¿Tardas menos de 18 minutos en comer?

Entonces eres un comedor rápido, y esto no solo te hace subir de peso, sino que también puede llevarte a padecer problemas del corazón

Un estudio demuestra que tardar menos de 18 minutos en el almuerzo o la cena aumenta los triglicéridos, un tipo de grasa presente en la sangre. (Foto: Getty)

Comer deprisa y de cualquier manera (de pie o enfrente de la pantalla) es habitual hoy en día, todos andamos muy atareados. Sin embargo, ahorrarte unos minutos en el almuerzo o la cena puede tener un efecto nefasto sobre tu salud.

Ingerir los alimentos a toda velocidad hace que las personas se vuelvan más propensas a desarrollar síndrome metabólico  (trastornos que aumentan el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, un derrame cerebral y diabetes), pero además, aumenta el riesgo cardiovascular al elevar el riesgo de presentar triglicéridos altos en sangre. 

Por el contrario, comer más despacio (masticando bien) podría ser útil para combatir las enfermedades cardiometabólicas. Así lo ha demostrado un grupo de investigadores de la Unidad de Nutrición Humana de la Universitat Rovira i Virgili, junto con científicos del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili y del Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN).

Según los investigadores, comer de forma rápida retrasa la sensación de saciedad, por lo que las personas continúan comiendo a pesar de haber cubierto sus necesidades energéticas y nutricionales.

En el estudio, publicado en la revista científica ‘Nutrients’, valoraron la relación entre la velocidad de ingesta en las comidas principales y el riesgo de sufrir hipertrigliceridemia, y observaron que, a mayor rapidez a la hora de comer, mayor era el riesgo de presentar esta alteración, considerada un factor de riesgo cardiovascular.

Engullir la comida y devorarla con rapidez daña tu corazón. Sin embargo, comer a conciencia, saborear cada bocado y concentrarse en el plato ayuda a perder seis veces más peso y cuidar la salud. (Foto: Getty)

En el trabajo, desarrollado en el marco del estudio PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea), participaron 792 voluntarios reclutados a través de los Centros de Atención Primaria del Instituto Catalán de la Salud de las comarcas de Tarragona.

Los participantes completaron un cuestionario de conducta alimentaria en el que debían responder a preguntas que hacían referencia a la percepción que tenían respecto a la velocidad con que comían durante las comidas principales (almuerzo y cena).

A partir de los datos recopilados, los individuos se clasificaron en diferentes categorías de ingestión: lenta, media y rápida. La media de tiempo estimado por los participantes para definir cuándo comían rápidamente fue de 18 minutos.

En concreto, el tiempo medio de ingesta por categoría fue:

  • Lento: 34 minutos.
  • Medio: 26 minutos.
  • Rápido: 18 minutos.

Las personas que se encontraron dentro de la categoría de ingesta rápida se caracterizaban por ser mayoritariamente mujeres (64 por ciento). Además, el 50 por ciento de la población dentro de esta categoría padecía obesidad y mostraron tener niveles significativamente más elevados de presión arterial diastólica,un consumo diario más elevado de proteína, una ingesta más baja de alcohol y un menor uso de prótesis dental, en comparación con las categorías de ingesta media y lenta.

De todos los participantes en el estudio, un 22,9  por ciento (181) se clasificó en la categoría de ingestión lenta; un 31,6 por ciento (251), en la categoría de ingestión media; y un 45,5 por ciento (360), en la categoría de ingestión rápida.

Considerando estos datos y los resultados de una prueba estadística, los investigadores compararon la prevalencia de hipertrigliceridemia en los participantes de las categorías rápida y media respecto a los que se encontraban en la categoría de ingestión lenta, y observaron que aquellos que pertenecían al grupo de ingestión rápida tenían un 59 por ciento de riesgo de presentar triglicéridos elevados en sangre.

Además, la ingesta de una gran cantidad de energía durante un período corto favorecería picos más sostenidos en la glucosa plasmática e insulina, lo que a su vez puede inducir un estado que estimularía la producción de grasas en el hígado y, por tanto, un aumento de los niveles de triglicéridos en plasma.

A partir de estos resultados, los investigadores han llegado a la conclusión de que las estrategias de intervención dirigidas a disminuir la velocidad al comer pueden ser útiles para combatir enfermedades cardiometabólicas.

A ver, con esto no queremos decir que tengas que poner el cronómetro en marcha cuando vayas a comer pero masticar de manera consciente la comida puede hacer mucho por tu salud.

¿Sabías que comer rápido es tan perjudicial como llevar una mala alimentación? ¿Y que es un factor determinante en el desarrollo de enfermedades?

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