La sonrisa de Priyanka Chopra

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Photo credit: Xavi Gordo
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A veces, muchas veces, el destino es bastante caprichoso. Dicen que no es algo que haya que esperar, sino algo que hay que perseguir. Y eso fue lo que decidió un joven Siddharth Chopra, cuando su hermana Priyanka regresó a la India tras estudiar tres años en Estados Unidos. Sidd no iba a consentir que le robasen su habitación y le pusieran a él una ¡en un pasillo! Así que ideó un plan. ‘¿Mamá, Priyanka es alta y guapa, verdad?’. ‘Así es, Sidd’, respondió la madre. ‘Pues apúntala a este concurso’. Era el certamen de Femina Miss India. Si ganaba, Priyanka debería abandonar de nuevo la casa para ir de gira y Siddharth recuperaría su habitación. Lo que pocos sabían es que el destino es, efectivamente, muy caprichoso. Sidd regresó a su cuarto; Priyanka no solo ganó ese certamen, también se alzó con el título de Miss Mundo y, con él, empezó a dibujarse una nueva vida… Seguramente no habrá algo más emocionante que ser coronada como la mujer más guapa del planeta, pero… ¿qué fue de las carreras de todas esas chicas que se alzaron con el título? Poca cosa (o nada). El certamen fue lo último en sus trayectorias. Excepto para Priyanka…

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Aquello fue en el año 2000 y, hoy, 22 años después, parece que solo fue una nota a pie de página en su vida: es la diosa de Bollywood, ha rodado más de 70 películas, fue Premio Nacional de Cine como Mejor Actriz en la India, ha grabado un disco colaborando con Sam Watters o Pitbull –del que vendió más de 130.000 copias en la primera semana–, acumula 80 millones de seguidores en Instagram, conquistó también América –y el corazón del menor de los Jonas Brothers, Nick–, ha fundado una ONG y su propia productora de cine, es el nuevo rostro de la marca de lencería Victoria’s Secret y embajadora de Bulgari. Y como bien dice: «Nadie me ha regalado nada».

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El sol arrecia en la costa italiana, el termómetro acaricia los 32 grados en una mañana de mayo. La decadencia –y elegancia– del hotel Posta Vecchia, una antigua villa con un castillo del siglo XVII en Palo Laziale, a pocos kilómetros de Roma, aguarda la llegada de Priyanka Jonas Chopra (Jamshedpur, India, 1982). Viste pantalones vaqueros, un top rosa ajustado y una melena larga y ondulada que deja entrever una exótica belleza india. Ella misma dice ser «un producto de la India tradicional y su sabiduría ancestral, y de la India moderna y su bullicio urbano», una fusión de esas dos Indias y, en igual medida, de Oriente y Occidente. Su madre, doctora en las Fuerzas Armadas, era fanática de Elvis y The Doors, amaba Londres, el teatro, el arte y la vida nocturna; su padre, también médico en el ejército indio, oía a Mohammed Rafi y Lata Mangeshkar, fanático de los rincones de su país y de la comida callejera. Priyanka se crió entre pequeños pueblos del norte indio y Estados Unidos. Este y oeste. Tradición y modernidad. Y esa mezcla, esas influencias, es hoy Priyanka. «Mi infancia y adolescencia fueron toda una aventura. Como mis padres estaban en el ejército, nos mudábamos mucho. Fui a un internado durante algunos años y, después, a los Estados Unidos para estudiar, antes de regresar a la India para completar mi graduación. Desde luego, mi infancia estuvo llena de amor, risas y familia». Y llegó aquel año en el que todo se transformó. Cambiábamos de década, de siglo, y Priyanka, de rumbo de vida. «Aquello del concurso de Miss Mundo fue surrealista. Por supuesto, había soñado con ganar durante los meses que había estado ensayando –y entrenando– diligentemente, pero en realidad nunca creí que pudiera suceder. ¡Todavía se me pone la piel de gallina cada vez que hablo de ese momento! Fue un cambio de vida para una joven de 18 años».

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La pregunta es obligada: ¿Cree en los concursos de belleza?: «Cuando los gané, absolutamente. Cuando participé, le dieron sentido a mi vida, me insuflaron confianza, aprendizajes y experiencias en muy poco tiempo. Además, esencialmente, fueron el trampolín de mi carrera como actriz. Ahora, más allá de los 35, veo los pros y los contras. Creo que los concursos basados en la belleza superficial son perjudiciales para la psique de una persona joven». Y esto no quiere verse reñido con el feminismo: «Soy una orgullosa feminista, para mí el feminismo significa que las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres han disfrutado durante tanto tiempo». Desde luego, sus oportunidades se multiplicaron tras erigirse en la belleza más imponente del mundo. El cine no era una dirección que quisiera tomar, «pero quería explorar todas las opciones que se presentaban. Recibí algunas ofertas de películas y decidí arriesgarme, sin experiencia en la actuación. Supongo que me gusta correr riesgos y, ahora, 70 películas más tarde, supongo que puedo decir que he hecho una carrera con eso. A veces me preguntan si ¿Hollywood o Bollywood? Da igual el idioma, la geografía o el cine. Buenos papeles, personajes con aristas, grandes historias… Solo soy una chica que ama su trabajo, donde sea que me lleve en el mundo. Podría ser España también…».

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Lo que pocos podrían imaginar son las revoluciones a las que Priyanka llegaría: ha sido la segunda mujer en ganar el Premio Filmfare a la Mejor Villana por la película Aitraaz y premiada como Mejor Actriz en la India, además de decenas de prestigiosos reconocimientos internacionales. «Definitivamente no me considero profeta en mi tierra de ninguna manera, pero sí que fui la segunda actriz femenina en ganar el premio desde su creación, en 1992 [Kajol lo ganó en 1998 por su papel en Gupt] y el honor fue especialmente significativo para mí. Sin embargo, más emocionante que incluso los premios fue la aclamación de la crítica. Era la primera vez que experimentaba críticas tan favorables y comencé a darme cuenta de que tomar riesgos podría ser una gran recompensa, que tal vez romper con los límites era una forma de abrir mi propio camino en lugar de hacer lo que se esperaba de mí».

De Bombay a Los Ángeles, de Iowa a Nueva Delhi…, estrenando en pantallas de Japón, Corea, Europa o Australia. Y es que Priyanka llega a ser el claro ejemplo de un debate que estaba (y continúa) sobre la mesa, el de la inclusividad y la diversidad. Sin hacer referencia a cuotas, por ese momento las productoras y distribuidoras querían ver representadas todas las etnias; las firmas de moda y las revistas querían incluir todo tipo de cuerpos, tallas y medidas; la calle hervía en multiplicidad… Y ahí estaba ella. Cuando Victoria’s Secret obtuvo críticas porque su modelo prototipo no representaba a todas las mujeres, en 2021 eligió a Priyanka como el rostro de la marca. Algo había cambiado. «Lo que más me emociona es que las nuevas clientas, y aquellas fieles de siempre, se sientan representadas. Me siento orgullosa de ser parte de un grupo de mujeres exitosas que comparten una pasión común por impulsar un cambio positivo. Como colectivo, estamos trabajando para crear nuevos programas, colecciones de productos revolucionarios e inclusivos, contenido convincente e inspirador y fomentando el apoyo a causas vitales para las mujeres». Como también continúa haciendo con Bvlgari, maison de la cual es embajadora: «Las joyas son mágicas y el joyero de una persona es el corazón de cualquier guardarropa, lleno de recuerdos e hitos. Siempre he admirado las magníficas obras de arte de Bvlgari, muchas de las cuales celebran algunos de los recursos más preciados de mi tierra natal. Desde las gemas raras y coloridas utilizadas en las creaciones de joyería atemporal, hasta las flores perfumadas que se convierten en los ingredientes principales de sus lujosas fragancias. Conectamos de manera muy orgánica a través de nuestro amor por la India y la belleza que ofrece. Al mismo tiempo, me esfuerzo por alinearme con marcas que reconozcan su inmensa responsabilidad social. Bvlgari ha tenido un gran impacto en sus esfuerzos por apoyar a los niños necesitados en todo el mundo, y espero trabajar juntos mucho tiempo más para poder continuar esa labor». Esta, y otras decenas de causas más por las que lucha. Aunque asegure que «la fama es un subproducto» de su trabajo, le ha valido para intentar batallar por aquello que cree: «Debemos crear un entorno donde las mujeres y los niños prosperen en la India, ser más inclusivos, y yo estoy tratando de encontrar aquellas formas en las que pueda ayudar a lidiar con los asuntos que me preocupan, de una manera que pueda generar un cambio-impacto positivo».

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Acaba de cumplir 40 años, y el brillo de sus ojos compite con las piedras preciosas de Bvlgari. Ha caído la tarde en Posta Vecchia y comienza a refrescar. Priyanka mira al mar, donde juegan varios pequeños, y piensa en voz alta. «Ha habido muchas experiencias en mi vida que me hicieron crecer rápidamente, pero todavía estoy tratando de ser un adulto. Mi familia es mi mayor fortaleza y mi mayor debilidad, pero sin duda, convertirme en madre ha sido un punto de inflexión fundamental para mí. Pero si algo he aprendido de vivir es que nadie gana siempre, y yo he perdido muchas veces en la vida. Siempre he creído que lo que te define es lo que haces después de los fracasos. Para apreciar verdaderamente el éxito, debes experimentar el fracaso».

ASISTENTE DE FOTOGRAFÍA: PIETRO FRIZZI. ASISTENTE DE ESTILISMO: DIEGO SERNA. VÍDEO: FRANCESCO VALLO

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