Si 'Tierra amarga' triunfa a pesar del machismo y estereotipos es claramente por un detalle

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Por Miguel Ángel Pizarro.- Las telenovelas turcas han comenzado a mostrar síntomas de desgaste en la televisión española. Hace unos meses, Antena 3 lograba arrasar en audiencia con la emisión de producciones como Madre o Mi hija, eso sin nombrar el éxito de Mujer, la primera serie otomana que se emitió en el prime time de la cadena principal, marcando una nueva pauta en lo relacionado a la emisión de este tipo de producto, que anteriormente estaba reducido a su retransmisión en el canal temático Nova.

Los datos actuales de Infiel e Inocentes, las dos series turcas que Antena 3 mantiene en prime time, no están siendo tan buenos como en el inicio del fenómeno. Por ejemplo, la primera marcó el pasado 5 de junio un dato de 1.604.000 millones de espectadores y un 13,2 % de cuota de share, dejándose 1,5 puntos de media de audiencia y perdiendo a 116.000 espectadores; mientras que la segunda fue líder de su franja el pasado 6 de junio sí, pero con discreto dato del 11,8% de share y una media de 954.000 espectadores, lo que provoca que no consiga remontar y superar la barrera psicológica del millón de espectadores.

Sin embargo, sigue habiendo una excepción a este declive evidente. Hablo de Tierra amarga, una telenovela que sigue manteniendo el tipo, al lograr estar entre las 10 producciones más vistas del día y seguir reinando en la franja de sobremesa y tarde frente a Sálvame.

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Una clara diferencia respecto a las mencionadas Infiel e Inocentes que apoya su éxito constante, es que su emisión está siendo diaria y en horario de sobremesa, sirviendo de contrapunto del otro serial de Antena 3 que mantiene buenos datos de audiencia en su franja, Amar es para siempre. Sin embargo, no podemos quedarnos indiferentes ante un hecho tan claro como es la pérdida de tirón que las telenovelas turcas están evidenciando en base a los datos de audiencia. Podemos explicar todos los posibles motivos para ello, como una sobreexplotación por parte de Atresmedia o Mediaset por el producto a una toma de conciencia del espectador en lo referente al claro tono machista, patriarcal y tóxico de sus tramas.

Sin embargo, todas esas explicaciones o teorías se vienen abajo con Tierra amarga, la cual mantiene una fidelidad pasmosa entre el público, especialmente por las arriesgadas decisiones que tuvieron que tomarse alrededor de la serie en su Turquía natal. Los rumores de problemas y conflictos entre el reparto durante el rodaje de la ficción surgieron tras la salida en masa de varios actores principales, como Uğur Güneş o Vahide Perçin, ambos miembros del elenco principal (no hay que olvidar que Yilmaz era el galán principal de la novela).

El hecho de que, de repente, comenzásemos a ver que Tierra amarga iba eliminando a sus personas con una muerte tras otra podría haber provocado una auténtica bajada de audiencias -algo que ya pasó en su Turquía natal, donde la ficción fue cancelada y su cuarta temporada será la que tenga que cerrar todas las tramas-. Sin embargo, ahí la vemos, aguantando estoicamente gracias a un público fiel que provoca que nos preguntemos cuál la diferencia que hace que Tierra amarga sea la excepción en el desgaste de series turcas. Sobre todo cuando hablamos de telenovelas que decaen en tópicos machistas y estereotipos clasistas que hoy en día no pasan desapercibido ante ningún televidente.

Fue precisamente mientras evaluaba y analizaba este éxito que llegué a una conclusión evidente: que Tierra amarga es una producción de época, lo que deriva en varias vertientes que explican su éxito.

Es decir, el que esté situada en la década de los 70 provoca que los defectos habituales de las producciones turcas; las cuales han sido acusadas de tener mensajes machistas y clasistas, así como de fomentar la violencia, las relaciones tóxicas y la creación de estereotipos patriarcales, se escabullan mejor en una historia que no deja de ser reflejo de otro momento histórico.

Es bien sabido por los seguidores de la telenovela que Tierra amarga no estuvo exenta de polémica. Desde el inicio de su emisión han sido varios los espectadores que se han quejado del machismo imperante en la historia, en la que se romantizan los celos y la dependencia emocional. Los casos más evidentes son los de sus protagonistas masculinos, tanto el fallecido Yilmaz como Demir, interpretado por Murat Ünalmış, son dos hombres que no tienen reparos en utilizar la violencia sobre esas mujeres que dicen amar, así como tampoco tienen remilgos a la hora de manipularlas.

Por ejemplo, ya en el primer episodio, nos quedábamos perplejos cuando el jefe de Yilmaz le recomendaba al joven que era imprescindible pedirle la mano de Züleyha (Hilal Altınbilek) al hermano pendenciero y borracho de la muchacha porque era el hombre de la casa y que, si este se negaba, “siempre podría raptarla”. Desafortunadamente, ha habido varias premisas como esa a lo largo de sus diferentes temporadas.

Por ejemplo, hemos podido ver cómo Demir, por todo ese amor desmedido que siente hacia Züleyha, obligó a que la joven, que se casó con él (o sea, lo eligió a él, pese a todo), estuviera vigilada constantemente por Seher (Ebru Ünlü), para impedir “que cometa una locura” y que solo le devolvería a su hijo cuando Yilmaz se case con otra mujer. Hombre extremadamente violento, su reacción cuando supo que Züleyha estaba de nuevo embarazada y que había probabilidades de que él no fuera el padre eran dignas de una queja por emitir contenido no solo violento, sino tremendamente peligroso.

A ello se le suma que los personajes femeninos son mujeres corroídas por los celos, como en el caso de Müjgan (Melike Ipek Yalova), quien llegó a provocar escenas de auténtico estrés cuando veía a Yilmaz hablando con Züleyha. Por otro lado, sorprende cómo tanto amor tóxico se borra de un plumazo ante la muerte de un personaje y cómo el amado o la amada rehace su vida con una facilidad pasmosa.

Sin embargo, esas dosis de violencia -en los últimos episodios, por ejemplo, se ha legitimado que Demir se tomase la justicia por su mano ante la muerte de su madre, Hünkar Yaman, al estrangular casi hasta la muerte a Behice- llevan tiempo generando grandes críticas entre el público, aunque el éxito continua. ¿El motivo? Pues eso que les comentaba, que la ficción esté situada en los 70 permite que ciertas situaciones no se vean de forma más natural, pero sí permiten una contextualización que provoca que el público termine tolerando ciertos comportamientos “por ser de otra época”.

Al igual que series más ambiciosas y reconocidas como Mad Men o la misma Juego de Tronos justificaron escenarios machistas (incluso secuencias de violaciones) por ser producciones ambientadas en otros momentos históricos; algo muy similar vemos en Tierra amarga. A ello, además, se le suma el hecho de que al público de sobremesa le suelen atraer historias situadas en el pasado, como vemos con el caso de Amar es para siempre o como les sucedieron a las extintas El secreto de Puente Viejo, Acacias 38 o Seis hermanas, producciones españolas que triunfaron por ser, precisamente, de época.

En resumen, el público termina dejando pasar situaciones machistas, clasistas o violentas cuando la trama está ambientada en épocas pasadas, mientras el toque añejo, de época o épico suele funcionar con creces entre los televidentes españoles amantes de las telenovelas o series dramáticas. Esos dos factores podrían explicar que, de momento, Tierra amarga siga consolidándose como la telenovela turca más seguida de Antena 3 y España.

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