La soledad de María Teresa Campos narrada por el archienemigo de su familia

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Maria Teresa Campos attends the presentation of the book Tele: The 99 ingredients of television that leaves the mark of Borja Terán in Madrid. Spain. June 19, 2019 (Photo by Oscar Gonzalez/NurPhoto via Getty Images)
La imagen vulnerable de Teresa Campos crece tras el relato de Kiko Hernández (Photo by Oscar Gonzalez/NurPhoto via Getty Images)

Que María Teresa Campos se siente sola es un secreto a voces según lo que cuentan en los distintos platós de Telecinco. Ahora se va a mudar cerca de su hija Terelu Campos buscando quizá ese arropo que le habría venido faltando tras su ruptura con Edmundo Arrocet.

La periodista tiene ya 80 años y, apartada de su profesión de toda la vida, lo que necesita es rodearse de paz y de gente que la quiera. En esa lista de gente están por supuesto sus dos hijas, Carmen Borrego y Terelu así como su nieta, Alejandra Rubio; sin embargo hay otro nombre que no es bienvenido por el Clan Campos… el de Kiko Hernández.

Por todos es sabida la guerra que mantienen Terelu y, sobre todo, Alejandra con el colaborador y precisamente a raíz de unas declaraciones públicas de la nieta de Teresa sobre él, Kiko ha estallado. Ale dijo explícitamente que esperaba que el tertuliano no pisara jamás la casa de su abuela, refiriéndose a su nuevo domicilio.

El pasado verano, en pleno agosto y con ola de calor, Hernández visitó a Teresa y se hizo un selfie junto a ella y su también amiga Belén Ro. Fue tanto el revuelo que el colaborador quitó la foto de sus redes sociales para, al poco tiempo, volverla a subir con el consentimiento de todos los que en ella aparecen, es decir, el de María Teresa.

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Para Terelu eso fue una provocación y un modo de exponer a su madre a los medios pero Teresita tiene claro que Kiko es amigo suyo y que las puertas de su casa siempre estarán abiertas para él. De hecho, gracias a Hernández, un accidente en casa de la periodista no tuvo consecuencias mayores.

Cabreado con Alejandra, Kiko contó una situación que vivió en casa de Teresa durante su visita veraniega y lo cierto es que da para reflexionar sobre la supuesta soledad que vive la presentadora.

Cuando Kiko visitó el hogar de Teresa empezó a sentir un intenso calor y veía como tanto él como Belén como la matriarca de las Campos sudaban sin parar, cuando le dio por mirar la máquina del aire acondicionado se dio cuenta de que estaba estropeada y lo que emanaba del aparato era calefacción, aire caliente.

“En agosto, en plena ola de calor, una señora de ochenta años con la calefacción puesta y mientras sus hijas en la playita de Málaga, de vacaciones”, explicaba alterado. “Y, ¿sabes lo que hice? Buscar durante horas la caldera por el jardín porque no sabía dónde narices estaba”.

“Luego tuve que llamar de urgencia al técnico como tres o cuatro veces hasta que me aseguró y prometió que vendría a arreglarlo sin falta al día siguiente. Le dije que si se cobraba como urgencia lo pagaba yo de mi bolsillo, que era cuestión de salud porque una señora de avanzada edad se estaba derritiendo y en plena ola de calor”, sentencia el colaborador.

Y, a modo de colofón final, dijo mirando a cámara como si allí estuviera Alejandra Rubio: “Para que luego digas que no quieres que vaya a casa de tu abuela. Además, tu abuela me dijo el día que fui a su casa que fue uno de los días más bonitos de su verano. ¿No quieres para tu abuela que tenga días bonitos?”, preguntaba enfadado.

Para concluir con un: “¡Manda narices, niñata, que le digas a tu abuela con quién se tiene que reunir!¿Te ha dicho tu abuelita qué problemas había en casa? ¿Te ha dicho qué solucioné? ¡Pregúntale!”.

Ante su testimonio el plató quedaba completamente en silencio y Carmen Borrego, vía mensaje, certificaba la versión de Kiko aunque matizaba que en cuánto el colaborador la avisó de lo sucedido, enseguida se preocupó por el asunto y por el estado de su madre.

Lo cierto es que ver a Kiko relatando este episodio meses después de que tuviera lugar (es decir, no para ponerse medallas en su momento sino debido al cabreo por las palabras de Ale) dibuja una figura vulnerable y algo solitaria de María Teresa Campos.

El pasado verano ella habría querido regresar antes a Madrid mientras sus hijas quedaron veraneando en el sur pero cuesta entender que nadie del servicio o su mano derecha, Gustavo, no se dieran cuenta de que aquello era calefacción con el calor abrasador del mes de agosto en la capital.

Lo cierto es que, al margen de esta preocupante situación que Kiko resolvió con diligencia, si Teresa Campos quiere contar con su amistad, ya es hora de que la dejen en paz vivir su relación con Kiko sin tener quebraderos de cabeza por los shows de sus hijas o de su nieta. Si ellas no le tragan, que no le frecuenten, pero si Hernández le hace bien a Teresa con su compañía, como bien él dice “a esa edad, es lo único que importa.”

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