Te han engañado: la radiación de tu móvil o del wifi no es peligrosa y te contamos por qué

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Photo credit: Foto de Ono  Kosuki / Pexels
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Si perteneces a la generación milenial o mayor, seguramente hayas asistido al nacimiento y expansión de la telefonía móvil e internet. Durante décadas años, las antenas de telecomunicaciones nos han permitido comunicarnos con personas al otro lado del mundo en segundos.

Pero, como cualquier tecnología nueva, esta no está exenta de miedosos y escépticos. Nos apostamos una comida en el mejor restaurante de Madrid a que alguna vez te han aconsejado no dormir cerca de tu smartphone o incluso poner cierta distancia de seguridad entre tu aparato de wifi y tú mismo. Pues en este artículo venimos a decirte algo: ‘emosido engañado’. Te ayudamos a desmentir el mito de que las ondas de radiofrecuencia son peligrosas.

Photo credit: Foto de Ono  Kosuki / Pexels
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Antes de comenzar, debemos entender qué tipo de radiaciones existen, cuáles son perjudiciales, y cuáles son las que transmiten nuestros aparatos.

Photo credit: NASA
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La radiación es, digamos, energía que se transmite por el vacío a través de partículas subatómicas. Todo lo que existe produce radiación, desde tú mismo hasta las estrellas más lejanas del universo. Incluso los colores que ves son radiación; concretamente, la luz visible es la parte del espectro que podemos percibir con nuestros ojos. Si quieres más detalles sobre qué es el color y conocer, por ejemplo, por qué el cielo es azul, no te pierdas nuestro artículo sobre el tema.

Fuentes de radiación que SÍ deberían preocuparte

En el espectro de radiación electromagnética encontramos radiaciones de menor a mayor energía. La única que se considera peligrosa para los seres vivos es la radiación ionizante: cuando la radiación es de muy alta energía, su longitud de onda, como se puede ver en el gráfico superior, es cada vez más pequeña, tanto como un átomo. Es entonces cuando puede atravesar nuestras células y causarnos daño. Al alcanzar nuestras células, esta radiación puede provocar modificaciones en su núcleo, que es donde se almacenamos nuestra información genética en forma de ADN. Aunque todo dependerá de la dosis, como veremos.

Cuanto más energética sea la radiación, más peligrosa puede llegar a ser para nosotros. Radiaciones que puedan afectarte son por ejemplo los rayos del Sol (rayos ultravioleta o UV), que pueden causar a largo plazo un melanoma u otros tumores de piel, si la dosis es muy elevada.

Más energética aún es la energía nuclear. Si nos hiciéramos las suficientes radiografías o estuviéramos expuestos a una hecatombe nuclear acabaríamos desarrollando mutaciones peligrosas o incluso moriríamos en pocos días. Pero las dosis de esta radiación que se usan en medicina o en las centrales nucleares son lo bastante bajas como para ser insignificantes para el ser humano.

Por último, existe la radiación ionizante que proviene del espacio exterior, la radiación cósmica (rayos X y rayos gamma). Mientras lees este artículo, millones de partículas altamente cargadas golpean la palma de tu mano. Sin embargo, la radiación cósmica que recibimos equivale a no más de dos radiografías de tórax al año, según el Consejo Nacional de Protección Radiológica y Mediciones.

Como vemos, la radiación ionizante a la que un ciudadano medio está expuesto es poco significativa y, más allá de no exponernos demasiado al Sol y sin protección solar, no hay nada de lo que debamos preocuparnos.

Tu smartphone, el 5G, tus electrodomésticos y otras fuentes de radiación que no deben preocuparte

Photo credit: Foto de Aleks Magnusson / Pexels
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Ya hemos visto qué tipos de radiación ionizante existen, que SÍ son peligrosos para la salud. ¿La de la telefonía móvil y 4G (y ahora 5G) se encuentra entre ellas?

La radiación electromagnética no ionizante es la que emiten los aparatos electrónicos que nos rodean. Esto significa que su energía es lo bastante baja como para no causar más que un leve cosquilleo en nuestra piel. La longitud de onda que emiten nuestros aparatos es muy larga y no puede atravesarnos.

Dentro de las radiaciones poco energéticas, la radiación del microondas es algo más intensa. Aun así, se encuentra perfectamente diseñada para emitir la energía suficiente para agitar los átomos de los alimentos. Esta fricción es la que calienta rápidamente esta materia, para que nosotros podamos luego consumir a gusto nuestro plato de lentejas recalentado del táper.

Pero la radiación de los móviles o el wifi es incluso más baja. Estos rayos son poco energéticos y los dispositivos funcionan a muy baja intensidad, lo que esta radiación no puede producir ningún tipo de efecto a nivel biológico, o si los produce, es mínimo; nada que podamos notar ni nos pueda hacer daño. De hecho, según cita la Organización Mundial de la Salud (OMS), los niveles de exposición a la radiofrecuencia de las tecnologías actuales dan como resultado “un aumento insignificante de la temperatura en el cuerpo humano”.

Un 'negocio del miedo'

Para Alberto Nájera López, físico, doctor en Neurociencias, profesor, investigador y coordinador de la Unidad de Cultura Científica de la Universidad de Castilla La Mancha, existe un tipo de charlatanería que se aprovecha del desconocimiento para generar un ‘negocio del miedo’.

“Las ondas de radiofrecuencia son las que usamos para las telecomunicaciones, como el 5G o la telefonía. Estas están entre diez mil y cien mil veces por debajo de los límites establecidos como potencialmente peligrosos”, explica Nájera. De hecho, existe un organismo llamado Comisión Internacional de Protección ante la Radiación No-ionizante (ICNIRP) que se dedica a estudiar los posibles peligros de las ondas de radiofrecuencia. “En 30 años de utilización de estas tecnologías, no hay ningún estudio asociado a problemas de salud derivados de su utilización, como denuncian los movimientos conocidos como ‘antiantenas’”, cuenta.

Photo credit: Foto de Daniel Gejão / Pexels
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Dentro de este negocio del miedo no solo están estos movimientos pseudocientíficos. También existen productos que se pueden encontrar fácilmente en tiendas online que prometen reducir los ‘perjudiciales’ efectos de nuestros aparatos electrónicos, desde ciertos minerales hasta pegatinas de papel. Estos productos alegan disminuir supuestos efectos negativos producidos por nuestros dispositivos electrónicos, como acúfenos y dolores de cabeza. Pero el material del que están hechos estos productos no tiene la capacidad de interferir de ninguna forma en las ondas electromagnéticas y, aunque pudieran hacerlo, no hay ningún efecto perjudicial que puedan evitar.

Las razones por la que este tipo de mitos perduran son diversas. Desde los intereses económicos de quienes se benefician del miedo de los ciudadanos hasta los múltiples sesgos que dominan nuestra mente sin quererlo. Quizá por la misma razón que leemos nuestro horóscopo esperanzados nos vamos a dormir dejando nuestro móvil en otra habitación. Así que, quizá la mejor forma de terminar este artículo sea citar la popular frase de un desarrollador informático italiano que publicó en su cuenta de Twitter, conocida hoy como ‘la ley de Brandolini’: “La cantidad de energía que necesitamos para desmentir una chorrada es bastante superior a la que se necesita para inventarla”.

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