Snapchat llevado al límite: cuando los usuarios quieren operarse para parecerse a sus filtros

Por Sandra Muñoz
Photo credit: Instagram @kyliejenner

From Harper's BAZAAR

Las imágenes editadas con filtros que embellecen la piel, perfeccionan los dientes y, por qué no, añaden unas simpáticas orejas de perro al retratado en cuestión, están a la orden del día. Cada vez menos fotos colgadas en las redes sociales escapan a los retoques y esto está cambiando nuestra percepción de la belleza, con nuevos cánones estéticos que parece que no van a tardar en imponerse.

Según un estudio que publica la revista JAMA Facial Plastic Surgery Viewpoint elaborado por el Dr. Neelam Vashi, los jóvenes están empezando a someterse a operaciones de cirugía estética para parecerse a sus selfies con filtros, y esto puede ser una señal de que hay una enfermedad mental subyacente, denominada 'Snapchat dysmorphia', un término acuñado por el doctor Tijion Esho, que explica que ver fotos de uno a mismo a diario en las redes sociales hace que seamos más críticos con nuestra imagen.

El estudio explica cómo aplicaciones de edición de fotos como Snapchat y Facetune permiten que los selfies logren un nivel de perfección fotográfica que antes solo estaba al alcance de las revistas. "Un pequeño ajuste en Facetune puede afinar la piel, hacer que los dientes se vean más blancos o que los ojos y los labios sean más grandes. Se comparte rápidamente en Instagram y los 'Me Gusta' y los comentarios empiezan a llegar", detalla Neelam Vashi. Ahora, los millenials están tratando de reproducir esa perfección en la vida real, y según indican los cirujanos plásticos, los pacientes ya no llegan a consulta con fotos de las celebrities a las que quieren parecerse, sino con sus propios retratatos mejorados con filtros, la versión supuestamente perfecta de ellos mismos. Estos retoques van desde contornear los pómulos a reducir el tamaño de la nariz, pasando por afinar el rostro para parecer más delgado. El problema es que esos filtros se mueven en la fina línea que separa la belleza idealizada de la irreal, ofreciendo estándares inhumanos. La realidad y la fantasía se confunden.

Y los datos confirman que se trata de una tendencia que va en aumento. Según un informe de la Academia Estadounidense de Cirugía Plástica Facial, el 55% de los cirujanos vieron en 2017 pacientes que querían operarse para lucir mejor en sus selfies, cuando la cifra era solo del 13% en 2013, y el 56% de los doctores han visto cómo aumentan los pacientes que tienen menos de 30 años.

Según el doctor Esho, el peligro no es tomar esas fotos como referencia, sino que esa imagen se convierte en como el paciente se ve a sí mismo o como quiere ser. Hay que estar atentos a las señales que pueden ser síntoma de dismorfia corporal, un trastorno relacionado con la percepción que una persona tiene de su propia imagen física que hace que se sientan acomplejadas por algún defecto físico que, aún siendo real, magnifican de forma desmesurada. Y en estos casos, la solución no se alcanza con la cirugía estética.