El año en que Telecinco hizo saltar por los aires su neutralidad política con Ana Rosa Quintana y Jorge Javier Vázquez

Teresa Aranguez
·12 min de lectura

El 2020 será recordado por muchas cosas, y no precisamente agradables. Además de la pandemia, el Merlos Gate y la herencia envenenada de Paquirri como temas que hicieron arder los índices de audiencia, este año también pasará al recuerdo por el posicionamiento político sin filtros, anestesia ni vergüenza, de los presentadores estrella de Telecinco: Jorge Javier Vázquez y Ana Rosa Quintana. El estallido del coronavirus y su manejo por parte del gobierno y oposición desencadenaron cabreos de órdago y ataques televisivos a políticos de ambos bandos que dejaron al descubierto el fin de la neutralidad informativa en los programas de tertulia más populares de Mediaset.

A pesar de haberse mantenido como una cadena apolítica en su ideología durante años, 2020 se corona como el año que terminó con dicha tradición, reflejando la polarización política que se respira en el país en la parrilla diaria de Telecinco. Y en el centro hubo dos presentadores que se convirtieron en reyes únicos de la palabra.

Ana Rosa y Jorge Javier (imágenes de Mediaset)
Ana Rosa y Jorge Javier (imágenes de Mediaset)

Con los capitanes del barco tan posicionados y enfrentados a los partidos de turno, aquellos comienzos apolíticos por los que abogaba Paolo Vasile en el contenido de Mediaset han pasado a la historia. Entre el famoso “este es un programa de rojos y maricones” de Jorge Javier y el “le resbala la hemeroteca” de Ana Rosa a Pedro Sánchez, sus ideales quedaron al descubierto y, lo que es más preocupante, su cero intención en dejar de hacerlo. Los egos se dispararon y ya no se cortan un pelo, ni siquiera en enfrentarse a sus compañeros.

A comienzos del mes de abril, y con la alerta sanitaria ya activada, Jorge Javier apoyaba la actuación del gobierno desde el plató de Sálvame diciendo “No tengo datos para pensar que el gobierno lo está haciendo mal. Sigue teniendo mi confianza”, y pocos días más tarde criticaba el posible mal uso de la información colocándose en el centro. Básicamente, denunció ser víctima de una campaña de bots ultraderechistas en la red que definió como “una maquinaria de extrema derecha para que nos callemos”.

De esta manera fuimos testigos de cómo Jorge Javier se iba quitando capas de neutralidad para ir desnudando poco a poco ante la audiencia sus opiniones, críticas y quejas, pasando del debate político a la proclamación única de sus creencias. Una liberación de ideas que alcanzó su momento más álgido durante un debate entre el conductor y Antonio Montero. En una agitada discusión de Sálvame diario dedicado a un tema que no tenía nada que ver con la política como fue el Merlos Gate, al fotógrafo se le ocurrió defender la legitimidad de Vox, el partido de Santiago Abascal y Jorge Javier reaccionó en seco, callando al colaborador de manera rotunda. No te voy a dejar hablar para decir tonterías” contestaba el de Badalona. Este programa es de rojos y maricones, el que no lo quiere ver que no lo vea, gritaba a los cuatro vientos dejando una frase que despertó debates en redes sociales e hizo que Jorge Javier hablara de posibles reprimendas políticas días más tarde. “Podéis debatir lo que os salga de la peineta, pero aquí los discursos y las mierdas no”, añadió después. “Estoy hasta las narices de que coléis los discursos de Vox aquí. No lo voy a permitir. A tomar por culo”.

Aquella frase histórica llevó a que muchos especularan con el cambio de imagen de Jorge Javier, pasando de presentador gracioso de cotilleos a coronarse como gurú de izquierdas. Incluso llegó a decir: “Yo estoy convencidísimo de que a mí me van a preparar algo. Da una semana que ya verás cómo van a empezar a salir informaciones de lo que sea [...] Hostias vamos a recibir todos”, concluyó como si de una premonición se tratase.

Otro capítulo se vivió unos meses más tarde entre Jorge Javier y Belén Esteban, una amistad que estuvo a punto de romperse cuando a la de San Blas se le ocurrió criticar la actuación del gobierno en plena crisis del coronavirus diciendo que no habían estado “a la altura”. Hasta ahí, todo pasable para el presentador de Sálvame. Ambos intercambiaron sus opiniones opuestas pero sin que la sangre llegara al río, sin embargo la bomba explotó cuando Belén tocó la tecla “prohibida” y dio a entender que a él la pandemia no le había afectado de la misma forma que a la gente de clases más humildes.

Me voy a cabrear y mucho. Estoy del discursito de ‘mis amigas viajan en metro’, ¿de qué coño te crees que viven mis hermanas? No vayas por ahí porque vamos a acabar muy cabreados. No me vas a dar lecciones de nada”, dijo enfadadísimo mientras las redes se disparaban viralizando el momento. Tanto que se fue del plató dejando a su compañera sin palabras y lágrimas en los ojos. La pelea dio para varios programas y un final feliz con reconciliación televisada.

Pero, ¿desde cuándo un programa de cotilleo se he metido en estos charcos? Pues desde este 2020 y la condenada pandemia. El malestar de unos y el hartazgo de otros ha provocado ese debate en la tele y en directo haciendo partícipe a su público de lo que realmente sienten y piensan. Un gran hermano en toda regla que ha dejado momentos bochornosos en algunos casos que ya son historia de la televisión.

Algo bastante inimaginable cuando Berlusconi le pasaba el mando a su ahijado Vasile. Aunque su antecesor es conocido por su pasión por la política e incluso por haberse dedicado a ella, no era el caso de su pupilo. El consejero delegado de Telecinco prefería convertir la cadena en una herramienta para “hacer compañía a la gente” y combatir “esa enfermedad social difusa” que es la soledad. En estas declaraciones que recogía el diario ABC hace dos años expresaba sin tapujos que “el enemigo de la comunicación es el poder político“ y que que uno de los pilares en los que se basa su grupo televisivo es “no influir en la máquina del poder”. Es decir, lo suyo es su audiencia, llegar a ellos y tocar sus vidas con los dramas y alegrías que se cuenten.

Un objetivo que han superado con creces. Su contenido está entre los favoritos del público y los datos de share así lo dictan. Sin embargo, este año y debido a las circunstancias, la cosa se les ha ido de las manos. Pero no solo a Jorge Javier, también a una veterana en esto de entrevistar políticos, cubrir elecciones y crisis de todo tipo. Hablamos de Ana Rosa Quintana. La reina de las mañanas no ha tenido reparo en arremeter contra Sánchez y su equipo no una, ni dos, sino todas las veces que fueran necesarias. De hecho, no hay semana en la que no le dedique algún que otro dardo envenenado, coronándose como una de las voces más influyentes al comienzo del día a la hora de imponer un varapalo mediático con dosis de opinión incluida.

La lista de rapapolvos al PSOE y su comitiva es bastante larga y se necesitarían unas cuantas páginas para contarlo con detenimiento. Desde el confinamiento hasta hace apenas unos días, la ganadora del Premio Ondas ha dado a Sánchez hasta en el carné de identidad. En junio, y después de poner a parir las medidas del presidente del Gobierno en plena pandemia, Ana Rosa arrancó uno de sus programas arremetiendo sin piedad contra el susodicho. La polémica sobre la cifra de fallecidos por la COVID-19 que nunca terminaba de llegar con exactitud hizo explotar a la periodista, generalmente bastante comedida en sus intervenciones (al menos las políticas).

Se despachaba así de molesta por la supuesta utilización del dato de las víctimas de la pandemia . “Pedro Sánchez aseguró en sede parlamentaria que su gestión ha salvado la vida de casi 500.000 personas. Dicen que si torturas a los números acabarán diciendo lo que tú quieres que digan. Hemos pasado de la postverdad al marketing político de los números para maquillar la realidad", explicaba ante la atenta mirada de sus colaboradores. “La cifra del Gobierno sigue siendo de 27.000 españoles fallecidos, mientras los registros hablan de 43.000. Si hacemos la resta que queda en el limbo, 16.000 españoles más han perdido la vida. El presidente anunció ayer un homenaje de Estado a las víctimas para el 16 de julio, es decir, si se construyera un memorial con los nombres de las víctimas oficiales, 16.000 personas caerían en el olvido", prosiguió.

Esto fue antes de irse de vacaciones dos meses. Su regreso a comienzos de septiembre fue de todo menos conciliador. Aunque no trabajó ni julio ni agosto, sí hizo los deberes y se anotó todo lo que le iba a decir a Pedro. Su vuelta al plató sorprendió, no solo por su moderno cambio de imagen, sino por lo que soltó. Frases que iban desde "dijeron que saldríamos más fuertes y salimos enclenques" hasta "nos dijeron que había un comité de expertos y solo existió en su imaginación". Un discurso del que Pablo Iglesias tampoco se escapó, en este caso aludiendo a El club de los poetas muertos. "Unos pocos años atrás, un humilde profesor universitario, se llamaba Pablo, mostraba en televisión su nómina de 950 euros. Hoy, ese humilde profesor que animaba a sus alumnos a subirse a los pupitres del aula como si fuera el profesor John Keating, de El club de los poetas muertos, para ver la realidad desde otra perspectiva, es vicepresidente del Gobierno. Ya no enseña la nómina en televisión, y en lugar de subirse al pupitre se ha subido a un coche oficial", dijo muy inspirada.

A lo largo del año, Ana Rosa también convirtió sus minutos de antena en altavoz para Isabel Díaz Ayuso a través de entrevistas varias y defendiendo la gestión de la presidenta de la Comunidad de Madrid, subiendo el volumen de las tendencias virales con cada opinión. Como la vez que comparó la falta de vacuna para la Covid-19 con el SIDA, haciendo estallar las redes sociales con burlas, memes y críticas de todo tipo.

Pero hace unos días la reprimenda de Ana Rosa sorprendía al centrarse en Madrid y directamente en la gestión de Isabel Díaz Ayuso, sentenciando que "la situación en Madrid genera un desconcierto tremendo" mientras recordaba que si bien había aplaudido su trabajo "al principio de la pandemia” porque “fue de las que más rápido reaccionaron”, añadió: "No entiendo cómo llegamos ahora a este rebrote y estamos igual que estábamos en marzo".

El ránking de críticas y azotes contra el gobierno sigue hasta día de hoy. Hace apenas unas semanas Ana Rosa hacía pública una conversación off the record con Felipe González. Con motivo de la presentación de un libro sobre el fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba, una de las grandes figuras del PSOE, el que fuera presidente del gobierno desde 1982 hasta 1996 habló maravillas de su compañero pero también horrores del actual gobierno, liderado por su partido. Unas declaraciones que AR apoyó en su programa donde confesó lo que en su día habló con González y hasta ahora había sido top secret. “Llamar progresista a una alianza con Bildu y Esquerra de Cataluña es que estamos retorciendo las palabras, es de todo menos progresista...Pedro Sánchez no puede volver a decir la palabra 'progresista", recordó que le dijo.

Después del confinamiento y tras una entrevista en El programa de Ana Rosa con el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz (PP), Jorge Javier usó su columna de Lecturas para pedir que por favor no se saquen a personas así en televisión. "Su imagen vetusta, antigua, reaccionaria y antipática ha provocado en mí los mismos efectos que el bromuro”, explicó en su blog. "Que imparta su doctrina en el salón de su casa pero, por favor, no lo saquemos más en televisión". Una indirecta muy directa a su colega de la mañana. Pero sin más. Lo mismo al contrario. A pesar de sus evidentes diferencias ideológicas ninguno ha cruzado los límites con respecto al otro. Ni siquiera cuando Jorge y Belén protagonizaron su famosa bronca y él abandonó el plató, Ana Rosa se mojó demasiado. Se limitó a decir que “hay una superioridad intelectual, en el debate (Jorge) tiene muchas más tablas. Yo creo que Belén estaba muy fastidiada y se lo toma mucho más sentida".

Ana Rosa, Jorge Javier y viceversa, conviven en la misma cadena pero con ideologías opuestas resumiendo a la perfección esa polarización política que se vive en España a través de las pantallas. Son el reflejo de la realidad que nos rodea con la diferencia de que en 2020 rompieron sus cadenas profesionales con la neutralidad para liberar esas ideas, predicando opiniones en lugar de compartirlas. Todo esto fruto de una realidad convulsa e incierta, de una crisis que ha aflorado sentimientos y frustraciones, llevándolos a dar el paso de quebrar con la tradición y alzar banderas políticas según prefiera cada uno.

Dicho esto, y teniendo en cuenta las declaraciones citadas de Vasile y la tendencia neutral previa de Mediaset, nos preguntamos si la viralidad provocada por las opiniones radicales de ambos presentadores será el motivo para que la cadena haya abierto la veda de la neutralidad política. Después de todo la televisión se mueve a base de audiencias, y tanto Jorge Javier como Ana Rosa fueron tendencia con la exposición de sus ideas. Sin dudas, la pandemia ha sembrado un precedente y una nueva forma de hacer televisión que Vasile ha terminado aceptando. Les ha dado juego y audiencia, ha entretenido y generado conversación, colocando a ambos presentadores en el ámbito político despañol con su mera opinión.

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