Adara pierde puntos con la audiencia con un reencuentro de pocas emociones y mucha decepción

Era el encuentro más esperado de los últimos años en Gran Hermano Vip. Por fin íbamos a ver a Gianmarco reunirse con su amada Adari. La expectación fue máxima pero la decepción también. El cuento de hadas acabó en apenas diez minutos sin gestos de cariño ni las miradas cómplices de su día en la casa. No hubo un ‘te quiero’ o un ‘te espero’, ni siquiera conexión física, tan solo dudas, incertidumbre y cero emoción. Sobre todo por parte de Adara. La visita de su novio Hugo Sierra justo antes, con morreo incluido, sumió a la concursante en un mar de dudas y Gianmarco acabó pagando los platos rotos y con el corazón partío.

Twitter/GHOficial

Si lo analizamos fríamente, es normal que Adara estuviese hecha un lío. No era el momento ni el lugar para mandar al padre de su hijo a freír espárragos y prometiera amor eterno al italiano. Hasta ahí es comprensible. Son decisiones que requieren tiempo de cocción.

Pero la falta de empatía de la joven con Gianmarco fue un jarro de agua fría para muchos. Especialmente porque él entró absolutamente enamorado y así se lo hizo saber. “¿Sigues sintiendo lo mismo?”, le preguntó ella. “Siempre”, contestó él. Y entonces, toda las dudas sobre este chico que parecía ser el interesado de la película se disiparon y todas quisimos ser Adara por un minuto.

Desbordado por sus sentimientos, Gianmarco le preguntó varias veces, quizás en exceso y por los nervios, si tenía que esperarla fuera. “No lo sé”, le repitió ella en todas las ocasiones. No hubo ni una chispa de esperanza ni ningún mensaje cifrado de los suyos a los que el italiano pudiera aferrarse, hasta los abrazos fueron como el de dos desconocidos. Insistimos, más por parte de ella. “Estoy enamorado pero no soy tonto”, dijo al borde de las lágrimas una vez en plató. “Su mirada era de completa indiferencia”. Por aquello de agarrarnos a un clavo ardiendo, tan sólo hubo un momento de debilidad por parte Adara cuando veía como su compañero abandonaba el búnker derrotado. “Gianmarco….”, le dijo. Y cuando todos esperábamos que se tirara a sus brazos y le besara, le miró y le añadió: “No lo sé”.

Las carcajadas se dispararon en plató por la actitud confusa e infantil de Adara. ¿Qué quería decirle? ¿Está escondiendo de nuevo sus sentimientos hasta que salga de la casa y vea todo? ¿Dónde quedó esa mujer que se deja llevar por el corazón en cada momento? Ayer, desde luego, brilló por su ausencia. Era como si lo tuviese todo fríamente calculado, como si esos sentimientos que siempre la han desbordado en la casa los hubiera frenado hasta nueva orden. O quizás la verdad es que no sintió nada, se bloqueó y no supo cómo salir del atolladero. También podría ser que esté enamorada de los dos. Uno le dio un hijo y una gran historia de amor que no se olvida de la noche a la mañana, y el otro es la frescura, la novedad, el enamoramiento inicial que te alborota las entrañas. 

¿Cómo no estar confusa? La visita de Hugo minutos antes no ayudó nada. No es que el encuentro entre la pareja fuera una fiesta de fuegos artificiales, al contrario, la pasión y el amor brillaron por su ausencia. Hubo respeto, cariño, disculpas pero poco más. Ah bueno, y un beso, bastante poco creíble por cierto, que Hugo le plantó a su chica en la boca y que ella, para qué lo vamos a negar, correspondió sin hacer ascos. Una situación que el pobre Gianmarco vio desde la otra sala y que le tumbó de inmediato, literalmente. Por eso su entrada no fue tan efusiva. Llegaba de bajón y decepcionado a verla, para qué negarlo. Él hubiera querido ese beso, pero se lo guardó como buen caballero. Y decimos caballero porque al igual que Kiko Jiménez le soltó a Estela durante su visita lo más grande sobre Diego Matamoros, él podría haber hecho lo mismo con Hugo y haberle envenenado a Adara con información del exterior.

Pero no lo hizo, prefirió no desestabilizarla y esperar a que ella se enterara fuera. Permiso tenía y razones también. Porque si hubo alguien que jugó sus cartas como nadie, ese fue el señor Hugo Sierra. Anoche era otro. Lo habían cambiado. Era todo dulzura, amor y palabras bonitas. El despechado que recorrió varios platós, el que hiciera varias entrevistas poniendo a parir a su mujer y a la madre de ella, Helena, y el hombre que ya tiene las demandas en manos de abogados por la custodia de su hijo ahora resulta que es un santo.

Hubiese ganado muchos más puntos siendo sincero y reconociendo que no lo ha hecho todo bien frente a Adara. Pero Hugo se ahorró esos ‘pequeños’ detalles quedando como la víctima, una actitud poco valiente que tuvo sus frutos ya que logró ablandar a una confundida novia.

La jugada medio le salió, pero que no se entusiasme que la batalla no está ganada. Adara tiene que salir de la casa y ver, entre otras cosas, la bronca monumental entre él y su madre Helena en la gala de ayer donde habló a su suegra de muy malas formas. Su relación es nula, sobre todo después de ver la actitud de Hugo con su hija en las últimas semanas y sus paseos por los platós. ¿Y ahora nos vienes hablando de sentimientos y de recuperar a Adara? Difícil de creer.

Él sabe que no las tiene todas consigo, incluso se atrevió a decir que aunque estaba contento con el beso, faltaron cosas en esa conversación. “Faltó un te amo”, dijo a Jordi González. Así es. Adara quiere, necesita saber muchas cosas, por eso no dejaba de preguntarle qué conclusión había sacado de todo lo ocurrido y qué estaba dispuesto a cambiar. Les queda una conversación larga y tendida fuera, sin focos, cámaras ni poses. Una charla profunda que podría unirles de nuevo o romper definitivamente su ya endeble relación. 

No sabemos qué va a pasar pero con su comportamiento Adara ha perdido muchos puntos. Las redes sociales están inundadas de comentarios que le recriminan su falta de tacto con Gianmarco y, sobre todo, que no haya escuchado a su corazón. Le acusan de haber vendido una pena para llegar hasta donde está, la final, e incluso la señalan como la gran estratega del programa. Hay otros muchos que defienden su postura sosegada y que aseguran que, hiciese lo que hiciese, hubiera sido duramente criticada. Si no le da carrete es porque es fría y si se hubiera mostrado enamorada le habrían catalogado de infiel, traicionera y mala madre. En fin, que su posición tampoco es fácil.

En lo que respecta a Gianmarco, aquel chico por el que nadie apostaba un duro, el mueble de la casa y el que solo aspiraba a hacerse una carpeta, ha quedado como la gran víctima de esta historia. Parece que es el único que tiene claros sus sentimientos, el que está enamorado de verdad y el que ha esperado a Adara sin condiciones, a pesar de los momentos de dudas. ¿Lo seguirá haciendo a partir de ahora? Le toca digerir todo lo ocurrido, pensar en frío y escuchar a su corazón dolido.

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