Tarradas recrea la Cuba del siglo XIX con una "Escarlata O'Hara española"

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Madrid, 11 ene (EFE).- "Sabemos mucho de la historia de otros países pero en la nuestra hay agujeros de los que nadie habla y son apasionantes", dice el escritor Rafael Tarradas Bultó, que dedica su última novela a las plantaciones azucareras de la Cuba española del siglo XIX con una protagonista: una "Escarlata O`Hara española".

Plantaciones y esclavitud, lujo y lucha de clases, naturaleza exuberante, amor y venganza se unen en "El valle de los arcángeles", editada por Espasa y que llega mañana a las librerías, la segunda novela de Rafael Tarradas (Barcelona, 1977) tras la exitosa "El heredero".

En una entrevista con Efe, Tarradas, que se declara un apasionado de la historia de los siglos XIX y XX, explica cómo llegó a esta época convulsa en una Cuba todavía bajo dominio español en la que se hicieron grandes fortunas con los ingenios azucareros que mantenían con esclavos, un monopolio que formó una élite, la alta sociedad criolla, empeñada en que nada cambiara.

"Algunos de mis tatarabuelos fueron indianos", recuerda el autor, que asegura que a través de los recuerdos de su familia llegó a la historia del siglo XIX en Cuba, un período "apasionante porque es la época de máximo esplendor y a la vez es cuando se está acabando todo".

En 1820 se prohibió que las compañías españolas traficaran con esclavos pero se eludían las leyes usando banderas de conveniencia. Además, las disposiciones afectaban solo al tráfico, no al mantenimiento de la esclavitud en la isla, de tal forma que aunque se abolió en 1880, no se hizo efectiva en Cuba hasta 1886.

Atemorizados por lo ocurrido en Haití, donde una revolución logró la abolición de la esclavitud, los propietarios de los ingenios azucareros cubanos intentaron controlar que el número de esclavos no superara en la isla el de hombres libres.

Pero en una plantación, en uno de los ingenios azucareros como el que recrea en la novela, podía haber 600 personas esclavas. "Intentaban que no se unieran en grupos y se rebelaran mezclando etnias o les daban un cerdo y una parcela de tierra que colocaban junto a lo mas importante de la plantación, las calderas, para que no las incendiaran", indica el autor, que señala que la población esclava llegó a alcanzar el 54 por ciento del total de Cuba.

Muchas de las grandes fortunas españolas comenzaron en Cuba, con el dinero del azúcar, explica Tarradas, que sitúa el origen de su historia en Barcelona, donde también nace su protagonista, Isabel Palau, una inteligente, ambiciosa y bella joven que malvive en una barraca en la playa de la Barceloneta y que verá la oportunidad de escapar a Cuba e iniciar una nueva vida, una "Escarlata O`Hara española", aunque con menos escrúpulos que la norteamericana.

El dinero del azúcar cubano está en el barrio de Salamanca y en el ensanche de Barcelona, dice Tarradas: uno de los principales ingenios cubanos era de la reina María Cristina, asociada con el marqués de Salamanca. "Lo mismo ocurre en Barcelona, donde familias como los Güell o los marqueses de Comillas eran azucareras".

Por eso, "cuando retiraron la estatua del marqués de Comillas (que fue retirada por el Ayuntamiento de Barcelona en 2018 acusado de esclavista), piensas: si empiezas con eso vamos a acabar con todo el Paseo de Gracia", considera el escritor.

"Dentro de todas las injusticias tremendas que no se pueden obviar, el dinero de los ingenios cubanos benefició mucho a las ciudades españolas", porque los plantadores cubanos "eran ricos mundiales, no solo ricos españoles. Eran de las personas más ricas del mundo".

La novela, además de en Barcelona, transcurre en el "Valle de los Arcángeles", un lugar inventado pero que podría existir, situado a medio camino entre La Habana y Matanzas, y que parece ajeno a las tensiones políticas de la época. Conectado por tren a la capital, se recrea así el hecho de que la primera línea ferroviaria española fuera construida en 1837 en la isla.

La tres familias propietarias de los ingenios azucareros de este valle han hecho de este sitio su país "y hacen un poco lo que les da la gana", en una sociedad más movida por el poder económico que por las convenciones sociales, dice el autor.

Dos historiadores cubanos le han ayudado a documentarse en todo lo relatado en la novela, además del "fantástico" tratado sobre Cuba del hispanista británico Hugh Thomas, indica Tarradas: "mi libro no pretende enseñar historia a nadie, pero no desinforma; lo que cuento está todo documentado y de lo que no he podido encontrar documentación no hablo".

Carmen Naranjo

(c) Agencia EFE

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