¿Sientes nostalgia? Aprende a sacarle provecho en vez de quedarte atrapado en sus redes

La nostalgia puede ser beneficiosa o puede sumirnos en el agujero negro de la insatisfacción. [Foto: Getty]

Esa canción especial que evoca tan buenos recuerdos del pasado…

Ese aroma particular que te transporta inmediatamente a otro lugar…

El encuentro con un viejo amigo que te hace revivir otra etapa de tu vida…

Tu película favorita de la infancia…

La nostalgia llama a nuestra puerta de diferentes maneras, pero siempre evoca ese sentimiento agridulce por lo que fue y ya no es. La nostalgia, un término que en el siglo XVII el médico suizo Johannes Hofer acuñara para describir una enfermedad exclusiva de los soldados que luchaban lejos de casa, hoy se ha despojado de ese halo negativo y hemos comenzado a atisbar sus beneficios. Pero debemos asegurarnos de no quedarnos atrapados en sus redes, añorando un pasado que no volverá.

¿Por qué sentimos nostalgia?

“La nostalgia hacia el pasado no es más que el reconocimiento de las carencias de nuestra vida actual” - Nicholas Wells [Foto: Getty]

La nostalgia refleja un anhelo por el pasado, por lo que genera una mezcla de emociones positivas y negativas. Por una parte, implica la tristeza y melancolía por la pérdida y, por otra, la gratitud y alegría al recordar los buenos momentos vividos.

La nostalgia suele activarse a partir de las interacciones sociales, como cuando nos encontramos con un viejo amigo o una ex pareja. También se activa con estímulos sensoriales como los aromas y la música, o mediante objetos como una fotografía antigua o un juguete de nuestra infancia. Sin embargo, el psicólogo Clay Routledge, de la Universidad Estatal de Dakota del Norte, descubrió que los estados de ánimo negativo fueron los principales disparadores de la nostalgia, en especial la soledad. 

Sus hallazgos sugieren que la nostalgia es una estrategia a la que recurrimos de manera natural cuando percibimos una amenaza psicológica, nuestro sentido de la vida se ve comprometido o nuestros sentimientos de conexión social se debilitan.

De hecho, la nostalgia es una respuesta común ante situaciones de cambio. Cuando nos mudamos a una ciudad diferente, por ejemplo, es normal que sintamos nostalgia por la ciudad anterior. Ese sentimiento es una fuerza estabilizadora que favorece la continuidad, como si de un hilo conductor se tratara, nos permite ir enhebrando nuestros recuerdos para incorporarlos en nuestra historia vital e identidad.

En práctica, la nostalgia nos ayuda a sobrellevar el cambio reconduciéndonos a lo que nos resulta familiar. Nos ayuda a encontrar la fuerza que necesitamos en los anclajes del pasado, por lo que es una valiosa herramienta psicológica para conjurar un presente con tintes amenazantes.

Un estudio realizado en la Universidad de Southampton reveló que la nostalgia también hace que seamos más optimistas sobre nuestro futuro, fomenta las relaciones sociales y fortalece nuestra autoestima, lo cual no es extraño si tenemos en cuenta que normalmente los recuerdos que generan nostalgia se refieren a eventos vitales significativos y felices.

Sin embargo, la nostalgia también tiene un lado más oscuro. Una investigación llevada a cabo en la Universidad de Bath reveló que para “las personas que se preocupan mucho, la nostalgia no es una experiencia nutritiva […] ya que muestran más signos de ansiedad y depresión”. En esos casos, la nostalgia conduce al estrés y la rumiación

Evocar las experiencias pasadas no tiene nada de malo e incluso puede ser provechoso, pero si nos quedamos estancados en ellas, pensando que el futuro no podrá ser mejor, comparando constantemente el pasado con un presente que se nos antoja decepcionante o remordidos por la culpa, la nostalgia se convierte en una espada de Damocles que pende sobre nuestra cabeza, impidiéndonos disfrutar de lo que el presente nos ofrece.

¿Cómo usar la nostalgia a tu favor? Mira al pasado con gratitud

“La nostalgia, como siempre, ha borrado los malos recuerdos y magnificado los buenos” - Gabriel García Márquez [Foto: Getty]

Svetlana Boym diferenció dos tipos de nostalgia, según la que experimentemos nuestros recuerdos pueden evocar alegría o generar una profunda tristeza e insatisfacción. Una nostalgia puede darnos la fuerza que necesitamos y otra puede sumirnos en el agujero negro de la insatisfacción.

La nostalgia restauradora está motivada por el deseo de revivir aquellos momentos especiales porque la realidad nos resulta decepcionante y aún no hemos aceptado que esas cosas han quedado atrás definitivamente. Es el tipo de nostalgia que nos mantiene atados al pasado reproduciendo viejos hábitos que no son adaptativos.

Este tipo de nostalgia suele originarse en el pensamiento de que todo tiempo pasado fue mejor. El problema es que si nos dedicamos a comparar el éxito o la felicidad pasada con el éxito o la felicidad actual usando una balanza trucada porque vemos el pasado a través de unas gafas de color rosa, corremos el riesgo de que nada en el presente o el futuro pueda equipararse, lo cual nos arrebatará la posibilidad de disfrutar el aquí y ahora. Como escribiera Doug Larson: “la nostalgia es un archivo que remueve las asperezas de los buenos viejos tiempos”.

Los beneficios de la nostalgia se esfuman cuando nos centramos en las cosas equivocadas. Cuando recordamos a una persona significativa que ya no está, podemos centrarnos en su ausencia, lo cual desencadenará emociones dolorosas, o podemos sentirnos agradecidos por los momentos compartidos juntos.

De hecho, también existe la nostalgia reflexiva, que implica la aceptación del pasado, de manera que podemos asumir la distancia emocional necesaria para saborear esas vivencias y convertirlas en una fuente de empoderamiento. Esa nostalgia no compara lo que fue con lo que es, sino que nos ayuda a comprender que las experiencias pasadas, por muy estupendas que hayan sido, nos han conducido hasta donde estamos y nos han permitido ser quienes somos.

La clave para aprovechar los beneficios de la nostalgia radica, por tanto, en la gratitud. Se trata de mirar atrás, no para añorar que esos tiempos vuelvan o recrear una mala copia de los mismos, sino sintiéndonos agradecidos y afortunados por todo lo que hemos vivido. Después de todo, no podemos recibir a nuestro futuro con los brazos abiertos si estamos abrazando tercamente el pasado.