Su padre no quiso llevarla al altar porque se avergonzaba de que fuera lesbiana, su jefe lo hizo orgulloso

Jennifer y Sam son dos chicas taiwanesas que se casaron el pasado febrero. Cuando decidieron dar ese paso, después de once años de relación, la familia de Jennifer cortó todo contacto con ella. Aunque al principio tenía miedo de salir del armario, en Taiwán no se reconoce el matrimonio entre personas del mismo sexo, Jennifer encontró un gran apoyo entre sus compañeros de trabajo. Cuando su jefe se enteró de que nadie de su familia la llevaría al altar decidió hacerlo él mismo. Entre todos consiguieron que ese día fuera muy especial para ella aunque su familia no estuviera presente.