Soy transexual y fan de Harry Potter, y me gustaría decirle algo a J. K. Rowling

Dana Aliya Levinson
·13 min de lectura
J. K. Rowling (Photo: KARWAI TANG VIA GETTY IMAGES)
J. K. Rowling (Photo: KARWAI TANG VIA GETTY IMAGES)

Nota de la autora: Esta carta representa solamente mi perspectiva como mujer transexual sobre el sufrimiento de otras mujeres transexuales. Sé que las transexuales sufren de más formas. En esta carta se habla de pensamientos suicidas, de acoso escolar y de difamaciones.

Estimada J. K. Rowling:

De pequeña, era extremadamente femenina. En la seguridad de mi hogar, mis padres eran relativamente tolerantes. Eran liberales y sospecharon que acabaría saliendo del armario. Lo de transexual no entraba en su radar. Para ser justos, he de decir que tampoco entraba en el mío... ni en el de nadie a comienzos de los 90.

Cuando era muy pequeña, me permitían expresar mi género. A mis padres no les importaba que me envolviera en toallas a modo de vestidos ni que cantara las canciones de las nuevas princesas de Disney.

Todo eso cambió cuando empecé primaria. De inmediato, al ser yo una persona claramente femenina a la que habían clasificado desde mi nacimiento como varón, fui el objeto de un tortuoso acoso escolar. Empezó de repente y no tuvieron piedad. Sufrí acoso físico y verbal por mi femineidad. Los responsables del colegio no hicieron nada. A los 6 años, ya me llamaban maricón. Piensa en ello.

En el recreo, se reían de mí porque jugaba a las casitas con las niñas en vez de jugar a algún deporte con los niños. Antes de llegar a primaria, casi todos mis amigos eran chicas, pero pronto llegó esa edad a la que las niñas me dijeron que no podía jugar con ellas porque “era un chico” y tampoco podía jugar con los chicos por mi seguridad y porque se burlaban de mí. Así pues, a lo largo de primaria hice solo uno o dos amigos.

Este aislamiento físico y mental, sumado a los abusos físicos, provocó que mis notas se tambalearan. “Con lo listo que eres, no sé cómo no sacas mejores notas en el colegio” fue una de las frases que más oí en mi infancia, pero nadie quería ver lo que en realidad sucedía. ¿Cómo se va a concentrar un niño en el colegio cuando sus compañeros le acosan todos los días por ser femenino?

Las niñas me dijeron que no podía jugar con ellas porque 'era un chico' y tampoco podía jugar con los chicos porque se burlaban de mí

Pensé en el suicidio pocos años después. Muy a menudo, me despertaba en mitad de la noche aterrorizado por tener que volver al colegio al día siguiente para soportar otra ronda de torturas. Bajaba a hurtadillas a la cocina y presionaba un cuchillo contra mi estómago con la esperanza de reunir el coraje para clavármelo.

Hoy doy gracias por no haberlo hecho, pero reflexiona sobre esto: el precio por ser transexual ha sido tan alto como para plantearme el suicidio antes de cumplir los 10 años.

La persona con la que más a gusto me sentía era mi abuelo. Nunca me hizo sentirme avergonzada. Nunca sentí que él esperara de mí que fuera otra persona. Me dejaba jugar a las casitas y ser la hermana o la mamá. Me dejaba cantar canciones de princesas de Disney. Me animaba a perseguir mi pasión por las artes y, cuando el acoso escolar se recrudeció, me aseguró que yo era una persona perfectamente normal y válida tal y como era.

Y, de repente, al poco de cumplir yo los 12 años, mi abuelo falleció. La persona con la que más seguro me sentía había desaparecido. Ese mismo año descubrí Harry Potter y la piedra filosofal. El primer libro de la saga se había publicado hacía un año, pero, como buen representante de la resistencia contracultural, me había negado a leerlo simplemente por ser tan popular. Sin embargo, después de la muerte de mi abuelo, le di una oportunidad a la novela. Ahí estaba yo, un niño qpasando por un inmenso sufrimiento, buscando de forma desesperada cualquier vía de escape, y ahí estuvo Harry.

El precio por ser transexual ha sido tan alto como para plantearme el suicidio antes de cumplir los 10 años

Me sentía identificada con el aislamiento y el acoso que sufría. También con su sufrimiento. Deseaba que me acogieran en Hogwarts para formar una familia con mis amigos. Me sumergí profundamente en el mundo que tú creaste. Recuerdo cómo me estremecí cuando leí el capítulo del Espejo del Oesed porque yo ya tenía claro qué es lo que me habría mostrado: a mí mismo devolviéndome la mirada, pero desde un cuerpo femenino.

A esa edad ya había salido del armario, pero era consciente de que había algo más. Ya era consciente de que era trans, pero por entonces, el único contexto que conocía sobre la transexualidad provenía de un episodio del programa The Jerry Springer Show que había visto un día que falté al colegio. Los transexuales eran chistes, objetos sexuales, personas al margen. Pese a eso, una vez que supe que era posible hacer la transición, encontré un rayo de esperanza y se me partió el corazón al mismo tiempo, ya que pensaba realmente que ser transexual era algo inaceptable y que supondría el final de mi vida antes incluso de haber empezado.

El acoso escolar no cesaba. La falta de seguridad persistía y, por desgracia, tuve que despedirme de más seres queridos de los que debería cualquier persona de mi edad. Procesé esas pérdidas como Harry procesó las de sus seres queridos: Cedric, Sirius, Dumbledore, Hedwig, Ojoloco, Fred y muchísimos más. 

La autora, orgullosa de ser de Gryffindor. Llevó esta camiseta en el estreno de 'Harry Potter y el legado maldito' hace varios años, por su cumpleaños. (Photo: DANA ALIYA LEVINSON)
La autora, orgullosa de ser de Gryffindor. Llevó esta camiseta en el estreno de 'Harry Potter y el legado maldito' hace varios años, por su cumpleaños. (Photo: DANA ALIYA LEVINSON)

Mientras sucedía todo esto, mi cuerpo empezó a traicionarme. El inicio de mi disforia de género fue traumático. Me sentía completamente impotente a medida que mi cuerpo se transformaba en algo irreconocible a mis ojos. Me sentía disociada hasta  de la última fibra de mi ser. A los 12 años, empecé a consumir alcohol y drogas.

De esa magnitud era mi sufrimiento por el supuesto crimen de nacer trans. Una vez más, volví a considerar la posibilidad del suicidio. Antes de ser adolescente, ya abusaba del alcohol y las drogas. Piénsalo un minuto. Siéntate un minuto y reflexiona.

Las únicas constantes en mi vida aparte del sufrimiento eran Harry, Hermione y Ron. Me presentaba en las tiendas a medianoche cada vez que iban a publicar un nuevo libro de Harry Potter. Iba a la primera sesión del estreno de cada película. Nunca dejé de identificarme con tus personajes. Es en ellos donde encontraba cierto consuelo por mi futuro. Con tus libros aprendí que “la felicidad se puede hallar hasta en los más oscuros momentos, si somos capaces de usar bien la luz”. Tus libros, literalmente, me mantuvieron con vida.

Cuando entré en la veintena, sufrí una crisis por la presión de estar viviendo una mentira. Seguí ‘automedicándome’ con drogas y alcohol porque era incapaz de quedarme a solas conmigo mismo: cada pedacito de mi ser me decía que no estaba viviendo mi vida como debía. Llegó un momento en el que solo me quedaron dos opciones: la transición o el suicidio. Elegí lo primero. Recuerdo que pensé: Dana, eres de Gryffindor. Eres muy valiente. Puede que esto te dé miedo, pero, al igual que Harry, lo superarás y tendrás a tus amigos a tu lado.

Así pues, me declaré transexual y empecé la transición médica. Poco después de lograr mis objetivos como mujer trans, dejé el alcohol y las drogas. ¿Sabes cómo celebré el primer cumpleaños en el que pude ser yo misma? Me volví a leer la saga de Harry Potter, me vi todas las películas y fui a ver Harry Potter y el legado maldito en Broadway justo el día de mi cumpleaños. Quería hacer algo que alimentara a la niña de mi interior y sabía que Harry Potter lo lograría. Al fin y al cabo, sin esta saga no habría llegado hasta aquí.

 

Dana Aliya Levinson ha asistido este año por su cumpleaños al concierto de 'Harry Potter y la piedra filosofal' interpretado por la filarmónica de Nueva York en Londres. (Photo: DANA ALIYA LEVINSON)
Dana Aliya Levinson ha asistido este año por su cumpleaños al concierto de 'Harry Potter y la piedra filosofal' interpretado por la filarmónica de Nueva York en Londres. (Photo: DANA ALIYA LEVINSON)

Por todo ello, no debería sorprenderte que no sé ni cómo empezar a explicarte lo dolorosas que han sido tus declaraciones recientes con las que has deslegitimizado mi existencia. No sé cómo explicar el dolor que me produce que la autora que ha escrito los libros más influyentes de mi vida no me considere válida.

He decidido escribirte esta carta porque hay unas cuantas cosas que quiero que comprendas.

Para empezar, quiero dejar claro que no voy a repasar todos los puntos de tu artículo para refutarlos uno a uno porque me niego a enfrentarme a ti en el mismo terreno de mentiras fácilmente desmontables en el que las transexuales ya llevábamos mucho tiempo moviéndonos antes de que tú entraras para darles bolo. En vez de eso, voy a dirigirme a ti de forma muy personal.

Nunca dejé de identificarme con tus personajes. Es en ellos donde encontraba cierto consuelo por mi futuro. Tus libros, literalmente, me mantuvieron con vida

Sí, las mujeres cis y las mujeres trans somos diferentes, pero nadie te está arrebatando nada. Reconocer la validez de las mujeres transexuales no te supone ningún perjuicio. Ajustar tu lenguaje para ser más inclusiva con las identidades trans no te cuesta nada. Tus experiencias como mujer cis son tus experiencias como mujer cis y mis experiencias como mujer trans son mis experiencias como mujer trans. No son las mismas, pero eso no quiere decir que unas tengan validez y otras no.

Recuerdo la primera vez que le dije a una mujer cis a la que tengo mucho cariño que yo era transexual. Una de las primeras cosas que me dijo era que había soportado tanto sexismo en su vida que le resultaba duro que ahora yo quisiera reivindicar mi femineidad. Creo que es una opinión común entre muchas mujeres cis que no comprenden la identidad trans. Sin prisa pero sin pausa, aprendió y creció y ahora es una firme defensora de la comunidad trans. Y yo sigo pensando que tú también puedes aprender y crecer. No me gustaría equivocarme.

Lo cierto es que tanto las mujeres cis como las mujeres trans sufren violencia de género. El incesante acoso escolar que sufrí en el colegio fue violencia de género. Simplemente fue una experiencia distinta de las que sufren las mujeres cis. ¿O acaso tuve yo algún privilegio masculino antes de mi transición? Tuve tantos privilegios como puede tener una mujer en un cuerpo masculino. ¿Me provocó un gran sufrimiento? Sí. Con la diferencia de que tú tuviste la suerte de que tu género fuera reconocido durante toda tu vida y no tuviste que luchar para que dieran validez a tu existencia. E insisto, esto no es una competición para ver quién ha soportado más opresión y sufrimiento, o no debería serlo. Son experiencias distintas.

Al deslegitimizar la identidad trans, estás perpetuando los argumentos que impulsan la violencia contra nuestra comunidad

Las mujeres transexuales son estadísticamente más propensas a sufrir abusos y violencia de género. Las mujeres transexuales negras sufren niveles de violencia desproporcionados. Estás atacando a uno de los colectivos más vulnerables del mundo y eso es especialmente sorprendente y devastador viniendo de alguien que ha escrito sobre la opresión y el tribalismo. Y aún más devastador es que hayas elegido este preciso momento para alimentar esta retórica, en plena lucha global para acabar con el racismo y la brutalidad policial y para reivindicar el valor de las vidas negras, lo que incluye a las mujeres transexuales negras.

Gran parte de la violencia que sufrimos las mujeres transexuales está basada en la idea falsa de que no somos quienes decimos ser, que nuestro género no es real. Se basa en la idea de que estamos engañando a los demás o fingiendo ser mujeres. Por lo que has escrito, comprendo que no has querido hacernos daño, pero al deslegitimizar la identidad trans, estás perpetuando los argumentos que impulsan la violencia contra nuestra comunidad.

También quiero dejar claro que lo que soporté y soportan tantas personas transexuales no surge de la nada. No tenemos una alta tasa de suicidios, abusos y drogadicción en nuestra comunidad por ser trans. Es porque somos trans en un mundo que niega o demoniza nuestra existencia y eso nos provoca un inmenso estrés. Y ahora tú estás usando tu influencia para amplificar esas ideas.

No te estamos atacando por defender a las mujeres. Simplemente somos otro grupo de mujeres que te pedimos que nos defiendas a nosotras también

Cuando Daniel Radcliffe salió al paso de tus declaraciones sobre la comunidad trans, me impactó una parte de su último párrafo, donde se dirige a tus seguidores que se han sentido decepcionados: “Si encontraste algo en estos libros con lo que te sentiste identificado, eso queda entre los libros y tú, y es sagrado”. Rompí a llorar. No sabía cuánto necesitaba esas palabras hasta que las leí.

Sé que sabes que existe consenso entre la comunidad médica en que la identidad trans es real. Sé que sabes que existe consenso entre la comunidad de psicólogos en que la identidad trans es real. Hemos existido en numerosas culturas desde hace milenios. No estamos en guerra contra ti. No te estamos atacando por defender a las mujeres. Simplemente somos otro grupo de mujeres que te pedimos que nos defiendas a nosotras también.

A día de hoy, me miro a mí misma y veo a alguien casi irreconocible con respecto al niño asustado que una vez fui. He vivido sueños que no creía posibles para mí por ser transexual. He salido en la tele. He ido al Festival de Cine Sundance para el estreno de una película en la que actué. Mi música se ha oído desde San Francisco hasta París. Hay amor en mi vida y tengo a los familiares y amigos que siempre deseé. Ahora soy segura como artista y como persona. Sé cómo cuidar de mí misma y cómo defender a otras personas. Eso es lo que me ha aportado mi transición.

Siempre le estaré agradecida a Harry Potter por haberme ayudado a superar mis momentos más oscuros y por recordarme que use bien la luz. Escribo esta carta porque tengo el privilegio de poder hacerlo, a diferencia de muchas personas. Muchas seguimos sufriendo incontables dificultades. Muchas hemos perdido y seguimos perdiendo muchas cosas (familiares, amigos, trabajos, hogares y hasta la vida) simplemente porque tenemos la osadía de ser quienes somos.

Atreverme a soñar con un mundo mejor es algo que tú me enseñaste. Por favor, no me arrebates ese regalo manchándolo de transfobia. Ojalá este no sea el final, sino el comienzo de un camino de aprendizaje.

 

Para más información sobre cómo apoyar a mujeres transexuales negras, visita The Okra Project y The Marsha P. Johnson Institute.

 

Dana Aliya Levinson es actriz, compositora y defensora de los derechos de las personas transexuales. Aparece en la tercera temporada de American Gods, en la temporada actual de The Good Fight y en la película Adam, disponible en  Hulu y Amazon. Ha publicado un álbum (Falling) dirigido por Zen Pace y apoyado por V Ensler y One Billion Rising. Ha escrito artículos sobre la transexualidad en el HuffPost, Nylon y Women’s Health.

 

Este post fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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