Los síntomas que alertaron a los padres del menor ingresado por adicción a un videojuego

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El uso de la tecnología se enseña y se educa desde que nuestros hijos nacen. Primero con el ejemplo, lo que hacen lo padres cuaja. Después, potenciando la confianza con conductas sanas, dialogantes y respetuosas. Esto es más productivo que el hecho de que piensen que se les espía o de prohibir de forma gratutita. (Foto: Getty)
El uso de la tecnología se enseña y se educa desde que nuestros hijos nacen. Primero con el ejemplo, lo que hacen lo padres cuaja. Después, potenciando la confianza con conductas sanas, dialogantes y respetuosas. Esto es más productivo que el hecho de que piensen que se les espía o de prohibir de forma gratutita. (Foto: Getty)

No salía de su habitación, no iba al baño, apenas se relacionaba con su familia, era un menor con un alto rendimiento pero dejó de preocuparse por sus estudios... Sí, los adolescentes suelen comportarse de forma diferente en los años de la pubertad y sentir un cierto 'rechazo' o 'desapego' con respecto a sus familiares, pero suele ser algo temporal y muchas veces impostado porque "es lo que toca". 

Hasta cierto punto parece normal que se aislen en su cuarto y se alejen de los padres, pansando gran parte de su tiempo de ocio frente a las pantallas ya que es la forma que tienen ahora los jóvenes de socializar, pero todo tiene un límite y hay estar atento a las señales. Ante todo, no hay que dar el brazo a tocer; se están haciendo mayores y necesitan libertad para equivocarse y crecer pero siguen necesitando que se les ponga límites.

El caso del primer menor que ha tenido que pasar dos meses ingresado en un hospital para desengancharse de su adicción al videojuego Fornite ha reabierto el debate poniendo el foco sobre un tema muy polémico, una realidad que nos cuesta asumir: algunas personas expuestas al uso de videojuegos desarrollarán problemas de adicción.

Se veía venir. Los resultados de la Encuesta Europea sobre Alcohol y otras Drogas (ESPAD) del Observatorio Europero muestran que el 46 por ciento de los estudiantes europeos perciben que tienen un problema con el uso de redes sociales y un 21 por ciento con los videojuegos.

El caso del joven español ingresado es un caso muy grave que no tiene que asustarnos, pero sí ponernos en alerta sobre las cosas que pueden llegar a pasar. De hecho ya hubo otro caso de una niña de 9 años en rehabilitación, también por su adicción al Fortnite. "Son casos en los que se suelen producir muchos fallos, apunta la doctora Arantza Pérez Mijares, psicóloga en Doctoralia. Una falta de control, por un lado, y por otro, unas campañas promocionales muy agresivas dirigidas específicamente a preadolescentes".

La familia del menor hospitalizado había observado desde el inicio de curso mayor absentismo escolar, ruptura de los horarios de descanso y desvinculación del ritmo del curso, coincidiendo con un cambio de clase.

Sin embargo, no siempre es fácil saber cuándo se están torciendo las cosas ni si los niños se están excediendo en el uso de la consola, la tablet, el móvil o cualquier otro dispositivo. Tampoco lo es tener que lidiar con la pareja, o explicarle a un hijo menor o un adolescente los peligros de su cuasi ‘obsesión’. Tampoco solemos pensar que por dejar al niño jugar cuando quiera se va a convertir en adicto o en ludópata pero (aunque suene exagerado y alarmista) puede pasar.

Es cierto que lo primero que puede chirriarnos es el tiempo que el niño pasa ante la pantalla. El equipo que ha tratado al menor ingresado ha contado que el paciente llegó a estar conectado a las pantallas 20 horas diarias (muchas de noche). Pero como decíamos, no es fácil medir el tiempo porque muchos padres están fuera de casa o ni entran a menudo en la habitación de sus hijos. Aun en el caso de que lo hiceran y pusieran límites, tampoco hay que bajar la guarda. Y por cierto, no se trata de prohibir de forma gratuita, no. Se trata de generar alternativas de ocio que incluyan a toda la familia, de modo que el menor se va a sentir integrado y con una buena autoestima.

Los expertos nos explican que muchos padres creen que se quitan de problemas siendo estrictos con los horarios, pero esto no va a librarte de tener un problema en el futuro. Lo importante es cómo afecta esta ‘afición’ a su rutina y a vuestro día a día, aseguran fuentes de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD).

El aislamiento en casa y el rechazo a las relaciones sociales son otros signos muy releveradores de que algo está pasando, pero todavía podemos escudarnos en la idea de que el niño es retraído o tímido desde pequeño y que es su personalidad, o que es un niños "muy casero". Cuidado con esto, si a ese ostracismo se suman alteraciones en el desempeño de las actividades básicas de la vida diaria como por ejemplo, dejar de ducharse o cambiarse de ropa, o el hecho de comer menos o no cenar junto con la familia. En estos casos hay que tomar medidas y no ceder ante tales pretensiones.

“Una cosa es el mal uso de las redes y otra la adicción”, explica el doctor Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco (España), a la vez que añade que hay adicción cuando el uso de las redes sociales supone una pérdida de control, una absorción a nivel mental y hay una interferencia grave en la vida cotidiana (a nivel escolar, familiar o social) de la persona afectada. “Más que el número de horas conectado a la red, lo determinante es el grado de interferencia en la vida cotidiana”, continúa.

Si su afición por los videojuegos altera las costumbres del niño durante el día hay que sospechar (por ejemplo, si deja de acudir a sus actividades habituales y se borra de todo), pero hay un sígno claro de que se le ha ido de las maños: el ritmo de sueño.

Por otro lado, cuando al plantearle el problema el adolescente no reconoce el problema y se niega a modificar su conducta, recibir ayuda y acudir al médico, es un caso claro de 'adición'.

El abuso de los videojuegos o las redes sociales puede, por tanto, facilitar el aislamiento, el bajo rendimiento, el desinterés por otros temas, los trastornos de conducta y el quebranto económico (los videojuegos), así como el sedentarismo y la obesidad.

Sin embargo, lo más grave es que "se produce un flujo de transrealidad que recuerda a la experiencia de las drogas, llega un punto en que se confunde entre lo íntimo, lo privado y lo público y se fomentan conductas histriónicas y narcisistas, cuando no deformadoras de la realidad”, añade Echeburúa.

A veces, como en el caso del menor ingresado, hay un trauma 'facilitador'. Tras su evaluación, los profesionales hallaron que la adicción a los videojuegos actuaba como reguladora del intenso malestar por la pérdida de un familiar y por la ansiedad derivada del aumento del nivel de exigencia en el contexto educativo. Puede haber otros 'estresores externos' como un problema en casa o en el colegio, o cualquier cambio importante. Cuando hay “un malestar emocional intenso”, algunos adolescentes prefieren no afrontar la realidad, y deciden que la solución es aumentar más el tiempo de juego. Pero recuerda que no hay un sólo indicativo, sino que suele haber varios factores que van en la misma dirección.

Para que quede claro, estas son las señales de alarma que denotan la conversión de una afición sana a una adicción: 

  1. Privarse de sueño (<5 horas) para estar conectado a la red, a la que se dedica unos tiempos de conexión anormalmente altos.

  2. Descuidar otras actividades importantes, como el contacto con la familia, las relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la salud.

  3. Recibir quejas en relación con el uso de la red de alguien cercano, como los padres o los hermanos.

  4. Pensar en la red constantemente, incluso cuando no se está conectado a ella y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta muy lenta.

  5. Intentar limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y perder la noción del tiempo.

  6. Mentir sobre el tiempo real que se está conectado.

  7. Aislarse socialmente, mostrarse irritable y bajar el rendimiento en los estudios.

  8. Sentir una euforia y activación anómalas cuando se está delante del ordenador.

En caso de identificar estas señales de alarma es importante llevar al niño a un especialistas en adicciones que prescribirá el tratamiento a seguir. Estos se suelen centrar en el reaprendizaje del control de la conducta con unas reglas de conducta determinadas. Más a largo plazo, conviene solucionar los problemas específicos (ansiedad, depresión, duelos, problemas de pareja, etc.) e introducir cambios en el estilo de vida, de modo que el menor o la persona afectada sea capaz de obtener otras fuentes de gratificación alternativas al mundo virtual.

Para evitarlo, además de poner límites y ofrecer alternativas a las pantallas para que los niños se sientan realizados y 'satisfechos' realizando otras actividades. Es aconsejable trabajar en la interacción familiar para disfrutar de actividades en grupo (aunque los padres estén cansados, tengan otras actividades domésticas a las que atender o lleguen tarde a casa, ¡hay que sacar al menos 15 minutos para ellos!) y la restricción de los dispositivos en las habitaciones de los menores.

Por supuesto, es importante saber a qué juegan. Permitirles acceso a juegos no aptos para su edad es un error. Tanta precocidad en todo está perjudicando mucho a nuestro niños. Incluso algunos a los que podrían jugar no son recomendables. En el caso del Fortnite, hay dos aspectos que aumentan su potencial adictivo: la imposición de plazos para lograr los retos de cada temporada y no perder el progreso, y el acceso a plataformas de retransmisión en vivo que muestran a personas jugando mientras comentan sus estrategias. El nivel de presión que sienten los menores y esa manera de fomentar la competitividad no es sana. Ojo con permitirle todo porque está de moda o porque sus amigos lo hacen; ser firme cuesta pero tiene su recompensa a largo plazo.

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