Lo que deben saber (y hacer) los padres antes de hablarles de sexo a sus hijos

Berna Iskandar
Colaboradora

Con frecuencia los progenitores me preguntan cómo hablar de sexo a sus hijos e hijas. Existe una idea extendida de que la sexualidad y la educación sexual se reduce a los genitales, las relaciones sexuales, la reproducción o embarazo, el control de natalidad y la prevención de transmisión de enfermedades sexuales. Muy pocas personas relacionan la sexualidad con algo mucho más amplio.

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Nuestra sexualidad comienza cuando somos concebidos. Partimos de dos células sexuales (óvulo y espermatozoide) que se unen y multiplican en miles de millones de células para constituir el cuerpo que tenemos. La sexualidad está presente, se manifiesta y se va desarrollando en todas las facetas de la vida y en todas las edades. No solo a partir de la adolescencia cuando los hijos o hijas comienzan a tener novios o enamoradas…. 

El parto, por ejemplo, es una experiencia sexual. Desde que se produce el contacto placentero del recién nacido con el cuerpo de la madre o cuando se alimenta de su pecho, se tranquiliza con su olor y contacto con su piel, ya estamos frente a experiencias sexuales, no genitales, pero de placer sexual cuyo propósito es el de garantizar el vínculo mamá-bebé y por tanto la supervivencia de la especie. 

Durante la infancia el acceso al cuerpo de la madre brinda seguridad, confort, placer, (cargar a los bebés, contacto amoroso piel con piel, lactancia materna), la construcción de intimidad emocional, de confianza con los hijos a lo largo de la infancia (hacer que se sientan tomados en cuenta, escuchados sin sermonear, humillar, manipular, culpabilizar…), el respeto a las vivencias de exploración y placer de sus cuerpos (validar en lugar de reprimir o de culpabilizar cuando descubren sus genitales y se tocan), el respeto a la integridad de sus cuerpos (golpearlos “para educar” afecta negativamente la vida sexual de tus hijos), la propia relación de los progenitores con su cuerpo, la relación que demuestra la madre con sus fluidos, con la menstruación… Todo esto es educación sexual… el modo en que vas acompañando a tus hijos, transmitiéndoles ejemplo, construyendo el vínculo y el trato con ellos, también los forma sexualmente. Sienta las bases para la relación con el propio cuerpo, las emociones y los vínculos posteriores con la pareja.

La educación sexual también se vincula con el modo en que asumimos culturalmente los roles según sea el sexo (mujer o varón). Qué funciones, conductas, expectativas depositamos sobre una persona por el solo hecho de ser mujer o por ser hombre (para la mujer color rosa, para el varón azul… las niñas a jugar con muñecas, los varones con carritos… las mujeres cocinan, los varones juegan futbol...) 

La manera de encarar todas estas experiencias es parte fundamental de la educación sexual. La educación sexual es un proceso, que seamos conscientes de ello o no, estamos impartiendo desde el nacimiento. 

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Tus propias mitologías, rigorismos y tabúes respecto al sexo, se transmiten y condicionan el acceso de los niños y jóvenes para comunicarte sus inquietudes. Tus hijos e hijas perciben cuando un tema te incomoda o cuando no quieres hablar de ello, con lo cual pudieran no recurrir a ti para despejar inquietudes que surgen de la curiosidad natural en la medida en que descubren nuevas experiencias a lo largo de su desarrollo.

Nuestra actitud como criadores y educadores transmite información sobre la valoración de la sexualidad.  Para una educación sexual sana además de hablar a tu hijo o hija sobre sexo, son fundamentales la intimidad emocional previa, los canales de comunicación construidos a partir de la confianza y del respeto a su integridad y necesidades. También precisas revisar y superar las propias represiones, miedos e inhibiciones en torno a la sexualidad. Es poco lo que se puede hacer en beneficio del despliegue consciente de la salud sexual de los niños y niñas a tu cargo, sin antes revisar los propios prejuicios, mitologías, así como el grado de rigidez y de autoritarismo que has internalizado.

A continuación voy explicar el abordaje recomendado en situaciones frecuentemente planteadas por los progenitores cuando toca hablar sobre sexo a los niños y niñas:  

  • Usa términos fisiológicos correctos desde el principio (óvulo, esperma, pene, vagina)

  • No respondas con mentiras (los bebés nacen en un repollito o los trae la cigüeña)

  • Si no te sientes lista para responder a una pregunta explícale que no sabes pero que vas a investigar y luego le respondes. Es importante cumplir con la promesa.

  • Responde cada pregunta en la medida en que la plantee y sin adelantarte. Si pregunta de dónde vienen los niños, puedes decir de la barriguita de mamá, si luego pregunta cómo se hacen, puedes decir un papá y una mamá se besan, se abrazan se quitan la ropa y el papá pone el pene en la vagina de la mamá, del pene del papá salen muchos espermatozoides, el más rápido y fuerte se encuentra con un óvulo de la mamá y así es como empieza a crecer y a formarse el bebé en la barriga de la mamá. Puedes apoyarte en textos e ilustraciones de libros didácticos dirigidos a cada edad.

  • La curiosidad sobre la diferencia entre los cuerpos según el sexo aparece en torno a los dos o tres años de edad. Cuando surja la pregunta puedes responder que los hombres y las mujeres tienen cuerpos diferentes. “Mamá tiene dos senos o pechos porque las mujeres damos la leche a los bebés, tú no los tienes igual porque eres varón”.

  • Los niños y niñas alrededor de los tres a cuatro años, en algunos casos, descubren que sus genitales producen placer y se tocan para sentirse a gusto. Los progenitores tienden a regañar, reprimir, inhibir. Lo saludable es abordar la situación de un modo natural, respetuoso, sin castigar ni regañar, evitando que el niño o la niña sienta culpa, vergüenza, malestar o sienta que está haciendo algo malo. Si nos preocupa que lo haga en público podemos decirle que sabemos que le gusta tocarse porque le hace sentir bien, pero que es algo que se hace en privado cuando esté en su habitación o en el baño. Puedes recordarle con gentileza que hay cosas, como hurgarse la nariz o eructar, que es mejor a veces, no hacer frente a otros. Recuerda que tu emoción y actitud transmiten información.

  • Aprovecha las oportunidades que traen las experiencias cotidianas para hablar sobre sexo de acuerdo a la edad de cada niño, niña o adolescente (un embarazo en la familia, alguna escena de parejas besándose o acariciándose en la televisión, alguna controversia sobre el aborto en el noticiero) Puedes introducir la conversación con una pregunta: ¿qué te parece la manera en que se trata esta pareja?, ¿qué crees que hacen? y aprovechar para hablarles sobre la cópula o la relación sexual, si el niño o niña ha hecho la pregunta.

  • Aprovecha las oportunidades en las experiencias cotidianas cuando tu hijo o hija se dan cuenta de tu menstruación, para explicarles lo que ocurre con el cuerpo de las mujeres, con naturalidad y usando un lenguaje sencillo y accesible para cada edad. Lamentablemente, en general, la menstruación se juzga como una experiencia sucia, dolorosa y que las mujeres tratamos de esconder o evitar. Háblale a tu hija sobre la menstruación alrededor de los ocho o nueve años. Evita asustarla, cuida los valores que transmites sobre la sexualidad femenina. Si es necesario infórmate sobre ciclicidad femenina.

  • Explora cuánto sabe el niño, niña o adolescente respecto al tema antes de adelantarte con  explicaciones. Pero también considera que no siempre hay que esperar a que pregunten. A veces el hecho de que no pregunten directamente no quiere decir que no amerite hablar del asunto. Sobre todo en estos tiempos de acceso sin supervisión a Internet, donde los niños y niñas quedan mucho más expuestos a la pornografía explícita y cada vez más violenta a diferencia de generaciones anteriores limitadas a acceder a través de alguna revista del hermano mayor o del amigo. Hay que partir del principio de que están pasando muchas cosas por la mente, las emociones y las experiencias de los niños y adolescentes, debido por una lado a que la sexualidad es parte de la vida diaria y además porque hay un gran bombardeo de mensajes sexuales rodeándolos todo el tiempo. Es mejor que seamos los progenitores y adultos responsables de su crianza quienes acompañemos con información oportuna y veraz.

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Berna Iskandar es divulgadora y asesora de crianza alternativa.

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