Slim Keith, una mujer que marcó época por su elegancia y personalidad

Photo credit: Bettmann
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El baile de epítetos empezó pronto: nació como Mary Raye Gross en 1917, pero cuando aún era una niña su madre cambió su nombre a Nancy. Con su melena rubia, su aspecto atlético y su aire elegante y distinguido, Nancy se convertiría pronto en el prototipo de la chica de oro de California. Tenía apenas 16 años cuando el actor William Powell le echó el ojo en un hotel. En breve, se convertían en pareja y Nancy pasaba a ser 'Slim' Gross, el mote que le puso Powell porque era alta y espigada.

En el Hollywood de mediados de los años 30, se codeó con todo el mundo del cine, hizo amistades, flirteó -y puede que algo más- con famosos como Clark Gable o Hemingway y pronto se ganó admiradores por su estilazo. Cuando salió en la portada de Harper’s Bazzar a los 22 años, vestida con sus propios vaqueros, las mujeres de Estados Unidos empezaron a incorporar la prenda a su vestuario diario. "Nunca he sido de pasarme horas peinándome en un tocador Pompadour", escribiría en sus memorias Memorias de una vida rica e imperfecta.

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"Pensaba que lo más importante era tener una inteligencia por mostrar, un sentido del humor que nunca fallase y un saludable interés en los hombres". Además, era graciosa, inteligente, rápida y una reina de la ironía y las respuestas ingeniosas. Eso, unido a su belleza y porte, se convertía en una combinación volcánica e irresistible. Cuando la nombraron "mujer mejor vestida del mundo" en el 46, su comentario sardónico fue "es un título casi tan vacío como Miss Culogordo de la semana en Wisconsin".

Algunos no admiraban solo su habilidad para vestirse. El director Howard Hawks se enamoró locamente de ella en el 38, hasta el punto de abandonar a su esposa Athole Shearer, hermana de la estrella Norma Shearer, madre de sus tres hijos y con un grave trastorno mental que la llevaba a ingresar en sanatorios mentales periódicamente. Slim se casó con Howard en el 41, y pasó a ser 'Slim' Hawks. Tuvieron una hija, Kitty, pero el matrimonio pronto haría aguas debido a la afición del director por serle infiel. Pese a los problemas, ella seguía trabajando evaluando guiones para su marido y asesorándole en su trabajo.

Por aquella época Howard buscaba una desconocida para convertirla en una estrella en sus películas, al modo en el que lo hacían muchos directores con síndrome de Pigmalión de su época. Paradójicamente, fue su esposa la que la encontró, en la portada del número de marzo del 43 de la revista Harper’s Bazaar. Era una joven muy hermosa que invitaba a donar sangre en tiempos de guerra. "No sé si sabe actuar o no, pero desde luego sabe cómo mirarte", le dijo Slim a su marido. La desconocida era Betty Perske, a la que ficharían y muy pronto rebautizarían como Lauren Bacall.

Para su debut en 'Tener y no tener', Howard Hawks dotó al personaje y actriz de las virtudes y defectos de su propia esposa: fumaba, vestía, hablaba y miraba como ella. Era una situación un tanto chiflada en la que los límites entre vida y arte se confundían, porque tras tres años de matrimonio, Hawks y Slim ya no se aguantaban. Él le seguía poniéndole los cuernos, la deseaba a su lado, la alejaba, y convertía a su Galatea en un trasunto de su esposa… al mismo tiempo que intentaba llevarse a la cama a la propia Lauren Bacall, que no accedió y en breve empezaría un icónico romance con Humphrey Bogart, su partenaire en 'Tener y no tener'.

Al final, Slim dejó a Hawks y se marchó a Cuba con Hemingway y su familia. El escritor contaría que sus hijos le preguntaron en una ocasión qué era enamorarse. "Bueno, ¿recuerdas la primera vez que viste a Slim?", les dijo. Cuando Gregory asintió, él le preguntó de nuevo "¿Cómo te sentiste?". "Como si un caballo me hubiese dado una patada en el estómago". Hemingway rio: "Así es enamorarse".

Eso fue justo lo que le ocurrió a Slim en Cuba con Leland Hayward, el agente y productor. Hayward estaba casado con Margaret Sullavan, ex esposa de Henry Fonda y William Wyler, pero la abandonó para casarse con Slim en el 49. Fue, en palabras de ella, "el amor de mi vida", pero todo saltó por los aires cuando él la dejó para irse con Pamela Churchill, famosa socialité.

Photo credit: Slim Aarons
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Ese personaje, el de la socialité, sería justo la siguiente encarnación de Nancy. Por su matrimonio con Sir Kenneth Keith pasó a ser lady Keith, se mudó a Inglaterra donde se aburrió como una ostra, ella acostumbrada a una vida rodeada de celebrities y acontecimientos emocionantes. Al divorciarse, en el 72, pasó a formar parte de un escalón ligeramente por encima del de las luminarias de Hollywood, una mezcla de millonaria ociosa, casi ex estrella, casi noble y desde luego dueña de un estatus difícil de emular. Esta es la época en la que se convirtió en uno de los "cisnes" de Capote.

El escritor estaba obsesionado con la élite de las reinas de la sociedad de Nueva York como Barbara Paley, Maria Agnelli, Gloria Guinness o la propia Slim. Se hizo muy cercano a ellas, especialmente a 'Babe' Paley, y se convirtió en un confidente y guardián de muchos de sus secretos, además de beneficiarse de pertenecer al mundillo de los ricos y privilegiados -antes de serlo también él mismo-. Pero con el abuso de alcohol y drogas llegaron las indiscreciones, publicadas en 1975 en forma de un artículo en Esquire, que estaba previsto que formase parte de su próxima novela, Plegarias atendidas, que nunca pudo terminar.

"La Côte Basque. 1965" aireaba los secretos -de alcoba, sobre todo- de algunas de sus amigas, usando nombres ficticios que no engañaron a nadie. Fue su suicidio social; sus amigas renegaron de él, le condenaron al ostracismo y el público -que devoró la historia con furor- le consideró un traidor. Slim había sido muy amiga de Capote, y le definía como "una de las tres o cuatro personas más brillantes que he conocido en mi vida. Ir a almorzar con él a un buen restaurante era lo más divertido que había". Pero entonces se reconoció en Lady Ina Coolbirth, la dama que se emborracha, critica a todos los presentes en el restaurante La Còte Basque, y asegura que Joe Kennedy la violó cuando era una adolescente.

También, en el texto de ficción, afirmaba que Ann Woodward había asesinado de verdad a su marido y que todos lo sabían, pese a que había salido indemne. El caso de la corista casada con una de las fortunas de Nueva York que había matado "por accidente" a su marido cuando su matrimonio hacía aguas había levantado una gran polvareda décadas atrás. Ann había sido declarada inocente, pero también condenada al ostracismo social (Dominick Dunne novelizaría el caso en Las dos señoras Grenville).

Photo credit: Slim Aarons
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Tres días antes de que saliese el artículo de Esquire en el que un trasunto de Slim Hawks definía a un trasunto suyo como asesina, Ann se suicidó ingiriendo unas cápsulas de cianuro. Cuando el artículo vio la luz, Slim le retiró la palabra a Capote y puso a sus abogados a averiguar si podían demandarle por difamación. El juego de espejos era complejo y retorcido. "¿Qué esperaban? Soy un escritor", fue la respuesta de Capote.

Slim siguió dedicándose a la vida social en Nueva York hasta que falleció en 1990, a los 72 años. El fin de una era. "No he trabajado un solo día de mi vida", había declarado Slim con sinceridad. "Con lo que no fui bendecida, salí y lo obtuve por mí misma. A veces el precio fue demasiado alto, pero nunca he sido muy buena buscando gangas".