Tardi y Grange retratan los conflictos en la Francia de los 60 en nuevo álbum

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Barcelona, 8 may (EFE).- El dibujante Jacques Tardi y su pareja, la cantante Dominique Grange, sacan a la luz una Francia de luchas sociales, racismo rampante y brutalidad policial en los años 60 y 70 del pasado siglo, que dieron lugar a la revuelta y las huelgas de Mayo del 68, en el álbum conjunto "Elise y los nuevos partisanos".

En una entrevista con Efe, Tardi y Grange, que han presentado el nuevo álbum en el salón Comic Barcelona, explican que la razón para publicar ahora esta historia, basada en la vida de la cantante, que también firma el guión, es su voluntad de transmitir a los más jóvenes que había "un movimiento para cambiar las cosas, que aspiraba a un nuevo modelo de sociedad".

"Pensábamos verdaderamente que íbamos a hacer la revolución, estábamos preparados para morir", asegura Grange, que en su juventud militó en grupos de ultraizquierda como Socorro Rojo o Izquierda Proletaria, de orientación maoísta, resultó herida por la explosión accidental de un artefacto casero en su casa, pasó por prisión y vivió tres años y medio en la clandestinidad.

En las antípodas de las imágenes del mundo de la moda parisina, la Costa Azul o las películas de gendarmes de Louis de Funès, Tardi y Grange muestran en el álbum poblados de barracas en las cercanías de París o la brutal represión contra una manifestación de miles de argelinos el 17 de octubre de 1961, que acabó con más de 13.000 detenciones, unos 200 muertos y cien desaparecidos, tras ser arrojados muchos de ellos al Sena.

También aparecen en "Elise y los nuevos partisanos" (Salamandra graphic) las huelgas en las grandes fábricas de Renault y Peugeot, las manifestaciones de obreros y estudiantes y la revuelta de Mayo del 68, época en la que Grange entró en el Comité Revolucionario de Agitación Cultural (CRAC), de ideología maoísta.

Para Grange, había que mostrar esa época "no para decir a los jóvenes, ¡mirad!, hicimos cosas magníficas, sino para constatar que 'eso existía', había una clase obrera que todavía no estaba deslocalizada, que luchaba, y que a veces inflamaba todo el país", y en la que la juventud "tenía creencias" para lograr un nuevo modelo social.

"En 1968, diez millones de trabajadores fueron a la huelga en Francia, ¡el mayor movimiento social de todos los tiempos!", exclama Grange, que reconoce que después cayeron los mitos creados en torno a la Unión Soviética o se supo en qué se convirtió la Revolución Cultural en China.

Respecto al hecho de que no trascendiera públicamente casi nada de algunos de los crímenes y torturas que denuncia el libro, Tardi apunta que "siempre ha habido gente que no ve nada o que no quiere ver nada porque les incomoda", y recuerda que durante la II Guerra Mundial "hubo gente que no vio a ningún alemán en las calles de París, pese a que había redadas de judíos".

El dibujante francés, todo un referente del cómic europeo, asegura que la imagen de un policía tirando a un niño al río Sena "es cierta, y aunque eso no fue filmado ni fotografiado, a mi no me causa ningún problema el mostrarlo".

Del mismo modo, "el poblado de barracas que se ve al principio de la historia ha desaparecido y nosotros los conocimos, pero hay jóvenes que no, y creen que son cosas inventadas, exageradas", asevera Tardi, que recuerda que, pese a ello, aún "sigue habiendo gente que acampa bajo los puentes o junto a autopistas y policías que van a destrozar sus tiendas".

"Son personas que no tienen nada, que se quedan sin abrigo y sufren una discriminación terrible", resalta Tardi, que también apunta a un racismo soterrado cuando incide en la buena disposición para acoger en Europa a refugiados ucranianos "rubios y con ojos azules" mientras "no hemos escuchado decir lo mismo de afganos o sirios".

Respecto de la escalada bélica en Europa, Jacques Tardi, que ha dedicado varios álbumes a mostrar los horrores de la I y la II Guerra Mundial, advierte de que "estamos a las puertas de una III Guerra Mundial, que evidentemente no deseo, pero que es del todo posible".

Tardi y Grange no se explican cómo en Francia se ha llegado a la situación de tener que elegir entre un candidato presidencial de corte liberal y una candidata de la ultraderecha, y ambos subrayan que ahora se va a votar "en contra de unos candidatos y no a favor de otros".

"En 1968 decíamos 'Élections, piège à cons' (Elecciones, trampa para idiotas) o 'Élection, trahison' (Elección, traición) y vemos que como siempre, es bastante cierto", rememora Grange.

Dominique Grange cree que, de su época de militante maoísta, y pese a la deriva dictatorial de Mao, hay cosas que es necesario preservar, y así aún considera vigente la cita del Libro Rojo "tenemos motivos para rebelarnos", pues "el trabajo que han hecho los revolucionarios permanece siempre inscrito en la historia", concluye la cantante.

Hèctor Mariñosa

(c) Agencia EFE

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