Mientras el mundo disfruta cada Navidad de 'Solo en casa 2', una de sus actrices pasa su vejez triste y sola

Valeria Martínez
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Es uno de los rostros que lleva casi treinta años acompañando a espectadores cada Navidad a través de uno de los personajes más entrañables de Solo en casa 2: perdido en Nueva York, sin embargo Brenda Fricker pasa estas fechas sin sonrisas, amistades o compañía.

A pesar de haber ganado un Óscar y labrarse una carrera en cine, teatro y televisión a lo largo de seis décadas, el mundo la recuerda como la señora de las palomas, esa mujer solitaria y sin techo que aprendía el valor de la amistad junto a Kevin (Macaulay Culkin) en la secuela convertida en clásico navideño. Pero a sus 75 años, sus Navidades no reflejan la alegría que comparte la película, sino que son un espejo de la soledad que vive en su vejez.

Mientras Solo en casa 2 continúa llevando sonrisas a los hogares de todo el mundo en Navidad (en España la puedes encontrar en Disney+), las fiestas de Brenda son todo lo contrario. Esta actriz nacida en 1945 en Dublín, Irlanda, dio vida a un personaje icónico en la saga navideña: el de la mujer solitaria que vivía junto a las palomas de Central Park y salvaba a Kevin de los ladrones para luego confesar la triste historia de su vida, aprendiendo juntos una lección valiosa sobre la confianza y la amistad.

Confieso que aquel personaje siempre me llamó la atención porque no encajaba con el tono bromista de Solo en casa debido a la sentida actuación de Brenda. La actriz supo aportar altas dosis de dramatismo, tristeza y mucho sentimiento a la soledad que cargaba esta mujer que ni siquiera tiene nombre en los créditos (simplemente es ‘la señora de las palomas’). Pero esa soledad que tan bien interpretó ante las cámaras, es la que vive ahora, jubilada, viuda y con todos sus amigos fallecidos.

Recluida en su irlanda natal, Brenda dio la sorpresa apareciendo en el podcast de Ray D’Arcy y, como es su costumbre a la hora de dar entrevistas, volvió a abrirse sin tapujos confesando que la Navidad “puede ser muy oscura” para alguien como ella. “Mentiría si dijera que será una Navidad bonita y feliz porque estoy vieja y vivo sola. Puede ser muy oscura” sentenció para añadir que hace tiempo que pasa estas fechas en soledad. Y es que Brenda perdió a su marido, el director Barry Davies, en 1988, no volvió a contraer matrimonio, ni tuvo hijos.

Su tradición ahora es simplemente apagar el teléfono y cerrar las persianas, ver programas de televisión grabados con antelación y pasar el día de esa manera junto a su perro. “No quiero sonar negativa pero es una Navidad diferente… eso es todo” dijo intentando quitarle hierro al asunto.

Y mientras a muchos nos cuesta imaginar pasar estas fechas entre tanta oscuridad y soledad, para ella existe otra festividad más difícil de sobrellevar.No encuentro la Navidad tan difícil. La que sí es difícil es la Nochevieja” declaró para explicar a continuación que no tiene a nadie a quien abrazar o sonreírle cuando las campanadas de la iglesia de su pueblo marcan las doce. “No puedo escaparme de esas campanas” sentenció como si esas campanadas fueran la tortura que supera cada última noche del año.

A 28 años de Solo en casa 2, reconoce la ironía de su soledad en contraposición con la presencia de su personaje en tantos hogares cada Navidad, aunque destaca que igualmente “la señora de las palomas estaba muy sola”.

La tristeza que contagian sus palabras me motivó a buscar más entrevistas pasadas de Brenda, encontrando un puñado de declaraciones donde ya reflejaba una vida acechada por la depresión, un pasado doloroso y la soledad que marcó para ella el paso del tiempo.

Reveló en una ocasión que sufrió abuso sexual siendo una niña en manos de un amigo de la familia, desarrollando pánico al sexo en edad adulta. Cuenta que su marido esperó un año hasta mantener relaciones con ella después de la boda, y si bien cuenta la historia con dolor en la mirada, al hablar de la paciencia y los cuidados de su marido sonríe sin poder evitarlo.

Brenda también sufrió depresión severa cuando estaba en sus 50s, llegando a pasar hasta tres meses sin salir de la cama. En otra entrevista a una radio irlandesa contó que “se curó” con “la terapia de Mozart” que, al parecer, se trata de escuchar la música del compositor durante varias horas al día. Sin embargo, en dicha entrevista -también de hace unos años- repetía la soledad que imperaba en su vida por culpa de la muerte de sus amigos que fueron falleciendo poco a poco con el paso del tiempo.

Pocos lo recuerdan pero durante sus años en activo, Brenda fue una actriz dueña de un dramatismo natural inolvidable. Fue la primera actriz irlandesa en alzarse con un premio Óscar, específicamente a la mejor actriz secundaria en 1990 por su tremendo trabajo como la madre de Christy Brown, un artista que vivió entre 1932 y 1981 que sufría parálisis cerebral interpretado por Daniel Day-Lewis) en Mi pie izquierdo, arrebatando la estatuilla a otras favoritas de aquel año como Julia Roberts (Magnolias de acero) o Anjelica Huston (Enemigos, una historia de amor). Su currículo acumula más de 30 series y largometrajes como Casualty, El prado o Veronica Guerin, y dejó la actuación hace cerca de cinco años cuando interpretó su último personaje en la serie de televisión Forgive me.

Brenda nos pinta un futuro temeroso de cara a la vejez, solos y sin cariño por culpa de la muerte que va acechando paralelamente al paso del tiempo. Sin embargo, apuesto por tomarnos su historia como una lección navideña, recordando el valor de la familia y la importancia de nutrir continuamente las relaciones que nos rodean.

Creo que en las fiestas de este fatídico 2020 muchos podemos comprenderla más que nunca. La expansión de la pandemia y las nuevas cuarentenas impuestas harán que más de uno pasemos las fiestas lejos de familiares y amigos, incluso muchos tendrán que pasarlas a solas como Brenda rebuscando compañía a base de vídeollamadas y el streaming.

Ironías de la vida… Ella acompaña miles de salones en estas fechas señaladas con un personaje que personifica la tristeza que acarrea la soledad para añadir un mensaje del valor de la amistad junto a un niño pícaro, mientras pasa estos días sola, en la oscuridad y sin nadie que le regale un abrazo de cariño. Si tan solo viviera en Irlanda seguro que más de uno se iría conmigo a abrazarla. Ah no, que la cuarentena no nos deja...

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