Si el bizcocho no te queda bien, quizás sea porque haces esto mal

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La repostería tiene sus propias leyes, que a veces desafían las de la física. Por muchos tutoriales o recetas que hayas consultado, las probabilidades de que el bizcocho que vas a elaborar sea un desastre son muchas. Tienes en mente aquellos bizcochones gigantescos y levados de tu infancia y te preguntas por qué tu horno escupe una masa amorfa y plana. Quizás sea porque te lías en estos siete puntos clave.

Si el bizcocho no te queda bien, quizá se deba a esto. Foto: Ulleo/Pixabay
Si el bizcocho no te queda bien, quizá se deba a esto. Foto: Ulleo/Pixabay

La levadura. No todos los bizcochos requieren la misma levadura, pero quedarse corto equivale a flirtear con el desastre. Hay que tener en cuenta que es la fuerza que tirará hacia arriba de nuestro bizcocho logrando que quede esponjoso y aireado. En el otro lado, tienes la fuerza oscura de los huevos, la harina o la mantequilla tirando para abajo. Si no añades suficiente levadura es más que probable que el bizcocho no suba y te encuentres con un pequeño drama en la cocina.

El molde. Vamos a intentar resumir todo lo que hay que hacer con el molde: en primer lugar, debe guardar proporción respecto a la masa que le vamos a meter dentro. Lo segundo que hay que tener en cuenta es que, o es fácilmente desmoldable, o requerirá de una película grasa -un poco de mantequilla o aceite extendido- para que luego podamos sacar nuestro bizcocho sin que se desmorone en plan desastre total.

La harina. Siempre oímos la misma recomendación, la de que la tamicemos con ayuda de un colador o un chino, y siempre la desoímos. La verdad es que es un consejo que tiene como objetivo desestructurarla para evitar que se formen grumos.

Que el bizcocho no se baje es el quid de la cuestión. Foto: Public Domain Pictures.
Que el bizcocho no se baje es el quid de la cuestión. Foto: Public Domain Pictures.

El calor. El horno siempre debe estar precalentado y la temperatura ideal debe oscilar entre los 180 y los 200 grados con calor por arriba y por abajo. Meterle más cañita puede desembocar en que el bizcocho que nos comamos sea de ceniza y no de chocolate. Quedarse corto puede provocar que el bizcocho nunca se termine y que, efectivamente, acabe quedando crudo por dentro y demasiado moreno por fuera.

La bandeja. O mejor dicho la rejilla, porque no es buena idea colocar el bizcocho sobre una bandeja que va a impedir que el calor penetre en la base. Respecto a la altura, ponerlo a medio camino es siempre la mejor opción.

Revisarlo. Siempre desde fuera y valiéndote de la luz del horno. Ten en cuenta que abrir la puerta cuando está en plena cocción para comprobar con un cuchillo si ya está hecho puede ser un riesgo que tumbe lo que iba a ser un bizcocho perfecto y que pasa a tener la forma de un bollo arrugado. Esto es, en definitiva, clave para evitar el temido “bajón bizcochero”.

El tiempo. No hace falta ser meteorólogo para darse cuenta de la temperatura que hay en tu cocina. Si estás en pleno invierno y en casa hace fresquete, quizá convendría dejar un poco el bizcocho en el interior del horno para evitar el choque de temperaturas que también tiene la odiosa capacidad de hacer que se todo se venga abajo.

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