Simone Biles: «Ir a terapia me enseña a tener coraje, a decir no, a alzar la voz por mí misma»

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Photo credit: Juankr
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Ella es la favorita. Porque no hay rival que esté a su altura, a no ser que Simone Biles (Ohio, 1997) falle. Porque sube casi medio metro más que sus competidoras en los mortales. Porque sus piruetas desafían mucho más que la ley de la gravedad. Porque su técnica es exquisita. Porque su coreografía transmite complicidad, y sus cuatro diagonales, a cada cual más complicada, provocan en los espectadores algo similar a un chute de energía inexplicable. Porque disfruta cuando baila, salta y vuela. Porque, como la gran campeona que es, con 19 medallas de oro –de las 25 que ha ganado– ha cambiado y mejorado la gimnasia para siempre. «De niña, mi madre nos llevaba a su despacho para escribir en un papel nuestros objetivos a corto y largo plazo. Es una práctica que mantengo, pues esa lista me recuerda por qué hago las cosas», dice esta fuerza de la naturaleza de 142 cm de altura y 47 kilos de peso. Es pequeña, potente y tremendamente ágil.

Mide cada paso, cuida sus gestos, igual que sus palabras, en especial cuando habla de los asuntos que importan, como los abusos del médico de la federación, Larry Nassar, de los que ella es una superviviente, o la necesidad de apoyar a los niños de acogida con la organización Friends of the Children, o que romperse es humano y reconocerlo te hace más fuerte. Igual que le sucedió a ella cuando la vida le paró en seco en mitad de los Juegos Olímpicos de Tokio y encontró la entereza para exclamar al mundo que su estado mental no era el adecuado y que se retiraba. Su mensaje fue claro: «Está bien ser vulnerable. No pasa nada por sentirse emocionalmente agotada. Por frenar, ponerse en primer lugar y buscar ayuda si te cuesta salir adelante».

Simone es la mejor gimnasta de la historia y una adversaria feroz, pero también necesita tiempo personal. Quiere planificar la boda con su novio, Jonathan Owens –defensa del equipo de fútbol americano Houston Texans–, disfrutar de su reciente independencia, de su nueva casa y de ser mejor hija, amiga y hermana. Mientras, espera con impaciencia las cenas de los domingos con su familia, continúa anotando esos objetivos, sueños y aspiraciones. Su lista es interminable.

Photo credit: Foto: Juankr. Realización: Odile Iturraspe.
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¿Te ha dado tiempo a digerir lo sucedido este último año?

Eso no se asimila. Intentas vivirlo al momento y entenderlo. No me di cuenta del impacto hasta pasados unos meses.

Con tu gesto contribuiste a que el debate sobre la salud mental se convirtiese en una conversación global.

Y me alegra. Por fin se ha colado en las charlas diarias. Ahora que está bajo los focos, hay que aprovechar para normalizarlo entre la sociedad y obtener más recursos con los que mejorar su tratamiento y su prevención. Mañana puedes ser tú. O un amigo. O un familiar. Puede sufrirlo cualquiera. Hoy estamos sometidos a tal nivel de exigencia que es primordial proteger tu salud mental, no importa en qué escenario estés o cuántas medallas ganes.

Photo credit: Foto: Juankr. Realización: Odile Iturraspe.
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¿Hay que tener valor para reconocer tu vulnerabilidad?

Más bien ser honesto y decir: «¿Sabes qué? No me siento bien». Lo que hacemos los gimnastas no es fácil... De lo contrario, cualquiera lo haría. No somos sólo atletas, también somos humanos, con emociones con las que tenemos que lidiar a puertas cerradas. Durante años, únicamente me han felicitado por ganar, ahora lo hacen por ser humana y vulnerable. Por ser Simone. Sin más. Personas anónimas me han agradecido que hablase alto y claro, y para mí, es muy valioso, porque significa que mucha gente ha decidido buscar ayuda. Hay que hacer saber a aquellos que lo están pasando mal que no están solos. Muchos libran batallas silenciosas, y no tiene que ser así.

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Sabemos cómo se cura una herida física. ¿Y una emocional?

Con paciencia y equilibrio. Nadie está preparado para ese gran vacío que surge cuando, por fuerza mayor, no puedes desempeñar lo que mejor sabes hacer. Con el tiempo, ves que hay más cosas fuera del deporte. Y para llegar a esa conclusión, tienes que ponerte en manos expertas. Yo sola no sabía cómo navegar por estas aguas, necesitaba las herramientas para sobrevivir en el día a día. A veces, parece que la gimnasia es sólo lo que ocurre en el gimnasio y los resultados que obtienes en las competiciones. Yo he tenido que luchar contra la ansiedad, la presión y los problemas de salud mental a lo largo de los años. Para alcanzar una mente alegre, fuerte y flexible, tienes que cambiar tu filosofía de vida a un nivel profundo. Es un entrenamiento diario.

Photo credit: Foto: Juankr. Realización: Odile Iturraspe.
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¿Qué te enseña ir a terapia?

Resilencia, a tener más coraje, a decir no, a examinarme y reflexionar y a alzar la voz por mí misma.

¿Escuchas más y mejor?

Escucho más e ignoro más las tonterías. He afinado el oído. Me mantengo en mi burbuja, porque tengo claro que no quiero que me la intoxique nadie.

¿Cómo se lucha contra la adversidad?

Dentro del deporte, y fuera de él, siempre pensando en lo positivo. Desde que era una niña, he visto el vaso medio lleno. Y eso es lo que me ha hecho seguir adelante, incluso en los días realmente duros.

Demostraste esa actitud cuando declaraste en contra de Larry Nassar, el que fuera médico de la federación. ¿Qué hizo que dieras un paso al frente y te unieses a tus compañeras?

A medida que leía más sobre los abusos que habían sufrido otras gimnastas, me di cuenta de que sus historias coincidían con la mía. No es fácil rememorar esas experiencias, no obstante, tenía que alzar la voz y juntarme con ellas. Porque somos unas supervivientes. No podemos callarnos ante las agresiones, tenemos que permanecer unidas. El sistema no debe normalizar estas situaciones mirando para otro lado.

Photo credit: Foto: Juankr. Realización: Odile Iturraspe.
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¿Sentiste en ese instante que tanto USA Gymnastics como el comité olímpico de Estados Unidos te habían fallado?

A mí y a muchas jóvenes, la mayoría de ellas menores en su momento. Nosotras llevábamos las medallas, cumplíamos con nuestra parte, ¿ellos no podían hacer la suya?

¿Fue difícil regresar al gimnasio tras ese suceso?

Fue muy duro. Hubo ocasiones en las que no quería ni pisarlo. Y aun así, pensé que nada ni nadie iba a alejarme de mi pasión, de seguir trabajando por mis sueños. Nada se iba a interponer entre los objetivos que todavía tenía marcados.

Photo credit: Foto: Juankr. Realización: Odile Iturraspe.
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También te has unido y has denunciado otras injusticias, como el Blacks Lives Matter, los ataques contra el colectivo LGTBQ... ¿Tus palabras tienen poder?

Si puedo ayudar a la gente y ser una voz para los que no la tienen, ahí estaré siempre. Todos tenemos derecho a defender aquello en lo que creemos. Para mí no ha sido nada fácil tener una opinión sobre determinadas cosas. Tampoco darla a conocer, porque siempre da un poco de miedo cómo reaccionarán los demás cuando te expresas libremente.

¿Dirías que se infravaloran tus méritos por ser mujer, negra, olímpica y atleta de élite?

Incluso aunque haya roto barreras y récords mundiales, te juzgan en función de lo que perciben. Gestionar la soledad y el peso que sientes cuando el mundo espera que ganes es duro, pero creo que es más difícil ser una mujer atleta, porque algunos desean que fracases. Mantener la naturalidad puede ser un reto cuando algunos sólo esperan un desliz.

Photo credit: Foto: Juankr. Realización: Odile Iturraspe.
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¿Cuál es ahora tu gran victoria?

Permanecer sana y mantener la confianza en mí misma. De cada mala situación siempre se puede extraer un mensaje, y hoy el mío es levantar la mirada más allá de lo que sé y explorar todas las cosas que hay dentro de mí.

¿Has vuelto a entrenar?

Sí, también tengo que cuidar mi cuerpo. Ya tengo una edad.

Claro, 25.

Sí (Risas).

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Que en gimnasia quiere decir...

Que soy mayor, muy mayor. Casi una anciana. Técnicamente, es lo que alguien en Estados Unidos te contestaría si le preguntases. De cara a Tokio, estaba en mi mejor momento. En 2016, con 19 años, de verdad pensé que había alcanzado mi punto máximo. Cada vez que entrenaba o competía, me decían que no iba a ser mejor de lo que ya era, porque había alcanzado mi tope. Así que me dediqué a esquivar las opiniones negativas y seguí superándome. Quería ver de lo que era capaz y el talento que aún residía en mí. Para dentro de diez años, al mirar atrás, no arrepentirme. Quizá me esfuerce un poco más.

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¿Eso significa que te veremos en breve sobre el suelo?

Por el momento, no. Aún debe pasar un tiempo y que me lo diga mi médico. Todavía tengo que sanar. Además, ando con otros asuntos entre manos, como ser feliz.

¿Sabes qué? Eres el claro ejemplo del verso de Maya Angelou que llevas tatuado en la clavícula.

(Cambia de voz y recita). «Y aún así me levanto». Tras ganar un campeonato nacional y romper un récord, me lo tatué. Esas cinco palabras hablan sobre la confianza en ti misma.

¿Eres consciente de que, sin ti, este deporte no sería tan diverso como lo es, ni como lo será de aquí en adelante?

Puede ser, aunque siempre hay gente antes que tú que ha allanado el camino. Es genial que las niñas te miren y se digan: «Si ella puede hacer esto, quizá nosotras también podamos». Cambiar las reglas del juego requiere que vayamos todos a una. Tú sola no consigues nada.

Photo credit: Foto: Juankr. Realización: Odile Iturraspe.
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¿Qué aconsejarías a las niñas que sueñan con ser gimnastas?

Da igual si quieren ser atletas, profesoras o lo que sea, lo esencial es que encuentren su pasión. Una vez que den con ella, todas las piezas encajarán. Yo soy adoptada y, además de hallar una familia que me hizo sentir importante, dar con mi pasión fue básico.

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¿Por eso te involucras con instituciones de niños de acogida?

Sé exactamente cómo es ser uno y cómo te sientes (su madre luchaba con las adicciones cuando el sistema le quitó la custodia de sus hijos). Colaboro con la organización Friends of the Children, que empareja a un joven con un mentor para que sea su amigo, desde los 4 hasta los 12 años. Mi esperanza es cambiar la narrativa y ayudarles a alcanzar sus metas, que tengan una educación y que sepan que no están solos. Que también serán grandes en el mundo y estar en acogida no será su único título. Nuestras circunstancias no deberían definirnos. Mi camino hacia el éxito comenzó el día en que mi abuelo, Ron, y su mujer, Nellie, nos adoptaron oficialmente a mi hermana Adria y a mí. Papá, mamá, gracias por ser valientes y dar ese salto de fe con nosotras.

¿Has pensado cómo serías si no te hubiesen adoptado?

Lo primero, no sería gimnasta. Sólo el 50% de los niños en régimen de acogida se gradúan en el instituto, y las adolescentes tienen el doble de probabilidades de quedarse embarazadas antes de los 19. Podría haber sido tan diferente. Sé que he tenido mucha suerte con todo lo que Dios me ha dado, porque desde el primer instante me cuidaron, estaba sana y a salvo. No hay nada peor que un crío dando tumbos de una casa o centro a otro. Todos necesitan tener ese sentido de pertenencia. Y cualquier niño aporta amor en el hogar.

¿Quién es tu modelo a seguir?

Tengo muchos, aunque por encima de todos está mi madre. Espero ser la mitad de la persona que es ella. Tiene una mentalidad fuerte, es tenaz y sabe cómo defenderse sola. Me gusta reconocer todo lo que ha hecho por mis hermanos y por mí. Siempre nos ha puesto por delante.

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Por lo que intuyo, el trabajo de tu vida no es solo ser la mejor gimnasta de todos los tiempos...

Para mí, es todo lo que está por llegar. Acabo de independizarme, me he comprado una casa, tengo dos preciosos bulldogs franceses... Me ilusiona pensar en lo que me puede deparar el futuro.

Y te has comprometido con tu novio, Jonathan Owens.

¡Sí! Ahora estamos en plena organización de la boda, será entre febrero y julio del próximo año, fuera de su temporada. Es otra clase de estrés (Bromea).

¿Qué harás ahora?

Vivir. ¿Es que acaso hay algo más apasionante que eso? Es mi nueva carrera de fondo.

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