'Supernova', una oda al amor que acongoja como pocas

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Dos actores adorados por el público y una historia que no entiende de género ni edad: ¿cómo se disfruta de la vida y cómo se ama plenamente cuando se vive con conciencia el final de nuestros días? Poderoso… ¿verdad? Eso es precisamente lo que nos plantea Supernova, una película que a golpe de empatía, amor y representación humana (que no de género) rompe con estereotipos, debates y polémicas. Una producción que eleva una historia de amor entre una pareja de hombres adultos mientras rompe con los clichés de un género que se estaba convirtiendo en la vía de representación juvenil de la comunidad LGBT.

Y Colin Firth y Stanley Tucci son los responsables de que salgamos del cine envueltos de emociones profundas, enamorados del amor incondicional aunque sea en el duro final de la vida.

Colin Firth y Stanley Tucci en el cartel de Supernova (cortesía de Wanda Films)
Colin Firth y Stanley Tucci en el cartel de Supernova (cortesía de Wanda Films)

Escrita y dirigida por Harry Macqueen, Supernova cuenta la historia de Sam (Firth) y Tusker (Tucci), compañeros de vida desde hace 20 años que deciden emprender un viaje de carretera a través de Inglaterra, visitando amigos, familiares y lugares del pasado, para revivir recuerdos juntos. Aunque no se trata de un viaje de placer, sino de despedida. Tusker sufre los primeros signos de Alzheimer y quiere despedirse dejando huella con su picardía, humor, inteligencia y naturalidad, mientras la mente se lo permita.

Producida por los responsables de 45 años (2015), otra gran poema al amor, Supernova nos habla del poder de los recuerdos y la fuerza del amor pero, sobre todo, del valor del tiempo. Ese que tenemos con nosotros mismos, pero también con los seres queridos. Un tiempo que damos por sentado, que sobrevaloramos cuando vivimos ajenos a la tragedia de enfermades terminales o la pérdida de uno mismo ante el avance del Alzheimer o la demencia senil. 

Porque Supernova nos habla del amor incondicional en los últimos días de una relación. No porque se mueran los sentimientos, sino porque la vida los pone de frente con la desaparición inminente de uno de ellos. Una desaparición gradual en vida. Y ellos le hacen frente juntos, protegiéndose mutuamente a su manera, atesorando los recuerdos ante la falta de tiempo. Pero sin romantizar en ningún momento la muerte o el sacrificio que existe en cuidar del otro. Sino valorando el respeto y el amor tras una vida vivida en pareja, aprendiendo a dejar ir, cada uno en la situación que le toca vivir. Y la entrega sirve como una lección para todo aquel que quiera aprenderla, atesorando los momentos pero, sobre todo, reconociendo la importancia del amor verdadero cuando se elige vivir en pareja.

Colin Firth y Stanley Tucci en el cartel de Supernova (cortesía de Wanda Films)
Colin Firth y Stanley Tucci en el cartel de Supernova (cortesía de Wanda Films)

Tras ser testigos de decenas de series y películas que representan a la comunidad LGBT a través de personajes juveniles, de dramas sobre el despertar sexual homosexual en la adolescencia o comedias sobre estudiantes guapos que salen del armario dentro del marco de los años de instituto, Supernova resulta refrescante y necesaria. Las historias LGBT se estaban acomodando en un nicho juvenil y empezaban a encasillarse, quizás por dirigirse a un target de público más dispuesto a ver personajes representados de forma universal hoy en día. Así vimos historias que iban desde la comedia al drama más familiar en productos que tuvieron éxito en el formato streaming como Alex Strangelove (2018), Con amor, Simón (2018), Identidad borrada (2018) o La (des)educacion de Cameron Post (2019). 

De esta manera, Supernova resulta refrescante porque aporta un drama que toca la fibra más sensible y representa emociones y miedos universales sin importar el género de sus personajes; y necesaria porque esa propia comunidad necesita de representaciones generacionales que la acerquen a ese sector del público que todavía sigue sin apostar de lleno por sus historias. Ahí están como ejemplo Call me by your name o Moonlight, dos largometrajes extraordinarios que no fueron éxitos de taquilla arrolladores. O la serie Feel good, disponible en Netflix, una comedia preciosa que ni aparece por asomo en el ranking de lo más visto de la plataforma, pero sí lo hacen series juveniles con personajes secundarios LGBT como Sex Education o Euphoria en HBO.

Con Colin Firth y Stanley Tucci ya superando los 60 (el primero ya cumplió 61), ambos vuelven a demostrar que por mucho que sepan adaptarse a las circunstancias de la industria, son dos de los actores que saben desempolvar su talento como pocos. Ninguno tiene problema en prestarse a producciones hollywoodenses donde tienen que hacer un poco el ridículo, pero siempre terminan saliendo airosos en el intento (¿o quién olvida el canto desafinado de Colin en Mamma Mia! o la simpatía de Stanley en Shall we dance? (¿Bailamos?) o El diablo viste de Prada?). Pero cuando llega el proyecto adecuado consiguen estrujarnos el corazón al máximo. Colin lo consiguió rompiéndonos los esquemas en Un hombre soltero (2009) y Stanley al provocarnos pesadillas como un asesino de niños en The lovely bones (2009). Por dar algún ejemplo, que hay muchos más en sus filmografías. Y en esta ocasión la dupla forma una de las relaciones más efectivas, con más química, que hemos visto en los últimos años en pantalla.

Además, justo cuando vivimos en una época de reivindicaciones para la comunidad LGBT, Stanley y Colin llegan para demostrar que los extremos tampoco son buenos. De un tiempo a esta parte, y a raíz de movimientos de inclusión como #OscarsSoWhite o #MeToo, Hollywood ha comenzado a escuchar los reclamos de diferentes áreas de su industria. Reclamos que llevan muchísimo tiempo existiendo pero recién ahora comienzan a recibir la repercusión que merecen. Uno de ellos es la que hace la comunidad del arcoíris, pidiendo inclusión laboral en sus historias. Todo esto llevó a polémicas que tuvieron a actrices de renombre como Scarlett Johansson y Halle Berry en el centro del huracán después de anunciar que tenían previsto interpretar a personajes transgénero. El escándalo no tardó en obligarlas a renunciar al ser acusadas de no dejar que existan oportunidades para actores que se ajustan de manera personal al perfil del personaje.

Colin Firth y Stanley Tucci en el cartel de Supernova (cortesía de Wanda Films)
Colin Firth y Stanley Tucci en el cartel de Supernova (cortesía de Wanda Films)

Lo mismo podría decir más de uno sobre Colin y Stanley teniendo en cuenta que ambos son heterosexuales. El primero se divorció tras 22 años de matrimonio de la italiana Livia Giuggioli y el segundo está casado con la hermana de su amiga Emily Blunt, su segunda esposa, Felicity. (La primera fue Kathryn Spath, fallecida en 2009 tras perder su batalla contra el cáncer de pecho). Sin embargo, Supernova recuerda que, a fin de cuentas, el talento es lo que importa, no la condición sexual. Que debe haber más oportunidades para todo tipo de comunidades es cierto, y la Academia de Hollywood ya ha puesto normas para intentar ampliar el camino de la inclusión. Pero aquí estos dos portentos del drama nos demuestran que, polémicas aparte, el cine es cine, las historias son historias, y la cuestión es actuarlas de manera que lleguen al público. Y los dos lo hacen con creces.

Supernova ya está disponible en la cartelera española desde el 22 de octubre.

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