Speedriding, sobrevolando la montaña

Esther Bedia Alonso

El mundo del esquí es muy dinámico y la emoción, uno de sus principales atractivos. Cuando los principiantes notan que manejar esos largos pies ya no es un suplicio comienzan a ver los retos. Si invierten el tiempo suficiente puede que hasta se aburran de deslizarse sobre la nieve. Es hora de probar cosas nuevas aprovechando lo aprendido.


Entre las posibilidades para ello se encuentra el speedriding, una combinación de esquí, dentro y fuera de pista, y de vuelo en parapente que surgió en los Alpes hace unos cuatro años. Como explica David Blanco, profesor y socio de la escuela Tandem Team, en esta actividad prima el esquí: “Sería un 90% de esquí y un 10% de parapente”.

Adiós a los bastones

De ahí que para hacer speedriding sea necesario tener ya un nivel básico-intermedio de esquí, es decir, “poder esquiar cómodamente en paralelo por pista azul o roja”. También hay que olvidarse de los bastones y familiarizarse con la minivela y un ligero arnés que van en una mochila de unos 35 litros de capacidad. Las velas tienen una superficie que oscila entre los siete y los 14 metros cuadrados.

“El tamaño del parapente es muy reducido porque la idea es no elevarse mucho. Un esquiador notará más sustentación al aumentar la velocidad”, explica David. Un curso de iniciación al speedriding en Tandem Team (cuatro días/cuatro horas por día) tiene un coste de 360 euros. “Con este curso un alumno puede llegar a elevarse un metro de altura y volar unos cinco metros. ¡Eso sorprende mucho al principio!”, comenta este monitor de la escuela de Castejón de Sos (Huesca).

También ofrecen cursos de progresión (cinco días/cuatro horas diarias) para quien quiera continuar evolucionando. Estos se imparten en pista roja, la velocidad aumenta y se puede llegar a vuelos de unos 30 metros de altura. “Los que siguen pueden bajar por sitios por los que normalmente no se baja esquiando porque con la vela tienes un apoyo extra”, explica Blanco. Y por último, el más difícil todavía, los cursos de freeride fuera de pistas, “donde la nieve no está pisada, donde hay mayor pendiente y por tanto más velocidad (los vuelos pueden alcanzar los 150 metros)”.

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Dejarse llevar


La modalidad del speedtandem (50 euros), permite a los más reticentes (o a los que necesiten mejorar su técnica en el esquí) probar la sensación en una sola bajada con instructor. “Se sobrevuela un desnivel de 800 metros aproximadamente y se aterriza en un llano con esquís. No se gana altura ya que la vela es pequeña, pero el placer está en la velocidad y en que podemos sobrevolar una cresta a baja altura”, explica David.

Para la gente que venga del parapente o del paracaidismo (en caso contrario se necesita hacer previamente un curso de speedriding), Tandem Team ofrece el speedflying con esquís que consiste en hacer vuelos con una minivela de unos 14 ó 15 metros cuadrados y con velocidad. “Podría haber alguna toma de contacto pero sobre todo se vuela. Es la principal diferencia con el speedriding que tiende a llevar cada vez la vela más pequeña para pegarse más al suelo”, comenta Blanco.

Según su opinión, el speedriding suelen practicarlo personas que ya hacen freeride con esquís, otros que vienen del parapente y esquiadores que se aburren y quieren probar algo nuevo. Y la experiencia no defrauda: “Se trata de sentir más el viento, aprender meteorología básica, flotar con esquís, aumentar la velocidad y ¡volar!”.

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