El talento saltarín de Yulimar Rojas y Mutaz Barshim se impone en versión menor

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Photo credit: ANDREJ ISAKOVIC - Getty Images
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Yulimar Rojas celebra con su alegría incontenible su victoria en triple salto en Eugene, Oregon, ajena a la exigencia, propia y ajena, que ya solo espera de ella un récord mundial tras otro, los 16 metros, por qué no, el infinito cuando no hay rival que parezca capaz de batirle en esta galaxia.

Quizá sea porque la venezolana suma así su sexto título mundial, tres al aire libre y tres en pista cubierta, todos los posibles desde 2016, y cada vez está más cerca de igualar y superar los nueve que su entrenador Iván Pedroso ganó en salto de longitud, quizá porque cómo no celebrar que es una estrella mundial que salió de Pozuelos, de una casa tan humilde que el techo tambaleaba con la lluvia y ella pasaba miedo, como recuerda en Twitter horas antes de la final.

Rojas, lo admite, esperaba más de la final después de que unas molestias que arrastró en junio y una mala elección de zapatillas le hicieran renunciar al sueño de doblar con la longitud en Hayward Field. Aterriza en 15,47m en el segundo intento y ya no va más allá. Se queda a tres centímetros del récord de los campeonatos, el viejo récord mundial hasta que ella lo batiera en las últimas grandes citas, Tokio y Belgrado, y lo llevara hasta 15,74m. Y aún así, es la segunda mayor diferencia de la historia con la plata, los 14,89m de la jamaicana Shanieka Ricketts, y con el bronce, los 14,72m de la estadounidense Tori Franklin.

Gana sin sacar su mejor versión Yulimar Rojas y también lo hace el catarí Mutaz Essa Barshim, puro talento como ella, el más plástico y mejor saltador de altura del siglo XXI, al que una lesión en el tobillo en 2018 le privará quizá, a sus ya 31 años, de atacar seriamente una vez tras otra, como en 2014, el récord mundial de Javier Sotomayor. Sin alcanzar ya los 240 centímetros, Barshim se ha convertido en un ganador: se llevó el oro en Londres 2017, en Doha 2019, el único día que el estadio se llenó para verle, en Tokio a pachas con Gianmarco Tamberi, y también en Eugene, donde no era favorito.

Barshim completó un concurso perfecto, seis alturas a la primera hasta 2,37m, y después intentó sin mucha convicción volar los 2,42m, pero solo una vez. Ganó así al líder del año y campeón en marzo en Belgrado, el surcoreano Sanghyeok Woo, que igualó el récord nacional con 2,35m, y al ucraniano Andriy Protsenko, que se quedó en 2,33m, como Tamberi, esta vez fuera del podio.

Nafissatou Thiam sigue reinando en el heptatlón

Photo credit: ANP - Getty Images
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Como Rojas, como Barshim, también está construyendo un palmarés para la historia la belga Nafissatou Thiam, doble campeona olímpica en heptatlón, y desde este lunes, doble campeona mundial. La combinera dominó desde el principio, ganando cuatro de las pruebas, perdió el liderato en la jabalina pero no tuvo problema en recuperarlo en los 800m. Corrió las vallas en 13,21s y los 200m en 24,39s, saltó 1,95m en altura y 6,59m en longitud, lanzó 15,03m en peso y 53,01m en jabalina y cerró con los 800m en 2:13.00 para un total de 6.947 puntos, por los 6.867 de la neerlandesa Anouk Vetter y los 6.755 de la estadounidense Anna Hall.

La española Claudia Conte, que amenazaba tras la primera jornada el récord de España de María Vicente, se marchó con una sensación agridulce tras un mal segundo día. Después de mejorar en vallas (13,65m), estar cerca de su marca en altura (1,86m), flojear en peso (12,46m) y correr un buen 200m (24,77m), el cansancio y las emociones le pasaron factura, según reconoce en declaraciones a la RFEA, y se quedó en 6 metros en longitud, 44,69m en jabalina y 2:14.14 en los 800m, donde no encontró más fuerzas para remontar a la vigente campeona mundial Katarina Johnson Thompson y arrebatarle la octava plaza.

Aún así, la castellonense de 22 años firmó marca personal con 6.194 puntos y terminó 9ª, otro puesto de finalista que se escapa como el de Dani Arce en los obstáculos y Alberto Amezcua en la marcha.

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