Ninguna TV quiere emitir la Supercopa en Arabia Saudí

Luis Rubiales, presidente de la RFEF. FotoL Óscar J.Barroso/Europa Press via Getty Images.

Como dicen los genios de Pantomima Full, “en su cabeza era espectacular”. Pero el mundo real está demostrándole a Luis Rubiales, el presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), que la idea de llevarse la Supercopa de España a Arabia Saudí quizás no es tan buena como parecía. Si hace apenas un par de días nos enteramos de que TVE renuncia a pujar por los derechos para emitir la competición, hoy hemos sabido que los dos grupos televisivos privados más importantes del país, Atresmedia y Mediaset, tampoco van a hacer oferta por ellos.

Según ha informado el diario El Español, ninguna de las dos empresas audiovisuales tiene en sus planes hacerse cargo de la retransmisión del torneo. Tradicionalmente lo venía haciendo el ente público, pero en esta ocasión la televisión estatal ha renunciado porque la RFEF ha decidido que se jugará en el reino asiático. Desde la corporación alegan, con toda la razón del mundo, que en la teocracia petrolífera islámica no se respetan los derechos humanos.

Se contaba con reemplazarlo por alguno de los dos operadores relevantes; sobre todo se confiaba en Mediaset, toda vez que el grupo de origen italiano está apostando muy fuerte últimamente por el fútbol (de hecho ha comprado recientemente los derechos de la Copa del Rey). Pero se ha sabido que ambos han renunciado, entre otros motivos porque consideran que el torneo, que hasta ahora se disputaba en pleno agosto, no es rentable en términos de audiencia. “No estaba, ni está, en las previsiones”, han indicado fuentes de la empresa.

El plan C, el tercero en discordia, era Mediapro, a través de su canal Gol. Sin embargo, las relaciones entre la entidad y la Federación no pasan por su mejor momento, precisamente a cuento de la venta de los derechos de la Copa, adjudicados a Mediaset pese a que la compañía que dirige Jaume Roures hizo una oferta superior. Así las cosas, también han indicado que no harán oferta alguna por la Supercopa.

Todo esto significa que, salvo sorpresón de última hora, la Supercopa se a a quedar sin televisión en abierto para el público español. Este es el último inconveniente que se está encontrando un torneo que siempre ha dado guerra, encajado de mala manera en el calendario, y que este año Rubiales ha querido revitalizar con una serie de cambios bienintencionados pero que, más que arreglar los problemas, parece que los está multiplicando.

Porque el de la tele, en última instancia, es el menor de todos. Si no se vende y no hay cámaras, algún aficionado se enfadará (algo que preocupa poco, visto lo visto y teniendo en cuenta que el año pasado se jugó en Tánger) y se perderá algo de dinero, pero como el gobierno saudí va a aportar 40 millones al año, las cuentas siguen saliendo. Es, sin embargo, el hecho de que se dispute en una monarquía absolutista en la que, legalmente, las mujeres son poco más que bultos sospechosos lo que está causando más resquemor en la opinión pública española. Las excusas de Rubiales de que han decidido ir allí porque “el fútbol ayudará a cambiar la situación” no están resultando demasiado creíbles.

Pero más allá de lo social (que ya de por sí justifica la hostilidad), en lo puramente futbolístico el nuevo proyecto tampoco despierta mucho entusiasmo. En primer lugar, porque se ha trasladado de la pretemporada a enero, lo que significa que los equipos participantes se tendrán que meter un viaje de, redondeando, casi 10.000 kilómetros entre ida y vuelta a mitad de liga. Con el desgaste que eso supone para los futbolistas, y más con lo congestionado que ya está el calendario.

Igualmente, no hace demasiada gracia el nuevo formato. Desde que se inventó, la Supercopa enfrentaba al campeón de Liga con el de Copa (o el subcampeón en caso de que hubiera habido doblete). Sin embargo, ahora se ha decidido que haya cuatro equipos: el campeón y el subcampeón de ambas competiciones, avanzando al tercer clasificado de la Liga en caso de que haya coincidencias. Parece hecho ex profeso para que haya un Real Madrid-Barça más; las sospechas se han acrecentado después de que en el sorteo de esta edición, casualmente, ambos equipos hayan caído en semifinales distintas.

Asimismo, el reparto de los ingresos es otra fuente de discrepancia. Particularmente susceptible (y de nuevo, con razón) es el Valencia, que acude a la cita ni más ni menos que como campeón de la Copa del Rey. En rigor, los blanquinegros son, junto al Barça, los que tienen más derecho de estar ahí. Y sin embargo, si se confirman las especulaciones, es el equipo que menos dinero va a recibir: un millón de euros. El Atlético, que no ganó nada el año pasado, ganará el doble. El Real Madrid, que tampoco levantó trofeo alguno, se llevará seis veces más. A orillas del Turia ya hay quien habla de renunciar a participar.

Parece, entre unas cosas y otras, que Rubiales quería apagar un fuego, pero lo ha hecho con gasolina. Su afán por relanzar el menos importante de cuantos torneos oficiales se disputan en España, de momento, está causando más daños y discrepancias que beneficios. En cualquier caso, la prueba definitiva será entre el 8 y el 12 de enero en la ciudad de Yeda. Allí comprobaremos, a fin de cuentas, qué tal sale todo. Si es que llegamos, que con tantos imprevistos nunca se sabe.

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