Sugieren que Biden invite a un hispano de Texas como candidato vicepresidencial para sacudir el mapa político

El exvicepresidente Joe Biden se acerca cada vez más a la nominación presidencial demócrata, luego de sus triunfos en las elecciones primarias de los dos martes recientes. Pero aunque aún no ha asegurado la candidatura para encarar en noviembre a Donald Trump –Bernie Sanders ha dicho que permanecerá en la competencia hasta el final– muchos ya lo perfilan como el abanderado demócrata en lo que será una contienda presidencial de enorme impacto, significado y trascendencia.

El entonces vicepresidente Joe Biden y Julián Castro, cuando era alcalde de San Antonio, en 2013. Biden es hoy el puntero rumbo a la candidatura presidencial del Partido Demócrata y hay quien sugiere que Castro podría ser una opción para la candidatura a vicepresidente. (AP Photo/Charlie Neibergall, File)

Aunque encuestas recientes compiladas por RealClearPolitics ponen en general a Biden por encima de Trump a escala nacional y en estados que serán decisivos como Michigan, Pennsylvania y Wisconsin, la competencia será durísima y la campaña de Trump tiene atributos y recursos para ganar.

Ante ello, algunos han sugerido a Biden una estrategia que podría, de tener éxito, alterar por completo el mapa político estadounidense y dejar en la lona a Trump y al Partido Republicano en los comicios de noviembre.

Bruce Bartlett, quien fue asesor del presidente Ronald Reagan y funcionario del Departamento del Tesoro en la administración de George Bush padre, publicó un tuit en el que le sugiere a Biden una manera de abatir las posibilidades republicanas en la próxima elección presidencial: escoger como compañero de fórmula y candidato a la vicepresidencia a un hispano de Texas.

La razón sería simple y punzante: aunque Texas ha sido un estado ampliamente dominado por el Partido Republicano en décadas recientes, y ha otorgado sus jugosos 38 votos electorales a los candidatos presidenciales republicanos en todas las elecciones desde 1980, la transformación demográfica que ese estado ha estado experimentando, con una creciente población latina y un auge adicional de otras minorías, ha dado a pensar que Texas podría convertirse, incluso en esta misma elección, en un estado indeciso.

Bartlett, y muchos otros, piensan que los demócratas podrían ganar Texas en 2020 y, en ese sentido, la propuesta de que Biden postule a un hispano originario de ese estado para la candidatura vicepresidencial tiene sentido, pues podría atraerle un caudal sustancial de votos hispanos y movilizaría a nuevos ciudadanos latinos a sufragar en Texas.

Si los demócratas ganan Texas en noviembre, dados los actuales balances políticos en el país, podrían con ello asegurar la presidencia y desbancar a Trump incluso si perdiesen Michigan, Pennsylvania o Wisconsin.

Bartlett no menciona quién sería la persona que Biden debería escoger, pero resulta para muchos obvio que la figura que llena el perfil es Julián Castro, exalcalde de San Antonio, exsecretario de Vivienda y exprecandidato presidencial. De origen méxicoamericano, Castro se ha forjado (como su hermano gemelo Joaquín) con base en el esfuerzo personal y el talento, tanto en lo académico (es graduado de Stanford y de Harvard) como en lo político a escala local y federal.

La lucha de su madre, Rosie Castro, quien crió a sus hijos sola y les inculcó un singular compromiso de servicio social (ella misma ha sido una activista por los derechos de los chicanos y los inmigrantes en San Antonio) marcó e inspiró a Julián y su historia personal y familiar es por ello inspiradora.

Al dejar la contienda primaria, Castro optó por dar su aval a Elizabeth Warren, pero eso no lo ata y, su tenso momento con Biden en un debate en septiembre pasado, cuando Castro le preguntó si había olvidado algo que había dicho minutos antes, presumiblemente habría quedado ya en el pasado.

Recientemente Castro dijo a MSNBC que aún no decide a quién dar su apoyo en la actual contienda entre Biden y Castro, pero dijo que lo está valorando mientras hace foco en los grandes temas y en el imperativo demócrata de crear una gran coalición para derrotar a Trump.

Se afirma que Castro ya fue considerado en 2016 como una opción para la candidatura vicepresidencial por Hillary Clinton (quien al final eligió al senador Tim Kaine). En 2020, su perfil en sí –un joven pero experimentado político hispano con una trayectoria personal y profesional singular y meritoria– sumado a la posibilidad, no segura pero tampoco descartable, de que su candidatura vicepresidencial vuelva a Texas un estado “azul”, lo hacen un aspirante de peso en la decisión de Biden, en caso de que el exvicepresidente sea el nominado del Partido Demócrata.

Aunque, cabe decir, Castro podría ser también y por las mismas razones una opción acertada para Sanders.

Otros analistas, en cambio, consideran que la candidatura vicepresidencial debe recaer en una mujer y se han mencionado varias destacadas demócratas. Una es la afroamericana Stacy Abrams, quien en 2018 logró enormes apoyos en su campaña a gobernadora de Georgia. Aunque no ganó, logró una cantidad de votos inusitada en un estado republicano y generó sustancial entusiasmo y reconocimiento entre demócratas e independientes.

Biden, en su momento, alabó en Twitter los logros de Abrams.

También se ha mencionado a las senadoras y excontendientes por la nominación presidencial demócrata Warren (Massachusetts), notable por su perfil progresista que daría balance a la mancuerna con Biden; Kamala Harris (California) y Amy Klobuchar (Minnesota). Y también a las senadoras Tamy Duckworth (Illinois) y Jeanne Shaheen y Maggie Sahan (ambas de New Hampshire).

Todas ellas tienen perfiles destacados y notables éxitos, por lo que aportarían dinamismo a la campaña de Biden, sobre todo en el objetivo clave de recuperar para los demócratas los estados del Medio Oeste que Trump les arrebató en 2016.

Pero, en la lógica de Bartlett, volver Texas en estado “azul” es otra vía a la victoria y en la búsqueda de esa opción Castro contaría con características únicas.

En todo caso, todo ello es especulativo y para muchos prematuro, aunque en la medida en que Biden se consolida como el más probable candidato presidencial demócrata, su opción vicepresidencial cobra interés creciente. Tanto por lo que esa figura podría aportarle en cuestión de diversidad y dinamismo ideológico, estratégico o geográfico, como por el hecho de que, de ganar, Biden llegaría a la presidencia a los 78 años y, por ello, la cuestión de la sucesión en caso de cualquier indeseable eventualidad resulta inevitablemente llamativa.

La decisión, al final, será de los votantes, en lo que queda de las primarias demócratas y en la elección general de noviembre.