El teatro de Anabel Pantoja en 'Supervivientes' no se lo cree ni ella

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Quién la ha visto y quién la ve. Anabel Pantoja es otra. Atrás queda la chica tímida y miedosa que acudía a Supervivientes en 2014 y abandonaba a las dos semanas. La nueva versión de la sobrina de la tonadillera es radicalmente opuesta, incluso se puede decir que ahora es ella quien domina el cotarro en Honduras. Pero a la sevillana se le ha escapado un pequeño gran detalle y es que el público no se ha caído de un guindo. Por muy desenvuelta y resabiada que se muestre, su arranque en la isla se antoja a papelón. 

Es como si se hubiera llevado a Sálvame en la mochila y dejado en casa lo más importante que se necesita en un reality. Y cuidado, porque esto le puede pasar factura.

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Todos los ojos estaban puestos en ella, sobre todo los primeros días. Después de su marcha de la edición de hace 8 años, nadie apostaba un duro por ella. Ni siquiera sus compañeros. De hecho, Jorque Javier Vázquez lleva bromeando con su abandono desde que empezó. "Puede ser todavía peor y más corto que la otra vez", dijo en la rueda de prensa de presentación del programa. Todavía hay que darle unos días pero, visto lo visto, no lo tengo tan claro. Es cierto que atraviesa uno de los momentos más duros de su vida en lo personal con la separación de Omar y, sobre todo, el delicado estado de salud de su padre, pero por otro lado, el lastre de 'perdedora' que lleva a sus espaldas la hace querer superarse y dejarse el resto.

Y hasta ahora lo está haciendo, pero en exceso, tanto que personalmente no me la termino de creer. Sí, es Anabel personaje en estado puro, un Sálvame en directo desde la isla. Mismas bromas, mismos dramas, mismas reacciones, mismas discusiones con Kiko. Es una representación en estado puro, como si tuviera los puntos estudiados y aprendidos de memoria. Es vedad que apenas llevan 5 días y esto apenas acaba de empezar. Pero así, de refilón, me da la sensación que lo suyo es puro teatro y, lo que es peor, ni siquiera lo disimula. Como si viera una cámara y enseguida se pone a hacer cosas para impresionar y dar contenido. Parece que se ha tomado muy en serio lo de generar historias y ser protagonista, y de hecho lo está siendo, pero en el camino se ha olvidado del ingrediente clave que el público busca: la naturalidad. Todos están en su derecho de tener tácticas y estrategias, sin embargo, aparentar o dar la sensación desde casa de que estamos viendo un papelón suele estar castigado en las nominaciones.

Para empezar, ese acercamiento con Yulen no se lo cree ni ella. Tiene un tonteo imparable desde la convivencia. Hasta ahí todo bien. El chico es guapo, tiene un aire a su ex y todas las características para gustar. Pero de ahí a que ya esté durmiendo con él haciendo la cucharita y le pregunte frente a las cámaras dónde ha sido el lugar más atrevido en el que ha tenido sexo, se antoja demasiado previsible.

Este domingo le confesaba a su compañero que en su caso fue en un coche en marcha. La escena fue tan divertida como fingida, al menos tal y como yo la percibí. Todo muy atropellado, cero espontáneo, una escena tan graciosa como poco original. Aún así, ha conseguido su objetivo, que todos hablen de ella y de su tensión sexual no resuelta con Yulen. No dudo que no la haya, pero tampoco que Anabel lo haya incluido en su guion para ser protagonista y generar morbo.

Atrás queda esa Anabel tímida, miedosa, asustadiza, insegura y en un segundo plano que vimos en Supervivientes 2014. Parece otra, y eso es bueno pues es justo lo que se le pedía. A Honduras a llegado una versión opuesta, guerrera, líder, bromista e incluso estratega. Nadie termina de entender del todo como es posible que en la convivencia inicial se matara con Kiko Matamoros y después le eligiese para su equipo. Inconcebible pero con una explicación clara para muchos. A pesar de sus guerras, él es fuerte y les unen años en plató, así que probablemente haya preferido lo malo conocido que lo desconocido. Y parece que la alianza funciona porque de momento no han discutido más. Incluso me atrevo a decir que ya son los líderes del grupo, los que dirigen la orquesta y a los que los demás abanican. Y los que no lo hacen, como Rubén y Juan, ya los tienen desterrados y aislados por disidentes al no entrar por el aro.

Todo pasa por el filtro de Anabel y ella es a la que todos se dirigen para consultar dudas o compartir preocupaciones, da órdenes, como líder del grupo que es, y toma las decisiones importantes. Como dijo este domingo Tony Espina en la gala, "tiene muchos palmeros" porque ha entrado "como la favorita". Ella lo sabe y de ahí el andar por las nubes. Se ha hecho un hueco importante en el grupo y eso la ha convertido en una pieza destacada. También es la graciosa, algo muy necesario en estas condiciones adversas. Pero su gracia sigue sin convencerme, no hay cercanía y me falta franqueza, solo muchos humos. Es volver a ver a la misma chica de Sálvame pero sin el móvil ni la posibilidad de irse de plató. El teatro que ha dado durante tantos años en su programa, esas tragedias romanas que ha protagonizado y batallas campales han hecho callo en ella y es lo que la está salvando en la isla. Pero también restando verdad. Me da la sensación de que se ha llevado con ella un disfraz que por mucho que le esté sirviendo al principio, terminará por caerse para mostrar quién es, y será ahí cuando empecemos a creérnosla.

Cuando uno observa a participantes como Desirée, Nacho, Ana Luque, Ainhoa o Ignacio de Borbón, se ve lo que verdaderamente es, sin trampa ni cartón. Te podrán gustar más o menos, pero son transparentes. Sus alegrías y cabreos no son exagerados, son reales y uno, desde casa, se siente identificado. Todo lo contrario a lo que ocurre con Anabel. Y me da pena decirlo porque se merece esta oportunidad, pero tiene que bajar el volumen y esa necesidad de demostrar que ella puede con todo. Si se relajara un poco, la cosa cambiaría y la beneficiaría.

De momento todo es muy happy flower y sus intenciones por demostrar a sus compañeros que ella es fuerte están a todo dar. Pero en esa necesidad por demostrar que es capaz de durar y hacer un buen reality está exagerando su papel. Seguramente lo haga porque es lo que se espera de ella y en unos días se dé un golpe de realidad para volver a ser ella misma. De momento yo solo veo a una chica tratando de llamar la atención, ser la protagonista de la novela y generar historias para que se comenten en España. Un personaje que, por ahora, no me creo. Incluso me agota.

En Mediaset ya no se habla de otra cosa. Porque si hay algo que genera Anabel es amor y odio a partes iguales. Tiene a su batallón de defensores pero también de detractores que no la dejan pasar ni una. Es, sin lugar a dudas, uno de los personajes de esta historia y el que más está en el punto de mira. Espero que no se equivoque, se olvide de la ficción y nos dé más realidad. Tiene todos los ingredientes necesarios para hacer un concurso estupendo, lo que no sé es si ella es consciente.

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