Solo Kiko Hernández tiene el morro suficiente para montar el teatro de ayer en ‘Sálvame’

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Por Mike Medianoche.- Desde hace días Sálvame anunciaba una de sus famosas bombas. Un familiar de Antonio David Flores le habría traicionado, y habría desvelado que el que fuese guardia civil llevaba separado de Olga Moreno desde que ella ganó Supervivientes. Este martes, Sálvame tenía en exclusiva a esta persona, cuya identidad no ha trascendido, pero finalmente resultó todo una farsa, una nueva bomba, pero de humo, en la que tan solo vimos corretear a Kiko Hernández por un hotel malagueño junto a una persona que iba tapada por una sábana. Una auténtica fantasmada, en otras palabras, que habrían resultado aún más ridículas de no ser el antaño concursante de Gran Hermano 3 el que estaba al frente.

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Para vestir el teatro de auténtico, Sálvame trasladó a Kiko Hernández a Málaga, hasta un céntrico y lujoso hotel, donde se encontraría con este topo de la familia Flores y le entrevistaría. Parecía que la cosa iba en serio, había un equipo del programa en la capital costasoleña, estaba Kiko y no daba la sensación de ser una de esas pantomimas que se hacen en el plató y que luego quedan en nada, como el (no) desvelar la identidad de un torero infiel, o una traición entre colaboradores que luego no era tanto.

Sin embargo, llegada la hora de la verdad, Kiko Hernández aseguró que este testigo, una mujer, estaba recibiendo muchas presiones de parte del entorno de Antonio David Flores, que había sufrido un ataque de nervios y quería irse del hotel, sin hablar, por supuesto. Poco a poco el globo empezaba a desinflarse, y se confirmaba que era una nueva estratagema del programa para mantener a la gente pegada a la pantalla.

El momento cumbre vino en el tramo del programa. Kiko Hernández abandonaba el hotel con una persona, el presunto testigo, tapado con una sábana para mantener su anonimato. Pedía ayuda para salir, y el programa, como señal de respeto, dejaba de emitir la señal. Según nos decían, la prensa se agolpaba a la puerta del hotel, era una situación tensa y complicada.

¿Realmente había interés mediático? ¡Para nada! Ahí estaba Diego Arrabal, paparazzi que no se lleva muy bien con el universo de Sálvame, dispuesto a desmontar el circo. No habría un gran despliegue, por la calle se podía pasar estupendamente, e incluso aseguró que esa persona no es ningún familiar de Antonio David Flores, ni un topo ni nada que se le parezca.

Diego no dio más datos al respecto, pero leyendo entre líneas todo apuntaba a un montaje, a algún actor o actriz que accediese a ese espectáculo por algo de dinero. A mi cabeza vinieron imágenes de aquellos programas de cámara oculta en los que se destapaban apariciones marianas fraudulentas, y en los que se pillaban a pícaros disfrazados de la Virgen tapándose con una sábana corriendo a su casa para que las cámaras no les capten.

Para llevar este teatro adelante la figura de Kiko Hernández ha resultado clave. Hacía falta una persona como él, alguien de plena confianza de la dirección para pasear a ese bulto con una sábana de aquí para allá, pocos como él saben dar dramatismo a frases como “siente miedo a que la familia de Antonio David le mande a alguien”.

Recordemos que Kiko Hernández dijo a inicios del pasado mes que Sálvame se le estaba haciendo cuesta arriba, sobre todo desde que muriesen varias personas cercanas. Desconocíamos cuánto tiempo permanecería alejado de la pantalla, pero ha demostrado que no sabe vivir sin Sálvame, y sobre todo, que Sálvame no sabe vivir sin él.

El madrileño es uno de los perfiles más versátiles de todos los colaboradores. Lo mismo le canta las cuarenta a Terelu Campos mirando a cámara que se pone a presentar el programa. El teatro del familiar fantasmagórico solo podía defenderlo alguien como él, que sabe proyectar autoridad en su voz, y que sabe agitar el avispero para que el programa tenga contenidos (a veces mejores, otras peores).

La credibilidad de Kiko Hernández no va a quedar mancillada por este episodio, que no tiene ni pies ni cabeza. Sálvame ha tirado muchas veces de él para cebar informaciones presuntamente controvertidas y que finalmente no eran nada. El público sabe perfectamente qué esperar de él, cuánto puede dar y hasta qué punto puede permanecer callado.

El pasado agosto, por ejemplo, Kiko avanzó que daría a conocer la identidad de dos famosos que habían sido infieles a sus respectivas parejas, pero luego no dijo ningún nombre. Hace solo unos días hacía algo similar con Anabel Pantoja, aseguró que su marido Omar Sánchez le había sido desleal, que había vídeos muy fuertes. Rompió la escaleta del programa, prometía que era una información que cambiaría el rumbo del programa… y finalmente solo se vio al joven canario hablando con una chica en una discoteca.

Podríamos pensar que Sálvame y el propio Kiko están jugando con fuego con tantas bombas que luego no quedan en nada, pero nada más lejos de la realidad. En Twitter habría críticas, sí, pero las audiencias dicen otra cosa. Sálvame Naranja superó los 1,6 millones de espectadores y rozó los 17 puntos de cuota de pantalla, liderando su franja. Se ve que el morro que le echa Hernández al asunto le gusta a la audiencia, que le perdona una vez más el haber dicho una trola con tal de tener un buen resultado.

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