Star Trek quizás no existiría si no fuera por una mujer

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Por Alberto Cano.- Hoy en día su nombre no resuena con la misma fuerza de antaño, pero mucho antes de los tiempos del #MeToo, Lucille Ball fue una pionera que logró lo impensable en tiempos en los que las mujeres estaban invisibilizadas en la industria del entretenimiento. Todos aquellos que recuerden su figura tendrán en mente míticas series como I Love Lucy, pero es probable que no conozcan que detrás de ella se esconde una historia de fiereza e ímpetu por romper barreras, llegar alto y lograr lo impensable, un relato donde también se encuentra el origen y el éxito de ficciones como Star Trek.

Lucille Ball (1911 - 1989) en 1955 (Photo by Weegee(Arthur Fellig)/International Center of Photography/Getty Images)
Lucille Ball (1911 - 1989) en 1955 (Photo by Weegee(Arthur Fellig)/International Center of Photography/Getty Images)

Ball inició su carrera como modelo bajo el nombre artístico de Dianne Belmont, abriéndose poco a poco hueco en Hollywood mediante papeles en películas de serie B de la RKO Radio Pictures. Su éxito llegó en los años 50, cuando tras su participación en la serie radiofónica My Favorite Husband de CBS la cadena le pidió desarrollar una ficción similar para televisión que sería conocida como I Love Lucy.

Años antes, Lucille Ball había contraído matrimonio con el director de orquesta cubano Desi Arnaz, a quien conoció durante el rodaje de la película Demasiadas chicas de George Abbot. Ambos pusieron en marcha la productora Desilu Productions, con la que se lanzaron al encargo que CBS les había propuesto. Sin embargo, Ball insistió a la cadena en trabajar junto a su marido en pantalla en I Love Lucy, decisión por la que CBS decidió no seguir adelante con la serie debido a los persistentes prejuicios raciales de aquella época. Además, el piloto que habían producido no fue del gusto de la cadena.

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Pero Lucille Ball no se quedó de brazos cruzados. Junto con su marido realizó una gira por todo Estados Unidos representando los papeles que ambos interpretarían en el proyecto, una acción que fue todo un éxito y que convenció a CBS para comenzar a emitir la serie. Y aparte de convertirse en la primera pareja interracial de la televisión, fueron pioneros en el rodaje con público en directo y en el uso de varias cámaras y set, todo un hito en televisión.

Además, cuando Ball se quedó embarazada en medio de la producción, decidieron incorporar el embarazo al guion, una decisión por la que también tuvieron que pelear con CBS dado que hasta ese momento ninguna mujer embarazada se había dejado ver en una serie de televisión. Pero tras luchar con garras y dientes, finalmente se salió con la suya. Eso sí, con la limitación de tener que usar la palabra “expecting” (esperando) en lugar de “pregnant” (embarazada).

La incorporación del embarazo a la trama de I Love Lucy también consiguió que este se convirtiera en un acontecimiento nacional de gran relevancia, conllevando a que tras dar la luz, la imagen de su hijo ocupara la portada de la revista TV Line en enero de 1953. Todo un acontecimiento inédito hasta el momento.

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Pero la auténtica consagración de Lucille Ball como icono feminista de Hollywood llegó en los años 60, cuando se convirtió en la primera mujer de la historia en dirigir un gran estudio. Tras su divorcio con Desi Arnaz, le compró todas sus acciones de Desilu Productions y comenzó a ejercer de presidenta, lo que le permitió sacar adelante míticas series como Los Intocables, Misión Imposible o Star Trek. Aunque también debiendo echar garra para lograrlo, sobre todo en el caso de la historia galáctica.

Y es que sin Lucille Ball Star Trek probablemente nunca hubiera existido, puesto que tras presentar el proyecto a CBS esta rechazó inicialmente la serie. Tras la insistencia de la actriz, recapacitaron y dieron luz verde a un piloto, aunque esta producción de ciencia-ficción siguió sin cuajar entre los directivos de la cadena, que prefirieron desarrollar una serie más familiar como Perdidos en el espacio de Irwin Allen. Pero aprovechando el material grabado, Ball se acercó a NBC y les presentó el proyecto, que tampoco fue de su agrado.

Sin embargo, Lucille Ball sabía que tenía un proyecto importante en sus manos y decidió producir ella sola un nuevo piloto poniendo en riesgo la solvencia de Desilu Productions. Pero el esfuerzo no fue en vano. NBC acabaría dando luz verde a la serie y esta se convertiría en una de las mayores ficciones televisivas de todos los tiempos, reuniendo a una legión de fans sin igual y logrando mantener viva la llama de la franquicia hasta nuestros días con infinidad de películas, spin-offs y merchandising.

Leonard Nimoy como Mr. Spock y William Shatner como el Capitán James T. Kirk en el primer episodio de Star Trek, mitido el 8 de septiembre de 1966. (Foto de CBS Photo Archive/Getty Images)
Leonard Nimoy como Mr. Spock y William Shatner como el Capitán James T. Kirk en el primer episodio de Star Trek, mitido el 8 de septiembre de 1966. (Foto de CBS Photo Archive/Getty Images)

Aunque, tal y como se recoge en el documental Dentro de Star Trek: La verdadera historia, la junta directiva de Desilu Productions se posicionó en contra del riesgo que estaba tomando Ball con la serie, por lo que votaron a favor de cancelar Star Trek tras la luz verde de NBC. Pero en aquel momento Lucille Ball ejercía como presidenta de la compañía y tuvo el poder de revocar la decisión de la junta. Algo que, por aquellos años donde apenas había espacio para figuras femeninas en posiciones de poder, sentó todo un referente.

Esta mujer adelantada a su tiempo y madre de dos hijos que siguieron sus pasos en el mundo del entretenimiento, murió el 26 de abril de 1989 de una disección aórtica a los 77 años. Una parte de su historia será lllevada al cine en Being the Ricardos, un biopic escrito y dirigido por Aaron Sorkin con Nicole Kidman en la piel de Lucille. La película ya se rodó y se encuentra en posproducción, aunque todavía se desconoce su fecha de estreno.

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