Si quieres sentirte mejor, no intentes ser feliz, sé auténtico

Jennifer Delgado
·6 min de lectura
“La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más” - Sören Kierkegaard [Foto: Getty Images]
“La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más” - Sören Kierkegaard [Foto: Getty Images]

De Séneca a Aristóteles, la felicidad fue un tema recurrente en la filosofía clásica. Siglos después seguimos persiguiendo el Santo Grial de la felicidad. Sin embargo, obsesionarnos con ser felices puede ser contraproducente y conducirnos a la infelicidad.

Se supone que cuanto más valoremos la felicidad, más resultados positivos alcanzaremos y más felices seremos. Sin embargo, esta idea tiene algunos puntos débiles, como demostró un estudio realizado en la Universidad de Denver.

Estos psicólogos preguntaron a las personas cuánto valoraban la felicidad y cuánto se esforzaban por ser felices. Tras 18 meses de seguimiento, descubrieron que quienes se esforzaban más por ser felices reportaron un 50% menos de emociones positivas, un 35% menos de satisfacción con la vida y un 75% más de síntomas depresivos que las personas que tenían otras prioridades.

Ese efecto contradictorio se apreciaba tanto en las situaciones estresantes de la vida cotidiana como en aquellas alegres. En práctica, las personas que se enfocaban demasiado en la felicidad parecían disfrutar menos de los pequeños placeres de la vida, era como si se sintieran decepcionadas de su nivel de felicidad.

Cuando valoramos mucho algo, aumentan las probabilidades de que nos sintamos contrariados y frustrados si nuestras elevadas expectativas no se cumplen. Obsesionarnos con la felicidad activa un mecanismo de autoobservación constante. Nos monitorizamos en busca de las señales de alegría y satisfacción. Cuando no las encontramos o no son tan intensas como esperábamos, nos sentimos inmediatamente más desgraciados.

Estos investigadores concluyen que “intentar maximizar la felicidad puede ser contraproducente”. En su lugar, debemos seguir el consejo del filósofo Henry David Thoreau cuando escribió: “La felicidad es como una mariposa, cuanto más la persigues, más te eludirá. Pero si vuelves tu atención a otras cosas, vendrá y suavemente se posará en tu hombro”.

La autenticidad como camino hacia la felicidad

“El hombre que hace que todo lo que lleve a la felicidad dependa de él mismo, no de los demás, ha adoptado el mejor plan para vivir feliz” - Platón [Foto: Getty Images]
“El hombre que hace que todo lo que lleve a la felicidad dependa de él mismo, no de los demás, ha adoptado el mejor plan para vivir feliz” - Platón [Foto: Getty Images]

Entonces, ¿qué puede hacernos felices? La respuesta llega de la mano de otro estudio, esta vez llevado a cabo en la Universidad de Bamberg. Estos psicólogos comprobaron que la autenticidad nos brinda un profundo sentido en la vida que puede conducirnos a la felicidad y el bienestar.

Esa autenticidad no surge del contraste entre el individuo y otras personas - no somos más auténticos en la medida en que seamos más diferentes del resto - sino que nace de una profunda conexión con nuestro “yo”. La autenticidad no se busca fuera sino dentro, es el encuentro y la aceptación de nuestra unicidad.

¿Por qué ser auténticos puede hacer que seamos más felices?

Cuando somos auténticos terminamos siguiendo a nuestro corazón. Tendremos más probabilidades de encontrar nuestro camino en la vida, sea cual sea. En ese camino podremos explorar nuestros intereses y encontraremos la motivación intrínseca que nos mantendrá enfocados en nuestras metas.

Cuando esas metas están alineadas con nuestro “yo” auténtico, nos sentiremos identificados con ellas y con los pasos que debemos dar para alcanzarlas, por lo que todo resultará más natural. Al disfrutar de lo que hacemos entraremos en un estado de flujo, de manera que viviremos experiencias más gratificantes y significativas.

A la larga, seguir nuestras pasiones nos conducirá a desarrollar una mayor percepción de autoeficacia; o sea, sentiremos que somos capaces de lograr lo que realmente cuenta para nosotros. Eso genera una sensación de empoderamiento y de satisfacción con la vida.

La autenticidad también es clave en el plano de las relaciones interpersonales. Cuando sabemos quiénes somos y qué queremos buscaremos relaciones que nos nutran y nos alejaremos de personas tóxicas que nos hagan sentir mal. De esa autenticidad emanan relaciones más profundas y significativas. Los demás nos aprecian y valoran por lo que realmente somos, en vez de relacionarnos desde roles preconfigurados socialmente.

Los 3 pasos imprescindibles para ser más auténticos

“Los únicos felices son quienes tienen sus mentes fijas en algún objeto que no sea su propia felicidad” - John Stuart Mill [Foto: Getty Images]
“Los únicos felices son quienes tienen sus mentes fijas en algún objeto que no sea su propia felicidad” - John Stuart Mill [Foto: Getty Images]

Cambiar constantemente para intentar encajar en el mundo de los demás no solo es agotador, sino que también puede ser dañino. Cuando solo miramos hacia afuera preguntándonos qué quieren los otros, resulta muy difícil conectar con nuestras emociones y determinar lo que es importante para nosotros. Si no conectamos con nuestro “yo” terminaremos persiguiendo un ideal de felicidad ajeno que nos condena a un bucle de insatisfacción permanente. ¿Cómo recuperar esa conexión con nosotros mismos?

1. Encontrar nuestros “puntos de conexión”. Cuando estamos demasiado imbuidos en los roles sociales que desempeñamos a diario, preguntarnos qué nos hace felices puede ser engañoso. Quizá solo encontremos respuestas estereotipadas, de manera que terminemos buscando la felicidad en lo que se supone que debe hacernos felices, no en lo que realmente nos satisface y llena.

Por eso, no debemos preguntarnos qué nos hace felices, sino que nos hace sentir conectados con nosotros mismos. Se trata de encontrar esas pequeñas y grandes cosas que nos brindan alegría y un propósito a nuestra vida para hacerles cada vez más espacio en nuestra agenda. Así, cuando algo no nos haga sentir bien o no esté en sintonía con nuestros valores podremos decirle “no” sin culpas ni remordimientos.

2. Expresar nuestras emociones e ideas de manera asertiva. La autenticidad no es un proceso volcado meramente al interior, debe reflejarse en lo que hacemos. Si sabemos quiénes somos y qué queremos, pero no podemos expresarlo, nos sentiremos atrapados y frustrados. Diferentes estudios han demostrado que las personas que realizan trabajos en los que deben fingir la sonrisa y mostrarse permanentemente de buen humor tienen un peor estado de ánimo cuando llegan a casa y se sienten más irritables, agotados, estresados, enfadados, tristes y/o alienados.

Si queremos ser auténticos y coherentes, necesitamos buscar vías asertivas para expresar lo que sentimos y pensamos, sin herir a los demás, pero sin permitir que los otros borren nuestra identidad. En ocasiones, eso puede implicar buscar nuevos espacios que nos permitan expresarnos como somos. Por desgracia, existen escenario sociales, grupales y familiares demasiado rígidos que no permiten la libre expresión de sus miembros. En esos casos, quizá tengamos que plantearnos movernos a otros contextos que nos permitan ser nosotros mismos.

3. Elegir metas en consonancia con lo que realmente valoramos. En un mundo que nos obliga a cambiar constantemente de roles pasando de padres a hijos, de pareja a amigos o compañeros de trabajo, es difícil recordar quiénes somos. Sin embargo, la capacidad para no dejarnos influenciar por las fuerzas sociales externas, sustentada en un conocimiento profundo de uno mismo, es una de las claves de la felicidad, según un estudio de la Universidad de Sakarya.

Eso significa que debemos replantearnos nuestras metas desde la honestidad para elegir aquellas que realmente estén en sintonía con lo que somos. De hecho, Sonja Lyubomirsky demostró que las “metas auténticas” son un requisito esencial para mantener un nivel de felicidad estable a lo largo del tiempo. Por tanto, debemos buscar aquellas metas que nos hagan sentir bien y motivados, generen una sensación de autonomía y empoderamiento y están en consonancia con la vida que queremos construir y la persona que deseamos ser. Si no encontramos esas metas, por mucho éxito que tengamos, siempre arrastraremos una sensación de vacío.

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