¿Amas o dependes? 5 signos que te alertan de una dependencia emocional tóxica

Del amor maduro al amor dependiente y tóxico no hay más que un paso. [Foto: Getty]

El amor inmaduro dice: ‘te quiero porque te necesito’. El amor maduro dice: ‘te necesito porque te quiero’”, escribió Erich Fromm. La diferencia entre el amor maduro y el amor dependiente es enorme, pero del uno al otro no hay más que un paso.

Mientras que el amor maduro es fuente de satisfacción y desarrollo, el amor inmaduro genera dependencia. El amor maduro es la expresión de una personalidad segura de sí, que se acepta y se quiere, mientras que el amor inmaduro esconde una personalidad dependiente que busca validación en los demás.

Por supuesto, es inevitable que en toda relación se establezca cierto grado de “dependencia” porque “nadie es una isla completa en sí mismo”, como escribiera Hemingway. Sin embargo, cuando esa dependencia es excesiva se convierte en un problema, tanto para la relación como para nosotros mismos.

¿Te amo o te necesito?

En las relaciones dependientes devoramos amor, en las relaciones maduras compartimos amor. [Foto: Getty]

Sin ti, no soy nada”.

Eres todo mi mundo”.

No puedo vivir sin ti”.

Estas frases románticas son tan comunes y se han colado tan profundo en el imaginario colectivo que es difícil darse cuenta de que en realidad esconden una visión de un amor dependiente y tóxico en el que pueden caer de lleno las personas más vulnerables con carencias afectivas.

La dependencia emocional esconde un patrón persistente de necesidades emocionales insatisfechas que se intentan compensar de manera disfuncional con otras personas, las cuales se convierten en una pieza indispensable para mantener el equilibrio afectivo.

Cuando desarrollamos una dependencia emocional, lo que hacemos es entregar a otra persona la responsabilidad por nuestra autoestima y bienestar. Por tanto, en realidad no amamos tanto a la persona en sí como a la manera en que esta nos ama y satisface nuestras necesidades de afecto y validación. Al esperar que sea alguien más quien llene nuestro vacío interior, le transferimos nuestro valor y, por eso, ya no podemos vivir sin ella.

Las relaciones que se establecen desde la madurez son completamente diferentes porque parten del amor propio y de la conciencia de nuestro valor. En vez de necesitar que alguien nos llene y complete, asumimos la responsabilidad por nuestros sentimientos y necesidades y experimentamos una plenitud interior que queremos compartir. En lugar de devorar amor, compartimos amor.

El dilema de la dependencia emocional: Cuanto más te necesito, más te alejo

La dependencia emocional es el precursor de la violencia en una relación, según un estudio. [Foto: Getty]

Es difícil amar de manera madura a alguien y dejarle libre para que sea quien quiera ser cuando inconscientemente necesitamos a esa persona para que satisfaga nuestras necesidades de afecto pasadas. De hecho, la dependencia emocional suele sentar sus bases en nuestra infancia, cuando desarrollamos un estilo de apego inseguro porque nuestras necesidades afectivas no fueron adecuadamente satisfechas, como confirmó un metaanálisis publicado en Estudos Interdisciplinares em Psicologia.

La dependencia emocional no es la respuesta porque crea un círculo vicioso que se autoalimenta. Cuando responsabilizamos a otro por nuestros sentimientos, pidiéndole que nos proporcione algo que no podemos obtener nosotros mismos, esa persona puede terminar sintiéndose tan agobiada que se verá obligada a asumir una “distancia de seguridad”.

Esa distancia emocional aviva a su vez nuestro profundo temor a la pérdida, el abandono y el rechazo, por lo que asumiremos actitudes cada vez más posesivas, lo cual hará que la persona se aleje aún más.

De hecho, psicólogos de la Universidad de Cassino advierten que “las personas dependientes emocionalmente son más propensas a desarrollar comportamientos controladores, restrictivos y agresivos que limitan la autonomía de su pareja”. Intentan mantener “atado” al otro para proteger su identidad, valía y funcionamiento afectivo, como confirmaron psicólogos de la Deakin University, quienes también concluyeron que la “dependencia emocional es el precursor de la violencia en una relación”.

Sin embargo, en otros casos la persona dependiente puede asumir una actitud sumisa y sacrificar su identidad para no perder el afecto y la aprobación del otro. Debido a su adicción a las relaciones y la validación que obtiene de ellas, esa persona puede estar dispuesta a sacrificar mucho de sí para seguir recibiendo la “dosis de validación y afecto” que necesita para sobrevivir emocionalmente.

Los signos de dependencia emocional en una relación

Las relaciones dependientes nos condenan a una montaña rusa emocional. [Foto: Getty]

1.    Necesitamos recibir muestras de afecto constantes

El sentimiento de inseguridad y desconfianza que arrastramos harán que necesitemos que los demás nos confirmen y expresen constantemente su afecto. El problema es que, al igual que ocurre en las adicciones, nuestra necesidad de recibir muestras de afecto será cada vez mayor. No nos damos por satisfechos y exigimos cada vez más, hasta el punto de llegar a arrebatarle el oxígeno psicológico al otro.

2.    Intentamos monopolizar la atención - y la vida - de la otra persona

Mientras recibimos el afecto, la atención y la validación que necesitamos todo marcha sobre ruedas, pero si ese flujo disminuye o se detiene, nos sentimos perdidos e intentamos controlar la vida del otro. Creemos que como nuestra vida órbita en torno a esa persona, es “justo” que nos convirtamos en el centro de su vida. Por tanto, si nos descubrimos queriendo monopolizar el tiempo y la atención de alguien o pensando que nos pertenece, es probable que hayamos desarrollado una relación tóxica de dependencia emocional.

3.    Nuestra autoestima depende de las personas a las que intentamos complacer

Si no nos valoramos ni amamos lo suficiente, sino que necesitamos a alguien que valide nuestra propia existencia, terminaremos viviendo en una montaña rusa emocional. Nuestro estado de ánimo y autoestima fluctuarán constantemente al ritmo de la validación que recibimos de los demás. Por supuesto, es normal que deseemos ser aceptados y amados – el rechazo social duele, literalmente – pero si un día creemos que valemos más porque nos han elogiado y al día siguiente creemos que valemos menos porque nos han criticado, tendremos un grave problema de dependencia emocional.

4.    Nos fundimos con los otros hasta autoanularnos

Cuando nos volcamos completamente en esa otra persona - porque necesitamos su validación y afecto ya que no tenemos un sentido sólido de nosotros mismos - tarde o temprano terminaremos anulándonos como individuos. Nos preocuparemos mucho más por agradar al otro y conseguir su aprobación que por hacer lo que nos gusta o decir lo que pensamos, hasta el punto que nuestra identidad comienza a difuminarse para fundirse con la de la persona que hemos puesto en el pedestal.

5.    El miedo a la soledad genera una profunda ansiedad de separación

Si necesitamos a alguien cerca para sentirnos equilibrados y seguros emocionalmente, terminaremos desarrollando un profundo miedo a la soledad porque no sabemos estar a solas con nosotros mismos. La perspectiva de que esa persona tenga que separarse de nuestro lado – aunque sea solo por unos días – nos genera una gran ansiedad, como le sucede a los niños pequeños cuando no están con sus padres, por lo que no es probable que inventemos excusas para evitar esa separación.

Libertad emocional: ¿Cómo cortar los lazos de la dependencia?

Para lograr la independencia emocional necesitamos convertimos en la persona que estamos buscando. [Foto: Getty]

Si dependemos demasiado de alguien, hasta el punto que creemos que no podemos vivir sin esa persona, necesitamos cambiar la dinámica de la relación y comenzar a darnos lo que buscamos en esa persona. En lugar de buscar amor, debemos darnos amor. En lugar de pedir aceptación, simplemente debemos aceptarnos.

Solo cuando nos convertimos en la persona que estamos buscando, dejaremos de necesitar y comenzaremos a amar de forma madura. En ese momento podremos amar a la persona que se encuentra a nuestro lado por lo que es, no por lo que hace por nosotros.

Para lograrlo, es probable que primero necesitemos prestar más atención al “niño” emocionalmente inestable e inseguro que habita en nuestro interior. Quizá necesitemos hacer las paces con un pasado de abandono o negligencia emocional para liberarnos de su influjo y poder comprender, finalmente, que somos responsables de nuestros sentimientos, pero no somos nuestros sentimientos. Somos mucho más. Y no necesitamos que nadie lo valide.

 

Más historias que te pueden interesar

El amor verdadero no se encuentra, se construye

El costo de preocuparnos por los demás sin ocuparnos de nosotros mismos

Frialdad emocional: Cercanías que crean distancias