"Si no, no habría conseguido ningún contrato": a este ciclista le piden 10 años de cárcel por doparse

Stefan Denifl celebra la victoria en la etapa 17 de la Vuelta España de 2017, en Los Machucos (Cantabria). Foto: José Jordán/AFP via Getty Images.

Todos los aficionados al deporte estamos más o menos de acuerdo en rechazar una misma cosa: el dopaje. El consenso generalizado, con todos los matices que se quieran aportar, es que no es legítimo utilizar sustancias prohibidas para mejorar las prestaciones del propio cuerpo y obtener así mejores resultados que los rivales. El competidor cazado dopándose pasa a ser considerado un tramposo y merece recibir la sanción correspondiente.

Pero claro, ese castigo suele limitarse a la medida deportiva correspondiente (prohibición de competir, retirada de títulos, multa económica, lo que proceda según la gravedad de cada caso) y si acaso al desprestigio social que conlleva. Que el dopaje te lleve a la cárcel quizás sea exagerar la cosas un poco. Y sin embargo, a eso es a lo que se arriesga el ciclista austriaco Stefan Denifl.

Este corredor de 32 años, que oficialmente no está retirado pero lleva sin equipo desde que rescindió el contrato con el CCC en diciembre de 2018 apenas dos meses después de fichar, está ahora mismo siendo juzgado en el tribunal regional de Innsbruck, en el Tirol. Piden para él una pena de hasta diez años de prisión. La acusación concreta es de fraude comercial, por engañar a los patrocinadores y a los organizadores de las carreras en las que participó estando dopado; valoran los daños en unos 580.000 euros.

Denifl fue cazado en la operación Aderlass, una investigación policial en su país natal y en Alemania contra el uso de métodos ilícitos en el deporte, particularmente transfusiones de sangre. Stefan confesó ante las autoridades haberse dopado durante cinco años, entre 2014 y 2018, en los que compitió para los equipos IAM y Aqua Blue. Durante ese tiempo consiguió resultados notables, como ganar la Vuelta a Austria de 2017 (por delante del español Delio Fernández y del colombiano Miguel Ángel López), una etapa en la Vuelta a España la misma temporada y la clasificación de la montaña del Tour de Suiza del curso anterior.

Todos estos resultados los anuló la Unión Ciclista Internacional en cuanto tuvo constancia del escándalo, además de retirarle la licencia de competición durante cuatro años a partir de junio de 2019, lo que en la práctica supone el final de su carrera. El ciclista no tuvo reparos en reconocer que había contratado los servicios del doctor Mark Schmidt (considerado el jefe de una trama con ramificaciones en otros deportes, como el esquí de fondo), con quien contactaba a través de teléfonos móviles de prepago. De hecho, una bolsa con su sangre estaba entre las que se encontraron en un garaje de la ciudad alemana de Erfurt durante las investigaciones a principios de 2019. También está acusado de haber consumido sustancias para mejorar sus prestaciones, como hormonas del crecimiento.

Naturalmente, Denifl, que no niega los hechos, se está defendiendo durante el juicio, y su estrategia es un tanto inusual. Insiste en que no es “un criminal” y que no engañó a nadie, y añade: “Si no me hubiera dopado no habría conseguido ningún contrato”. Según alega, comenzó a trabajar con este médico con intención de recuperar su anterior nivel, que había caído mucho como consecuencia de una lesión de rodilla.

Pero va más allá: su abogado asegura que “en el ciclismo hay un 90% de corredores que se dopan, no hay un ciclista superlimpio”. Indica, además, que los equipos lo saben perfectamente, misma justificación que han dado muchos otros ciclistas condenados por dopaje anteriormente, aunque el mánager del CCC insiste en que en su pasaporte biológico no vieron ninguna anomalía. Denifl, por cierto, dice que rompió su contrato no para intentar ocultar el dopaje, sino porque “ya no quería correr más, quería estar con mi hijo y recuperar mi vida”.

Entre otros nombres ilustres que fueron investigados por la Aderlass está el sprinter italiano Alessandro Petacchi, a quien le anularon todos los resultados obtenidos entre 2012 y 2013. De momento el juicio se centra en Denifl, aunque ahora mismo, según informa la radio pública austriaca, las sesiones se han aplazado porque es preciso interrogar también a representantes de los equipos. Parte de la defensa del ciclista se basa precisamente en que sus antiguos jefes no han presentado denuncia alguna.

El abogado también opina que encarcelarle sería hacerle pagar dos veces por el mismo crimen, puesto que ya se le retiraron sus logros y el dinero en premios correspondiente, además de prohibirle seguir corriendo. La fiscalía, no obstante, insiste en el perjuicio económico y no tiene intención alguna de retirar los cargos. De momento no hay fecha prevista para la sentencia.

Si resultara que Denifl gana el pleito, las consecuencias podrían ser gravísimas e imprevisibles para el mundo del ciclismo. Porque quedaría demostrado que, como sospechan muchos, los equipos son plenamente conscientes de que los corredores se dopan y no hacen nada por evitarlo. Esto podría asestar un nuevo golpe, quién sabe si definitivo, a la credibilidad del deporte de la bicicleta.

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