'Showgirls' cumple 25 años y nadie me convence de que es una película de culto

Valeria Martínez
·7 min de lectura

Hace 25 años se estrenaba una película que terminó viviendo una relación de amor y odio con el público y la industria como ninguna otra. Showgirls aterrizaba en salas recibiendo un aluvión de críticas desastrosas y una taquilla tan baja que apenas pudo recuperar parte de su presupuesto. A pesar del fracaso, el thriller erótico de Paul Verhoeven fue ganando un lugar de la historia del cine con el paso del tiempo. La hayas visto hace un cuarto de siglo o más recientemente, todavía es capaz de no dejarte indiferente. La ridiculez de sus diálogos, sus estrambóticos personajes y una trama vista decenas de veces la tacharon como una de las peores películas de su época.

Pero contra todo pronóstico, la historia de una bailarina exótica llamada Nomi que llega a Las Vegas a cumplir su sueño cueste lo que cueste se fue convirtiendo en clásico de culto con el paso del tiempo y nunca estuve de acuerdo con dicha calificación. Incomprendida, sí. Película de culto, no.

United Artists - © Metro Goldwyn Mayer
United Artists - © Metro Goldwyn Mayer

Creo que si vamos a calificar a Showgirls de clásico, debería ser de “cine trash” debido a la explotación que hace de su temática más superficial, el cuerpo desnudo de Elizabeth Berkley y la suciedad humana que representa su trama dentro de un escenario como Las Vegas, para esconder una sátira social que pocos fueron capaces de reconocer.

Veamos. Una película se puede definir por la reputación que le dé el público según la percepción generalizada. Por ejemplo, ¿crees que Sexto sentido es terror, drama o thriller psicológico? ¿Independence Day es comedia, ciencia ficción o acción? Según como la haya percibido el público se le puede dar una definición u otra. Esa percepción puede ir cambiando con el paso del tiempo a medida que una película va ganando peso en la historia del cine y en la memoria colectiva del mundo. Pasó con Blade Runner, destrozada por la crítica en su estreno en 1982 pero convertida en uno de los clásicos más influyentes de la ciencia ficción. Sin embargo, el caso de Showgirls es un pelín más rebuscado.

Calificar Showgirls dentro del cine de explotación es mucho más acertado que calificarla de película de culto. El primer término se refiere a películas que abordan temas de interés lascivo basando su atractivo en tramas moralmente inaceptables o escandalosas (el comportamiento sexual, erotismo, violencia, drogas, etc. Fuente: Wikipedia). Incluso la incluiría dentro del subgénero de “sexploitation” que se refiere específicamente a argumentos sencillos o absurdos opacados por escenas eróticas. Pero vamos a dejarlo ahí antes que los fans se me tiren al cuello. Por su parte, una película de culto suele referirse a producciones que adquirieron un status de culto popular ya sea porque el público la fue aceptando hasta igualar el aplauso de la crítica o viceversa, o fue ganando respeto y admiración a pesar de ser destrozada en su lanzamiento original. Y en el caso de Showgirls, no aplica como se viene diciendo. Esto fue lo que vivió Dune, El resplandor o La montaña sagrada. El aplauso o aceptación de Showgirls lo podemos encontrar de manera aislada. No generalizada. La película sigue dividiendo. No tanto como antes, pero la aceptación no es tan global como creeríamos.

Hace poco volví a verla para descubrir si con la edad, la evolución de la cultura social y el paso del tiempo, la veía con ojos diferentes a mi primera experiencia allá por los 90s. Es cierto que descubrí una película diferente a la que vi con mis ojos post adolescentes. Encontré unas actuaciones que envejecieron peor de lo que recordaba, unas cuantas escenas hechas para la fantasía del ojo puramente masculino (los movimientos contorsionistas de Elizabeth Berkley manteniendo relaciones sexuales con Kyle MacLachlan en la piscina no representan a ninguna mujer en la faz de esta tierra) y un vestuario maravilloso de los más influyentes para el cine camp moderno. Y, en definitiva, encontré una película que enmascara tanto su sátira social en la brillantina que aportan el físico de su protagonista, sus bailes y desnudos, que hay que rascar muy profundo para encontrarla.

Según cuenta la historia, corrían los primeros años 90s. Paul Verhoeven disfrutaba de la libertad de hacer lo que quisiera tras el éxito internacional de Desafío total, RoboCop y sobre todo, Instinto básico, y optó por aprovechar el buen momento que le había aportado el thriller erótico para volver al género junto al mismo guionista, Joe Eszterhas. Lo hizo con un melodrama de bailarinas exóticas trepadoras en la ciudad del pecado y con el tirón que suponía ser la primera película calificada para mayores de 17 años que tendría estreno masivo en EEUU. Dicha calificación era la nueva versión que reemplazaba la vieja definición de cine “x”. La controversia estaba asegurada.

Sin embargo el morbo que debería haber generado su trama y la elección de una protagonista conocida por su imagen juvenil en Salvados por la campana no se tradujo en ganancias, obteniendo malas críticas que la tacharon de “misógina” y un estreno comercial desastroso: recaudó $20 millones en Norte América que, sumados al resto de territorios, hicieron una taquilla total de $37 millones cuando su presupuesto fue de $45 millones. Para que se hagan una idea, Instinto básico había costado $49 millones pero cosechó $352 millones en todo el mundo apenas dos años atrás.

Showgirls recién pudo recuperar lo invertido cuando llegó al home-video y aquellos que tuvieron vergüenza de verla en cines, la devoraron en casa.

Showgirls es una película explosiva. De eso no hay dudas. Hay quien la calificó de tan mala que se ha convertido en placer culposo obligado de muchos cinéfilos. Pero también es un drama erótico absurdo y un thriller previsible, así como una pieza influyente en la estética camp y éxitos modernos como RuPaul. Pero sobre todo es una sátira social que pasó desapercibida en 1995.

Muy por debajo de los bailes bizarros, la violencia sexual y las frases estrambóticas que daban purpurina a una trama de por sí flojilla, había una crítica sobre la explotación de la mujer y la misoginia del capitalismo que define en prostitutas o sexualmente perversas a cualquier fémina que entre en su círculo. Sobre todo en el capitalismo que reside en la industria del entretenimiento, sirviendo como una alegoría a la facilidad de venderse al mejor postor. Verhoeven tenía debilidad por incluir comentarios sociales en sus películas -lo hizo en RoboCop al señalar la brutalidad policial- pero la libertad de incluir tanta sexualidad, desnudez y violencia que le permitía la calificación NC-17 hizo que se pasara de libre y su sátira pasara desapercibida.

La explotación que hizo Verhoeven de los ángulos sexuales y violentos de la trama colocan a la película dentro del “cine trash”, ese género que comentaba al principio que resume películas que más bien parecen desinteresadas en la profundidad de sus historias mientras exprimen al máximo los elementos más polémicos que buscan captar más la atención de los ojos que del cerebro. Quentin Tarantino es uno de sus defensores, quien también la define como “una película de gran presupuesto de cine de explotación”.

Los ojos modernos, sobre todo después del destape de los escándalos sexuales que dieron lugar al movimiento #MeToo, nos permiten ver con más claridad la sátira que pretendía Verhoeven. Podemos ver que no buscaba tomarse aquella trama en serio, sino que jugó con la explotación más extrema del género pero se pasó de la raya y su sátira quedó escondida durante mucho tiempo. Pocos la comprendieron llevando a que Showgirls sea considera una de las peores películas de la historia durante muchísimo tiempo. Es más, si bien el director y el guionista lograron salir airosos gracias a carreras previamente consagradas, Elizabeth Berkley pagó muy caro el riesgo tomado. Tenía tan solo 23 años cuando optó por aceptar el papel que habían rechazado Sharon Stone, Drew Barrymore y Madonna. Creyó que la ayudaría a abrirse camino como actriz adulta, desligándola de la imagen de ídolo juvenil impuesto por Salvados por la campana. Pero el resultado la dejó peor que antes y le llevó mucho esfuerzo volver a donde estaba.

Es por todo esto que, 25 años después, Showgirls no debería definirse como una película de culto. Tampoco en un clásico que haya cambiado el cine o el género. Es una sátira que no supo revelarse a tiempo.

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