Susan Boyle y cuando la humildad es más fuerte que la fama y el dinero

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Por Mike Medianoche.- No todo el mundo sabe asimilar el éxito social, la fama y los contratos millonarios. A menudo conocemos historias de celebridades que lo tuvieron todo y acabaron en la ruina, con problemas de adicciones, o quizá depresión. Hay quien se queja que desde que alcanzó la popularidad no puede salir a tomarse una copa con los amigos, como cualquier hijo de vecino. Pero hay otras personas que saben tomar las riendas de su vida y no soltarlas jamás, por mucho que acumule millones en el banco y la gente le demuestre su cariño a diario. Como, por ejemplo, Susan Boyle (60 años), quien 11 años después de dejar boquiabierta a la televisión de medio mundo sigue siendo la misma de siempre.

A Susan la descubrimos en marzo del ya lejano 2009, cuando se presentó al Got Talent británico. Su aspecto desaliñado y su historia personal -revelando detalles privados como que era virgen y que a sus 47 no había besado a un hombre- no daban ninguna pista de su ángel. Es decir, si hubiese ido al programa de Antena 3 Veo cómo cantas,el que se emite los miércoles por la noche, probablemente habríamos pensado que ella no era una cantante sino una impostora. Pero ahí estaba Susan para demostrar que las apariencias engañan, y dejó a todos anonadados con su versión de ‘I dreamed a dream’ del musical Los Miserables.

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Ella no había ido a aquel escenario dispuesta a comerse el mundo, ni tampoco para ser la nueva Elaine Paige, una dama del teatro musical inglés que citó como referente. Ella había ido a la televisión porque, como más tarde supimos, estaba “un poco enamorada” de Piers Morgan, uno de los jueces del formato y le hacía ilusión tenerlo cerca. Y logró enamorar (musicalmente) a Piers, al temido juez Simon Crowell y al público, tanto en el plató como quienes la veían desde casa.

Aquella primera actuación se hizo viral en todo el mundo, en pocos días superó las 100 millones de reproducciones y el nombre de Susan Boyle estaba en todas partes. Había pasado de la nada al todo. El público quería escucharla, saber más de ella. Salvando las diferencias, los británicos se enamoraron de ella del mismo modo que los españoles tuvimos un flechazo con Rosa López durante la primera edición de Operación Triunfo.

Más tarde supimos que su candidez y su forma de entender el mundo tenían una explicación. En el año 2013, en un acto de generosidad, explicó que le habían diagnosticado síndrome de Aspergerg, un trastorno dentro del espectro autista que explicaba su dificultad para relacionarse y por qué en el colegio la apodaban cruelmente "Susie la simple”. Además, antes de saltar al estrellato, había sufrido pérdidas muy dolorosas como la muerte de su padre en 1999, su hermana Kathleen en 2000 como consecuencia de un cáncer, y su madre, de quien había sido la principal cuidadora, que murió en 2007, dos años antes de que el universo descubriese su talento.

Susan no ganó aquel concurso, pero tampoco le hizo falta. Ella se proclamó vencedora moral (¿o alguien sabe decir sin mirar en Wikipedia quién quedó por delante de ella?), ya había ganado el cariño del respetable. Pero ella no supo gestionar estas emociones, y pocas horas después de la final fue ingresada en una clínica privada de Londres para recuperarse emocionalmente y dejar su mente descansar.

La vida de esta entrañable mujer, que vivía con su gato en un pueblo de 5.000 habitantes había sufrido un terremoto. Grabó un primer disco y fue un éxito en sus ventas, algo que se vuelve más épico si pensamos cómo la venta física de álbumes había bajado en aquel 2009. También mutaron sus rutinas. Una agenda llena de actuaciones por doquier, medio centenar de entrevistas a la semana y las grabaciones de discos se convirtieron en su nueva realidad, cuando hasta entonces lo más emocionante que experimentaba era cantar en la iglesia local.

Susan Boyle en el estreno de
Susan Boyle en el estreno de "America's Got Talent" en el Dolby Theatre el 20 de agosto de 2019 en Hollywood, California. (Photo by Jon Kopaloff/FilmMagic)

Ganó dinero, mucho dinero; se estima que ha superado los 35 millones de euros de beneficios por sus más de 20.000.000 de discos en todo el mundo. Y entonces llegó el momento de mejorar: decidió dejar su casa de siempre, una vivienda de protección oficial que sus padres consiguieron en régimen de alquiler, y se trasladó a una lujosa mansión. Sin embargo, no hay lugar como el hogar, que decía Judy Garland en la película El Mago de Oz, y la cantante no pudo hacer de aquella gran construcción su nuevo nido vital. Así que volvió y compró su vieja casa más la casa de al lado e hizo unas reformas para expandir y ganar comodidad.

Y es que esta artista no necesita de más, ni de presumir sus riquezas y excentricidades en redes sociales, ni comprarse animales exóticos para buscar una impostada felicidad. Es más inteligente de lo que ella misma creía al saber disfrutar de las pequeñas cosas a pesar del los aplausos que suelen inflar el ego.

De su vida personal se sabe poco (tuvo un novio fugaz en pleno éxito), y tampoco genera mucho ruido profesionalmente, solo el justo y necesario. Se habla de que tendrá una residencia en Las Vegas, algo propio de Celine Dion y otras grandes estrellas de la música, pero todavía no hay nada oficial.

Ella no se ve, ni de lejos, como la de ‘My heart will go on’ u otras artistas consagradas, por muchas copias musicales que haya despachado. En una entrevista de este mes de octubre le preguntaron si por vender 20 millones de discos se sentía una estrella del pop, y ella dijo que no, que solo es una mujer que puede cantar razonablemente bien y a quien pueden conocer la gente en sus casas. Nada más. La que disfruta caminando por su pueblo y echando una mano a la comunidad.

La mayor riqueza de Susan no está en el banco, sino en su día a día, en esos pequeños gestos que hacen que la vida merezca la pena. Hace poco, un conductor de autobús que habitualmente sube vídeos a TikTok grabó sorprendido que tenía de pasajera a la insigne cantante. 

Ella podría pagarse, si quisiera, un chofer privado que la trajese y la llevase a donde le hiciese falta, en el más lujoso de los vehículos, pero se apaña muy bien con el transporte público. Mira mucho por un céntimo al no necesitar ninguna clase de lujos, y se asigna una paga semanal que no supera las 500 libras (algo menos de 600 euros), pero sí que ha utilizado sus ahorros para ayudar a sus numerosos hermanos y a sus sobrinos, permitiendo que paguen sus deudas o echando una mano para que monten su propio negocio.

Sin embargo, lo que Susan lamenta es no haber formado su propia familia y por eso se plantea asumir el rol de madre adoptiva. Así lo confesó en 2019, asegurando que quiere compartir todo aquello que ha conseguido gracias a su prodigiosa voz. Pero mientras se decide, mantiene una vida sencilla, en su casa de siempre, en el pueblo de Blackburn, en Escocia. 

Para Susan Boyle, el éxito es poder dedicarse a la música siendo la misma Susan de siempre, quizá con un aspecto más refinado que cuando la vimos por primera vez, pero con el mismo corazón y humildad. La que disfruta de pequeñas píldoras de felicidad tan cotidianas como poder cantar en su iglesia de siempre.

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