La sidrería de toda la vida en donde se pueden tomar los mejores vinos de España

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A principios de los años 90, el barrio de El Llano de Gijón (Asturias) era una contradicción en sí mismo: el último gran poblado chabolista de la ciudad, La Cábila, vivía sus últimos días, previos a su desmantelamiento. Al mismo tiempo, a apenas cien metros, se levantaba un novedoso centro comercial con hipermercado, tiendas y salas multicine. En esa época, la sidrería Las Rías Bajas, ya estaba allí, con su apariencia de restaurante popular de barrio, una casa de comidas que cuenta con un nutrido grupo de parroquianos fieles a la esencia del negocio.

La sidrería
Las Rías Bajas esconde en su interior un 'wine bar'. Foto: Javier Sánchez

Hoy, más de tres décadas después, El Llano es un barrio totalmente renovado. Y Las Rías Bajas, como elemento que ha sido testigo de esa evolución, también ha cambiado. En su caso, el salto ha sido enorme. Felipe Ferreiro, nacido en 1977 y que tenía 9 años cuando sus padres abrieron el restaurante, ha convertido aquel restaurante humilde en uno de los mejores 'wine bars' de España, pero sin perder la esencia del negocio familiar.

Una visita en viernes noche no deja lugar a dudas: mientras un 'paisano' toma una botella de sidra con una ración de pulpo, un animado grupo formado por varias parejas prueba varios vinos por copa en la barra. Los hay de distintas denominaciones de origen de España, desde Rioja hasta Jerez, pero también champanes franceses o 'barolos' italianos. Es Ferreiro el encargado de abrir botellas y servir copas, dando la información de cada una de las referencias con precisión y rigor, pero sin abrumar. "Esto es parte del encanto de Las Rías Bajas, que convivan estas dos realidades", comenta Ferreiro, que comenzó a llevar el negocio familiar en 2005, tras la jubilación de su padre, teniendo claro que quería que aquel local tradicional evolucionara "hacia algo completamente diferente". Dos años después hizo su primer curso de sumillería y se enamoró del vino, comenzando un camino que le ha llevado a obtener certificaciones tan prestigiosas como el WSET3 inglés, un referente en el mundo enológico.

La sidrería
La selección de vinos de Las Rías Bajas es abrumadora. Foto: Javier Sánchez

Actualmente, en Las Rías Bajas (o Las Rías, como figura en las camisetas de Ferreiro y del resto del equipo) disponen de "una oferta diaria de 30 vinos por copas, sin contar vinos generosos, en los que puede haber otras 20 botellas abiertas. En espumosos, aunque es más complicado, siempre tengo cosas para ofrecer durante el fin de semana, desde cava a 'champagne', pasando por sidra", explica el propietario de este negocio insólito. "Siempre tuve en la cabeza la idea de poner vinos por copas. Tenía claro que quería disponer de mucha variedad, porque ese era el déficit que había en el mercado. Esto es lo más complicado, en mi opinión".

Lo que permite una oferta tan amplia de vinos por copas es que los clientes prueben y prueben, aunque esto no fue tan fácil al principio. "Empezamos con vinos más modestos, vas creando un público que, poco a poco, confía en ti. Ahora estamos vendiendo vinos carísimos y tengo clientes que han probado conmigo más de 5.000 vinos. Hay personas que vinieron a mí con un perfil muy determinado y unas preferencias más concretas y ahora tienen un rango enorme", cuenta Ferreiro.

Cuatro referencias de alto nivel elegidas por Felipe Ferreiro. Foto: Javier Sánchez
Cuatro referencias de alto nivel elegidas por Felipe Ferreiro. Foto: Javier Sánchez

Las copas de vino en Las Rías Bajas oscilan entre los 4 y los 12 euros, en el caso de los champanes. "A partir de 4 euros ya comienzas a beber referencias de mucha calidad. Pasando la frontera de los 6 euros ya tienes copas de cosas muy chulas. Es cierto que los 10 euros son una barrera psicológica pero el que quiere probar ya cosas muy especiales la supera". El perfil de cliente es muy variado, desde el ocasional hasta el que viene "tres veces por semana a probar dos copas cada día sin repetir referencia nunca". También está el que ha obtenido un nivel de conocimiento muy amplio sobre vino, similar al que yo he conseguido en 12 años pero resumido en el tiempo a base de probar y probar. Esta labor de selección que yo hago, que permite probar cosas muy buenas ya desde un principio, me hubiera venido muy bien a mí mismo, por el ahorro de tiempo y dinero que supone", comenta Ferreiro.

En Las Rías Bajas tienen más de 1.000 botellas aunque "sin tener mucha cantidad de ningún vino en concreto y sí muchas cosas diferentes". No obstante, las distintas referencias se agolpan en las cámaras refrigeradas del local y en un par de bodegas habilitadas, una dedicadas a blancos y una a tintos. "Este tipo de locales siempre van unidos a la locura de una persona", afirma con rotundidad Ferreiro.

Felipe Ferreiro, alma mater del proyecto Las Rías Bajas. Foto: Javier Sánchez
Felipe Ferreiro, alma mater del proyecto Las Rías Bajas. Foto: Javier Sánchez

El camino hacia la excelencia de Las Rías Bajas va aparejado al vino pero en la carta aparecen opciones que van más allá de unos callos tradicionales o un plato de chipirones fritos. Un ejemplo son las monumentales tablas de queso que preparan, en las que se pueden encontrar referencias españolas y foráneas, desde el queso de Jaén Olavidia, el mejor del mundo en los últimos Cheese Awards, hasta delicias llegadas de Francia o de países más recónditos como Lituania. "Con los quesos, mi recomendación es que toméis algún vino blanco", explica Ferreiro a una mesa antes de comenzar una introducción detallada de cada uno de los quesos que pone en la mesa.

Aunque Ferreiro estuvo pensándose en cambiar de local durante una temporada y mudarse al centro de la ciudad, finalmente desestimó la idea. "Fue una buena decisión porque los precios, inevitablemente, tendrían que haber sido superiores y aquí, como el local es nuestro, son más contenidos". ¿Qué es lo que más se vende en Las Rías Bajas? "Blancos con acidez y con más mineralidad. También sucede con los vinos tintos , que cada vez se buscan más frescos. Los generosos también se consumen bastante porque me gusta explicarle a los clientes que con Jerez tienen una enorme oportunidad de probar vinos de nivel mundial a un precio que pueden pagar, algo que no sucede, por ejemplo, con Burdeos o Borgoña". Es en ese momento cuando los ojos se le iluminan a Felipe Ferreiro que es, más que hostelero, un guía perfecto para aquellos que quieren introducirse sin limitaciones en el mundo del vino y que pueden probar, en una misma tarde, un sauvignon blanc de Chile, un dulce francés de Sauternes o un fino en rama de Montilla-Moriles (Córdoba). Todo ello en un bar de toda la vida: como en casa.

La espectacular tabla de quesos de Las Rías Bajas. Foto: Javier Sánchez
La espectacular tabla de quesos de Las Rías Bajas. Foto: Javier Sánchez

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