farsantes con el tiempo. Las casi cien cámaras allí presentes lo ven todo y fingir 24 horas es agotador. Así que poco a poco iremos viendo a quiénes se les caen las caretas y quién se salva de este circo, si es que se salva alguno. Lo que hemos visto hasta ahora, aunque es entretenido y nos tiene expectantes, no deja de ser puro teatro.

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Imagen: Twitter.com/tdeldescuento